Ciudad, Información General

La libertad sexual, ¿por qué quedó olvidada?

 

Hoy en día, en el siglo XXI, y viviendo en una democracia, se supone que la cuestión de la libertad sexual debería estar resuelta. ¿Qué quiero decir con esto? Que atrás quedó la censura con su tijera afilada; para los que no saben bien de lo que hablo, pueden ver la película italiana Cinema Paradiso que muestra muy bien hasta qué punto un beso inocente se presentaba pecaminoso, ni hablar de la producción argentina Bo/Sarli que eran los exponentes de la pornografía de la época. En todos los países, cuando hay dictaduras o gobiernos despóticos, se termina restringiendo la libertad sexual porque tienen el poder para hacerlo y les gusta ejercerlo. No es raro que estos gobernantes no democráticos coincidan con que está mal permitir que la gente elija la forma de vivir su vida privada ya que no permiten que la ciudadanía goce de las libertades básicas. Lo que no se le permite a la gente es pensar como quiera, es decir, gozar de libertad de pensamiento; tampoco decir lo que se piensa realmente, libertad de expresión y de prensa; y bueno, ni hablar de si hay una confrontación religiosa en el país, las partes carecerán de libertad de conciencia. En una palabra, no hay tolerancia. Los gobiernos despóticos se ocupan de que nadie se aparte de la línea trazada por la moral diseñada por el régimen, hay que caminar muy derecho porque no se valoran positivamente las desviaciones. Se podría explicar de otro modo, se traza una línea para que nadie se atreva a cruzar del otro lado, lo permitido queda de un lado y lo prohibido, nunca nadie sabrá bien por qué, permanece del otro. En los gobiernos autoritarios se prohíben tantas cosas que la lista sería muy extensa y absurda en su contenido; por ejemplo, en la última dictadura, se prohibió enseñar la teoría de conjuntos en las escuelas, entonces, si se involucran hasta en la enseñanza de la matemática, cómo no hacerlo con el romance, la sexualidad y temas relacionados.

Desde la recuperación de la democracia, ningún gobierno se ocupó de limitar la libertad sexual. Hay que admitir que con o sin brecha, la legislación referente a cuestiones de género y de sexualidad, se han desarrollado en forma progresiva. Incluso, la propuesta de la Educación Sexual Integral (ESI). Esto es así de parte de los gobiernos, sin embargo, es la población la que rechaza la ESI: algunos directivos y docentes de escuelas confesionales y, sin duda, algunos de las no confesionales; padres preocupados por conservar la ignorancia de sus hijos que a todas luces es innecesaria e incluso peligrosa.

Los chicos y las chicas necesitan información no sólo en lo que respecta a la salud reproductiva sino al género y a la sexualidad; no niego la utilidad de la clase de biología o la que proviene de la medicina y se ocupa de las enfermedades de transmisión sexual (ETS) o de cómo prevenir un embarazo, no voy a hacer referencia al tema del aborto legal aquí porque la sola mención del debate amerita un artículo entero. Volviendo a lo que conviene transmitir a las alumnas y a los alumnos adolescentes, no olvidar hablarles de lo que significa una relación romántica o quizás meramente sexual, el respeto que se debe tener por el otro y el que se debe exigir recíprocamente. También es muy importante que un adulto receptivo transmita el valor de la autonomía, que pueda prevenir posibles abusos o descubra los existentes con el fin de liberar al que lo sufre de esa vida de silencio y secretos que incluso les hace experimentar una culpa inmerecida. La educación sexual necesariamente debe presentarle a los estudiantes las posibilidades que tienen de optar por una vida feliz, libres de cualquier tipo de discriminación, en un marco de respeto y de consideración a las elecciones ajenas o a las diferentes formas de ser. Esto colaboraría para alcanzar la paz dentro mismo de la sociedad.

¿Por qué hay tanta resistencia dentro de los más adultos hacia el diálogo abierto sobre la sexualidad? ¿Es que tienen miedo a no saber responder a sus hijos sobre todas las dudas que les puedan surgir? Y, entonces, ¿por qué no dejar la tarea en manos de los profesionales preparados para esto? En realidad, parece que la respuesta es más preocupante: discriminan, no aceptan las nuevas formas de vivir la sexualidad, el amor, el propio cuerpo. Y, advierto que tiene que ver con una cuestión religiosa, y no me refiero únicamente al cristianismo sino fundamentalmente al evangelismo y a todas las subdivisiones que se conozcan. El problema de la religión y las leyes del Estado constituye uno de los principales debates desde la modernidad hasta el momento; en definitiva, la discusión que vuelve sobre el tapete que es la de la separación del Estado y la Iglesia. Siempre se hace la relación con la iglesia cristiana porque es la que ha estado involucrada en la política de América Latina y que dejó huella en la carta magna argentina. Sin embargo, deberíamos estar atentos a lo que está padeciendo Brasil con el gobierno de Jair Bolsonaro, homofóbico, misógino y completamente intolerante. Recientemente, se conoció la noticia de que el alcalde Marcelo Crivella envió inspectores a la Bienal del Libro de Río para decomisar obras con contenido homosexual. Todo este alboroto fue a causa de un beso entre dos jóvenes en el cómic “Vengadores. La cruzada de los niños”; la Folha de São Paulo lo reprodujo con el fin de enfrentar a la censura

explícita de parte del alcalde carioca que forma parte de la Iglesia Universal del Reino de Dios. La Corte Suprema de Brasil le impidió el acto de censura, el acto antidemocrático que intentó transmitir a la ciudadanía toda que ya no tiene derecho a pensar libremente.

En un posteo en Facebook, el periodista argentino, nacionalizado brasileño, Bruno Bimbi, comparte los motivos que lo llevaron a trasladarse a España huyendo de un gobierno cada vez más reaccionario y violento. Recuerda que la primera vez que se le vino a la cabeza irse del país fue cuando mataron a la concejal Marielle Franco (mujer negra, lesbiana y de ideas de izquierda). “Ese crimen fue, para mí y para muchos, un divisor de aguas, porque a medida que pasaron los días y comenzó a quedar claro lo que había pasado, también quedaba claro que la emergencia del fascismo en la sociedad brasileña era un fenómeno mucho más profundo de lo que muchos creían. (…) Esa gente estaba dispuesta a matar y cualquiera de nosotros podía recibir un tiro en la cabeza. La imagen de dos patovicas (uno de ellos es hoy diputado, el más votado de Río) rompiendo la placa con el nombre de Marielle frente a una turba enardecida que lo ovacionaba mostró que habría, inclusive, una parte importante de la sociedad que lo celebraría y diría, como sucedió décadas atrás en la Argentina, que algo habríamos hecho”.

El miedo, es de eso de lo que está hablando Bimbi. Eso que no debería sentirse en democracia. ¡Cómo imaginar que todo volvería para atrás! Él que se animó a escribir “El fin del armario” y que militó en la Argentina por el matrimonio igualitario. ¿Qué pasó que nos olvidamos lo triste que fueron los años oscuros donde todo era pecado, ilegal e inmoral? Hay varias condiciones que se deben evaluar para determinar de que un sistema es más o menos democrático. Principalmente, no deben faltar las libertades primarias: la libertad de pensamiento y la libertad de expresión. Si esto falta, estamos en problemas. Habría que estar atentos porque pareciera que viene una ola de puritanismo y eso nunca trae nada bueno.

Patricia Britos

Docente e investigadora de la UNMdP

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