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Montenegro pone la cara y espera que no le falle el pulso con las cabezas de lista

Escuchar en Mar del Plata que Alberto se “alimenta a bombones” y que eso “lo engorda” sonó a música en los oídos del entorno de Montenegro. Es una contribución más del comando de campaña del intendente municipal, infiltrado en el Frente de Todos. Es paradojal pero en esta campaña, precisamente el papelón y las bajas luces coparon la escena.

Torpe, burdo, inconsistente el kirchnerismo es la principal usina creativa de la lista que encabeza Santilli, y en Mar del Plata adquiere carácter de formidable y excluyente. El andar de Montenegro está directamente vinculada a los furcios, ya que tienen a mano todos los días una réplica del cajón de Herminio Iglesias. No es necesario ocupar cartelería trucha o espacios ajenos en los alrededores del Golf Club, bajo el escudo de la MGP.

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La lista PRO engancha a Rabinovich y Muro, y a pesar de que se trata de una elección legislativa, ser la cara del anti K “garpa” muy bien electoralmente en la Quinta Sección Electoral. La construcción de Montenegro es directamente tóxica. Tiene más desembarcados que embarcados, pero hay momentos y golpes de suerte que suman más que los méritos.

El intendente Montenegro enfrenta exactamente una elección legislativa bisagra. Cumple la mitad de su mandato y debe ir por una hazaña, si consideramos que flaqueó en el momento de mantener firme el pulso de las decisiones. Esta vez es Fernando Muro quien encabeza la lista de concejales se somete a la prueba.

Ya erró con Nicolás Lauría, cuando lo nominó y habilitó en la línea de sucesión. Su alejamiento no estuvo exento de un incipiente trauma institucional, sólo por ahora. Observa blandir la espada de Damocles, como una permanente amenaza que no lo abandonará hasta el 2023. Ya hubo gestos nada cordiales e incómodos políticamente.

Pero no sólo el hombre de la UATRE y el Partido FE fue el protagonista de una curiosa parábola, que no lo dejó bien parado a Montenegro. También lo abandonó para empezar a combatirlo políticamente el concejal Alejandro Carrancio, de la mano del senador provincial Lucas Fiorini. Fue una cuestión de intereses, no meramente políticos, algo más decía la carta.

En realidad, Montenegro debe convertir el escaso tino en la construcción política de la ex gobernadora María Eugenia Vidal. Desde el 2015, el desvelo fue ganar territorio para clavar banderas amarillas. Ese déficit no lo han solucionado sino que entraron en default. Hoy Lauría y Carrancio bregan desde el mismo espacio dedicado a roer la gelatinosa estructura del intendente. No obstante, ambos no tendrían los mejores augurios por estas horas.

Para lograr un equilibrio inestable, debió echar mano a Mercedes Morro y apelar a los “buenos oficios” de los concejales de Gustavo Pulti, cuando los números no le dan en el Concejo Deliberante, que ha permanecido como apagado en época de pandemia. En realidad no se conoce muy bien lo que está pasando en la ciudad. Es muy grave.

A nadie se le ocurre manejar a tientas y con el pulso debilitado, a una ciudad de la complejidad y la importancia de Mar del Plata. El aislamiento no se rompió en Yrigoyen 1627, una circunstancia que a observar por lo sucedido, no le vino nada mal a su principal inquilino. Con el cerrojo virtual, puso en mute el espacio de voces que generalmente hace sentir el rigor político de la oposición.

El Covid 19 fijó agenda municipal, a la cual se aferró un político profesional como debidamente debe calificarse a Montenegro.  Quedó envuelto en su nube de palabras: marplatenses, laburo y protocolo. Muy poco más, saliendo relativamente de la pandemia, una nueva hoja de la agenda lo vuelve a entretener: las elecciones PASO en 4 días y la generales legislativas en 60 días. Luego habrá que preguntarse qué margen quedó para pensar en la reelección.

Así habrán transcurrido 24 meses de gestión, pero no resultarán tiempos de inmunidad, lo que prosiga en los próximos 2 años pueden ser la gloria o Devoto. La elección de medio término sentará las bases de cómo será el futuro para la Municipalidad de General Pueyrredon.

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Digamos que no ha sufrido ni acoso ni hostigamiento del Frente de Todos, que apareció como desentendido de lo que pasa en las tiendas del oficialismo municipal. Es más el intendente no necesitó jefe de campaña, su principal adversario se lo obsequió en un verdadero manual de torpezas, que despejaron el camino del corto plazo.

No pudieron con sus propios errores, tampoco se puedan ocupar de todo, disimularon lo ajeno ni siquiera debieron apiadarse ante la escasez de una magra oferta. Hay otros jugadores que están en la definición. Nunca quedó tan claro que la capital del país y de la provincia, practican y bendicen el derrame de influencia política frente a los municipios.

Este insólito, inesperado e imprevisible escenario, sin embargo como intendente lo dotó de su mejor activo político, al ex legislador nacional, ex ministro porteño, ex funcionario judicial, ex diplomático y ex pre candidato a intendente de San Isidro.

Ser el portador del rostro, sólo el portador, del anti kirchnerismo en la ciudad más importante del interior de la Provincia que reúne el 40 % de los votos, donde se definen elecciones presidenciales. Con una incidencia e impacto que con sólo un par de puntos porcentuales, se da vuelta una elección desfavorable en la mayoría de las provincias.

El domingo se vivirá sólo una neutralización, dominada por la apatía y el desencanto sobre la calidad de los políticos y de sus imposiciones. Como las caprichosas candidaturas en jurisdicciones foráneas. Ahí se acopla también Montenegro que llegó a la intendencia con 40 años de ausencia en la ciudad. Hay muchas dudas sobre la aplicación de la meritocracia en este caso.

También vienen al caso las peripecias de su madrina, María Eugenia Vidal que ostenta un uno iguales, tras derrotar a Aníbal Fernández y perder mal con Axel Kicillof. Demasiadas ínfulas para una petardista interna, quien luego de conspirar debió tirar un S.O.S. para hacerlo interceder a Mauricio Macri, a quien habían retirado prematuramente.

“Orgullosamente bonaerense”, MEV cambió de camiseta tras un año de ostracismo y jugó en los cien barrios porteños, sometiéndose junto a Diego Santilli, a la rapacidad de Rodríguez Larreta para jugar su carta presidencial en 2023.

El periodista especializado en Economía, Martín Tetaz, fue ubicado en un lugar clave para debatir desde ese espacio la política económica y convertirse en un escudo de Vidal, que ensaya esta aventura en un país imprevisible como Argentina, es hacer ciencia ficción.

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A Vidal, un desconocido y curioso nuevo protagonista de la política como Javier Milei, comenzó a restarle votos, mientras crece Ricardo López Murphy, en una magnitud no detectada con precisión. El llamado a Mauricio Macri para integrarse como refuerzo de campaña, volvió a colocarlo en valor.

Vidal tiembla porque en su récord sabe muy bien que sólo le ganó A Aníbal Fernández y que perdió por 14 puntos con Axel Kicillof, el ex ministro de Economía que lleva a la práctica las ideas de Cristina Fernández de Kirchner. Vidal no sólo nunca revisó la gestión Scioli, sino que le hizo un guiño “la provincia que nos duele” fue lo más fuerte que le dijo. El counching, marketing y pauta oficial edifican malos políticos ganadores. Montenegro asiste y mientras tanto otea desde el vamos viendo.

Jorge Elías Gòmez

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