Cultura

¿Es posible un nuevo socialismo?

Axel Honneth asegura que la tarea más importante para la reactivación de la tradición socialista es revertir la                                           equiparación hecha por Marx de la economía de mercado con el capitalismo

 

El filósofo y sociólogo alemán Axel Honneth recorre la historia de este movimiento para encontrar en el pasado un reservorio potencial para su actualización e invita al lector a reflexionar sobre la posibilidad de una reorganización en las condiciones actuales

 

Quisiera comenzar con mi frase favorita de estos tiempos, dicha, creo, por Fredric Jameson: “hoy en día es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”. Axel Honneth, en “La idea del socialismo. Una tentativa de actualización”, no es ajeno a esa premisa -esa limitación- y su tentativa de actualización del socialismo es interna al capitalismo: ocurre en sus intersticios, en sus zonas inexploradas. Pero ya no por afuera, en la busca de un orden socio-económico nuevo, refundado.

Hace 25 años hubiera dicho que el suyo es un pensamiento liberal-socialista más bien timorato y culposo, y hoy, peinando ya canas, pienso que la descripción sigue siendo válida. Pero ante el estado de la cuestión, es decir, el estado de nuestras vidas (dividido el mundo entre gobiernos neoliberales salvajes y gobiernos neonacionalistas salvajes, con muchos más puntos de contacto entre esas posiciones de las que se cree habitualmente) pensamientos honestos y razonables como el de Honneth deben leerse con mucha atención. Las teorías políticas que piensan en términos de posibilismo el cambio social parecen ser la última esperanza para quienes experimentamos que el orden imperante es de una injusticia radical e insoportable. Una esperanza entendida, tal vez, como un impasse, a la espera (activa) de que la frase de Jameson se vuelva algún día falsa.

 

En términos filosóficos-políticos hay en Honneth un dejo del Habermas de La modernidad un proyecto incompleto. Es decir, una vuelta al pasado para reflexionar sobre el momento en que la modernidad, lo socio-político, e incluso la dimensión ética se extravió, e intentar, desde allí, recuperar un cauce para un socialismo que incluya, como noción nodal, a la libertad. Ese movimiento implica una doble lectura: por un lado, un trabajo finísimo de reflexión sobre la creatividad y potencia -pero también sobre las limitaciones- de la tradición socialista previa a Marx, o incluso posterior a él, pero indemne a su influencia -en especial Saint-Simon, o incluso Fourier y hasta ciertos anarquistas-, y por otro lado una crítica frontal a Marx.

Honneth reconoce los alcances de la miseria de la situación actual, y en ese caso hasta valora de Marx su capacidad de diagnóstico: “Hoy el mercado capitalista ofrece nuevamente una imagen que parece corresponder hasta en los detalles con las tendencias de desarrollo predichas por Marx. No solo se ha privado al viejo proletariado industrial y al nuevo proletariado de prestación de servicios de la perspectiva de tener una ocupación de largo plazo en condiciones laborales de protección social, sino que además el rédito financiero de las rentas de capital es más alta que nunca”.

 

Pero inmediatamente se detiene en el momento en que la historia se extravió y ya en tono crítico -y a la vez prospectivo- agrega: “Pero esta situación no fue siempre así en la historia de la sociedad capitalista de mercado, ni hay necesidad de que lo siga siendo. Por consiguiente, la tarea más importante para la reactivación de la tradición socialista es revertir la equiparación hecha por Marx de la economía de mercado con el capitalismo, de modo de ganar espacios para proyectar usos alternativos del mercado”.

En la tradición de la Escuela de Frankfurt -en especial de Horkheimer- aunque muy atemperada la mirada crítica de esa fuente, no obstante es valioso la forma en que Honneth prioriza a la teoría como modo de enfrentamiento al empirismo qualunquista que caracteriza a la praxis política contemporánea. Las primeras líneas de la Introducción son notables como modo de diagnóstico de esas posiciones en el mapa socio-político actual: “Las sociedades en las que vivimos están marcadas por una dualidad irritante, difícil de resolver. Por un lado, en las últimas décadas ha aumentado el malestar con la situación socioeconómica, con las condiciones económicas y laborales; probablemente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial no haya habido tanta gente indignada al mismo tiempo por las consecuencias políticas y sociales de la economía de mercado capitalista. Pero a esta indignación masiva parece faltarle una orientación normativa, un sentido histórico para delinear un objetivo de la crítica planteada, de modo que queda particularmente muda y replegada sobre sí misma (…) Este desacoplamiento entre la indignación y cualquier orientación hacia el futuro, entre la protesta y todas la visiones de algo mejor es una situación verdaderamente nueva en la historia de las sociedades modernas”. Honneth se posiciona directamente en ese desacoplamiento -ese es su horizonte de reflexión- y desde allí traza las líneas para un nuevo socialismo posible en las condiciones actuales.

En filigrana -o no tanto- La idea del socialismo es también una gran historia del socialismo, narrada desde el punto de vista personal de Honneth. Personal, nuevamente en la estela de Frankfurt, quiere decir teórico. Honneth dedica la mayor parte del libro a describir las diversas escuelas socialistas posteriores a la Revolución Francesa, y a indagar en lo que hay allí de reservorio potencial para su actualización, pero también -y tal vez sobre todo- en sus limitaciones teórico-políticas, en los modos en que esas tradiciones no supieron plantear adecuadamente respuestas y hasta funcionaron como obturadoras del cambio social.

El de Honneth es un libro que provoca cuestiones, matices, ideas, desacuerdos, incluso enojos. ¿Por qué? Seguramente porque es un texto clave para entender nuestro presente.

Por Damián Tabarovsky

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