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Estrella de Mar: La Televisión Pública con una medida lógica dejó sin aire a los petardistas y evitó que copen la fiesta

Hay una cuestión de horarios y razones de programación, que no permiten extender las transmisiones que son finitas, fundamentalmente desde exteriores.

Existen además contratos y compromisos comerciales con tradicionales festivales artísticos que se desarrollan en otras provincias del país. Los premios Estrella de Mar no son tales sin un escándalo por medio todos los años. Casi no hubo notas a Raúl Lavié que se llevó el máximo galardón.

Como habitualmente se escucha, también el tiempo en la televisión es tirano, y con anterioridad a la ceremonia, todos los que participaban estaban advertidos de lo que qué iban a disponer, en caso de acceder a un premio y/o distinción, hubo una agenda previa ajustada a los horarios de programación de la emisora.

La tribuna, teleaudiencia en este caso,  del único canal de aire que llega a todo el país con una poderosa señal, es una herramienta cuyos resultados de comunicación no admiten discusiones. La cuestión de oportunidad, que muchos imaginaron en la entrega de los Premios Estrella de Mar, quedó frustrada por las razones aducidas.

Los tira petardos que se caracterizan por hacer uso de espacios gratuitos, quedaron defraudados. Los mal entendidos subsidios a la cultura, durante el gobierno kirchnerista, están siendo investigados por la justicia. Y los montos que manejaron podrían haber sostenido un sinnúmero salas teatrales y compañías en todo el país.

Todos esos excesos, se terminan pagando y muchas veces lo hacen justos por pecadores. También se anotaron en la lista de quejosos quienes arriendan sus salas teatrales sólo en temporada alta, por una razón neta de conveniencia. Lo hacen por negocios, una cuestión de rentabilidad de sus salas que pueden funcionar como cocheras. Otros apuestan, invierten y mantienen sus complejos abiertos todo el año.

La filosofía barata de impulsar exenciones y no aplicar tasas de servicios que pagan 300.000 contribuyentes marplatenses es anacrónica con los tiempos que vive el país. Quiénes y cómo  interpretan la cultura es una discusión ancestral, que se extenderá hasta más allá de nuestros días.

Cuando la decisión de la organización es no dar micrófono a nadie, cada uno lo toma como quiere, unos dirán que es un acto de censura, o para que la ceremonia sea más rápida, no cargada de discursos, menos pesada. Cada uno se para en la vereda ideológica que prefiere. Esto no fue una definición de vamos a censurar a la gente que habla, entonces no se puede decir que fue censura.

En el último festival de cine, no hubo discursos por cuestiones de tiempo. Nadie indicó que no se podía hablar en la ceremonia, porque no querían que se dijera nada político, fue por cuestiones de tiempo. Luego queda en cada uno suponer si fue un acto de censura o no, y en este caso es más o menos lo mismo. Queda en cada uno, suponer si es un acto de censura, pero son las reglas de juego que también cada uno deben respetar.

La reflexión de un trabajador del arte también dio en el clavo, invitado a opinar sostuvo: “A la gente de la cultura les tiras un subsidio y sos el mejor funcionario del mundo, también vendrá por ese lado”.  

10 Comentarios

  1. Censura previa?! naaaaa…

  2. Este medio es una payasada. Avalan la censura. Se ve que está manejado por fascistas.

  3. La lógica de una dictadura.

  4. Che q democráticos q son!

  5. Son épocas en que los fascistas se sienten avalados en un contexto favorable. Para ellos acallar voces debería ser moneda corriente. Les queda poco.

  6. Si esto no es censura…si no reprimen…
    Soldado que huye…SON DE LO PEOR!!!

  7. ¿Qué sería más petardista, no hablar o acusar a los censurados de petardistas?