Carta de Lectores, Opinión

Gracias «Bety» (vacunarse con culpa)

 

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Llegó el día, ese día que pensé que nunca llegaría, ese día al que no pudieron llegar más de 52.000 padres, madres, abuelos, hijos, nietas, hermanos y hermanas , millones en el mundo y quién sabe cuántos más en un futuro inmediato y ojalá me equivoque.

Hoy recién vacunado, con una primer dosis China, bienvenida la que fuere, aunque hubiera preferido la Sputnik y no sé porque, esperando esos 20 o 30 minutos obligatorios que me invitan a pensar, me preguntó una y otra vez porque yo si llegué y esos miles y miles no?

No encuentro respuesta, porque de esta mezcla de alegría al saber de mí turno  que se confunde, hoy ya vacunado, con un profundo sentimiento de tristeza, de dolor y de culpa.

Culpa y sin saber por qué pero sin duda que ese sentimiento confuso es culpa.

Que podría haber hecho a título personal por ellos, me preguntó, más allá de haber respetado el distanciamiento social, todas las prácticas aconsejadas y por sobre todas las cosas mi «lugar en la cola» para cuando me tocará y si es que llegaba a que me toque y no utilizar ninguna «argentinada» de esas que sabemos inventar para demostrar lo que muchos son en realidad a la hora de los «bifes»…

Aquellos que tenemos patologías de riesgo previas y como en mi caso más de una, pensamos por lo menos de mi parte, que podría tranquilamente tocarnos el momento de partir si es que este virus nos llegaba.

Qué maldito o benéfico designio podría llegar a marcarnos en la frente diciendo Vos Si o con el pulgar hacia abajo Vos No.

Lo pensé más de una vez, pero no por temor a la muerte misma, porque estoy convencido que está no existe y es solo un paso a algo más y así quiero partir cuando me toque creyendo absolutamente en ello y si vos llegaras a tener pruebas irrefutables que demuestren lo contrario por favor no me las transmitas déjame así.

Pero si me lamentaba por todo aquello que no había sabido y aprendido a disfrutar de esta efímera vida y quizás ya no tuviera más tiempo para hacerlo, ya las oportunidades habrían pasado y por más que nos lamentáramos ya podría llegar a ser tarde y la verdad que eso sí jodía.

Una dulce enfermera, profesión noble y bella si las hay, con voz cálida vestida con un impecable ambo rosa me dibujo una sonrisa detrás de ese odiado y protector barbijo, la cual descubrí por su tierna mirada, intercambio unas contenedoras palabras, como si se tratara de una madre protectora con indicaciones varias y aplicó esa dosis de esperanza en mi brazo izquierdo que ni lo sintió, pero en mi corazón sÍ que dolió.

Ya estaba, ya había pasado, por lo menos una parte, ahora quizás podía mirar para atrás y tan vez un poco para adelante, pero muy poco.

Escapándoseme una escondida lágrima, le pregunté por su nombre, que menos podría hacer por quién anónimamente formaba parte de un momento irrepetible en mi vida y en la de muchos otros que milagrosamente allí habíamos llegado, se sorprendió y le volví a preguntar, » Bety » me respondió y allí pude mirar a quien nada se de Ella y seguramente nunca volveré a cruzar y pude decirle «Gracias Bety“.

Bety había hecho la diferencia y sin quererlo me había demostrado que efectivamente está tragedia en muchas personas había sacado su mejor parte, en otras no…

Y fue allí donde quizás pude encontrar una pequeña respuesta a algunas de las preguntas que me he hecho y seguiré haciendo.

Dar gracias, en principio a Dios, con el nombre que quieras darle. Al universo.

A las miles de anónimas «Bety”, a los médicos y médicas, policías y tantos otros desconocidos y quizás con el tiempo olvidados que pusieron el cuerpo y no es metáfora, entre ellos los que se fueron antes y también a sus seres amados que han quedado con esa «espina en el pecho».

Gracias a la vida por darme una nueva oportunidad…

Una nueva oportunidad para hacer mejor las cosas, reflexionar sobre mis errores, mis carencias, sumar más desde el lugar que sea, disfrutar cada uno de los días que por añadidura vengan como si fueran los últimos, porque si hay algo que a esta altura tengo bien aprendido, es que con vacuna o sin ella, nadie, empezando por mí, «La tiene comprada».

En este agradecimiento, pienso en cada uno de ellos y así yo lo tendré grabado eternamente siempre en mi retina «Gracias Bety» porque seguro esa diferencia que hoy marcaste y por medio del amor será la que le devuelva la esperanza al Mundo.

Gustavo Salvá

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