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El Casino abrió por primera vez 24 horas

La modalidad se repetirá todos los fines de semana. Renovado, buscan reconvertir a este ícono de Mar del Plata en un centro de entretenimientos. En la Provincia, dos personas por día piden asistencia por ludopatía.

En la mesa de los dados miran con desconfianza a este cronista. El tirador advierte una presencia incómoda y las otras nueve personas que rodean el rectángulo desatienden el juego y clavan la mirada al intruso, que se va intimidado. Algo parecido sucede metros más allá, donde están cuatro hombres y dos mujeres sudando la gota gorda en la mesa de punto y banca. Nada que ver con la onda familiera de los que juegan black jack, donde hasta incluso dan la bienvenida.

El enviado de Clarín estuvo seis horas en el Casino Central, uno de los íconos indiscutibles de Mar del Plata, repartidas durante el mediodía, la tarde y la noche del jueves, cuando este cubo perfecto que acaba de cumplir 80 años estrenó su modalidad non-stop: estará abierto sin cerrar desde el jueves a las 11 hasta el lunes a las 6 de la mañana; es decir, 91 horas consecutivas. Así será todos los fines de semana, hasta el último de febrero.

Lo que hay que aclarar es que esta iniciativa maratónica es para las máquinas tragamonedas. En cambio, las salas de mesas de paño (ruleta, cartas y dados), donde hay personal humano, estarán trabajando de lunes a miércoles, desde las 13 hasta las 4, y de jueves a domingo desde las 13 hasta las 6.

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El Casino cuenta con 935 máquinas tragamonedas y la temporada la terminará con 1.200. “Es a lo que más juega la gente, por eso hicimos tamaña inversión”, afirma Daniel Gasperini, uno de los gerentes del lugar. Foto: Maxi Failla

Afuera el sol asoma como una bendición, la temperatura empieza a subir y la playa municipal va convirtiéndose en un hormiguero, según se espía desde una ventana interior. Es pasado el mediodía y la misma sensación se vive dentro de la monstruosa sala de apuestas, donde las máquinas slots y las mesas de paño resultan tan atractivas como el mar y la arena. “Nuestra premisa es devolverle a este lugar su condición de postal e ícono indiscutible de Mar del Plata. ¿Cómo? Transformándolo en un centro de diversión y entretenimientos“.

Gerente del Casino Central, Daniel Gasperini acompaña a Clarín por un tour bajo techo por el remozado Casino. Desde la imponente araña de la entrada, pasando por los murales recién pintados, hasta llegar a las tragamonedas, que lucen erguidas y titilantes, sabiéndose las verdaderas vedettes de La Feliz: suman 935 y esperan llegar a 1.200 antes de finalizar la temporada. “Hemos hecho una importante inversión, pretendemos que vengan todos los argentinos y también extranjeros. Nuestro objetivo es que 20.000 personas por día pasen por aquí. Hasta las reformas que hicimos, el promedio de visitas orillaba las 10.000″, pinta el paisaje Gasperini.

Consultado por este diario sobre los riesgos de que una operación de 24 horas aliente los excesos y la adicción al juego, el gerente prefiere centrarse en que esta iniciativa sólo busca fomentar el entretenimiento. El casino marplatense, al igual que todas las salas de juego de la Provincia, tiene la posibilidad de la autoexclusión: cualquier persona que sienta que tiene un problema con el juego puede completar un formulario y pedir que, por el plazo de dos años, no se le permita el ingreso. Según el Gobierno de la Provincia, su línea de asistencia al juego compulsivo recibe dos llamadas por día.

Nuevo público

Lo que hace un tiempo era un dominio de gente mayor, hoy sorprende por la heterogénea clientela, como los tres jóvenes de 18 años que vinieron de San Rafael, Mendoza, a pasar una semana en la ciudad balnearia. Julián Fernández, Enzo Castelo y Agustín Alba soñaban con conocer el Casino Central y “jugar de verdad, porque nosotros somos fanas del truco y del póker, pero nos daba mucha intriga saber cómo era ver una ruleta en serio“, señala Enzo. “La vimos y nos parecía mucho, muy formal, ahí se juega de verdad, por eso preferimos jugar pero en la ruleta digital”. Los sanrafaelinos cuentan que juntaron 600 pesos de los regalos de Navidad y Año Nuevo y reconocen que tienen ganas de divertirse, de pasar un rato distinto, y de decir “estuvimos en el Casino de Mar del Plata”.

“En la ruleta está la intensidad, la adrenalina y también el monto más jugoso”, grafica Gustavo Aguirre, marplatense de 50 años, que hace 25 es controlador de mesa. “Soy el que vigila que se entreguen los premios correspondientes, que no haya ningún tipo de trampa ni irregularidad. Me encanta mi trabajo, lo disfruto”. Los clientes saludan a Aguirre con afecto; claro, es el empleado más sociable y charlatán en un ámbito en el que el silencio cotiza en bolsa. “Yo hablo, soy espontáneo, es mi forma de ser y ya me aceptaron como soy”.

Conocedor como pocos del ambiente, Aguirre hace saber que el Casino se ha convertido en una salida ineludible para el turista. “Se ha invertido mucho para lavarle la cara, para que sea un lugar luminoso, amable y dejara de ser un destino oscuro y clandestino. Mirá -señala la barra y el bar-, acá se puede venir a cualquier hora a desayunar, almorzar o cenar, o tomar un trago, y podés mirar todo lo que quieras sin gastar”.

Uno de los que saluda a Aguirre porque le trajo suerte es Matías Nieto, de 21 años, que se ganó $ 1.800 pesos apostando sólo a chance. “Soy rápido, no me gusta durar, sino disfrutar… Estuve en cuatro bolas y gané. Vine con $ 500 y ya me hice la plata para la cena y para ir al cine a ver ‘Frozen’… Ya está, no me interesa seguir estando”, se sincera el joven de la localidad bonaerense de Laguna Alsina que vive en Bahía Blanca y es empleado de McDonald’s. “Mis viejos son jugadores, están encerrados en las maquinitas, a mí me gusta, pero hasta ahí, tengo conciencia de que esto es un touch and go, como Sacoa”.

La recorrida vespertina tiene gente más adulta y con cara de pocos amigos, que no le interesa la playa, aún cuando el sol acaricia y el viento se toma un descanso. Un señor de bigotes, algo desbordado en la mesa de punto y banca pide que este cronista se retire de ese lugar. El tono elevado resquebraja el clima sosegado y uno se siente como William Macy en “The Cooler”, donde interpreta a un piedra en un casino de Las Vegas. “He sido testigo de muchas locuras, de gente que lo ha perdido todo. Hay que entender cuando te miran mal, son supersticiosos, cabuleros, no busques el sentido común”, desasna casi paternal Carlos Echandi, uno de los policías de civil apostado, que atempera por si alguno se pasa de rosca.

Con casi 30 años de servicio, Echandi tiene anécdotas para contar, como ese cliente que -una década atrás- junto a un cómplice aprovechó una distracción del crupier para robarse valiosas fichas de ruleta y se escapó tirándose por una ventana. “Ahora la cosa está más tranquila, cada mesa de juego tiene una cámara y es raro que alguien se anime, pero hay que estar vigilando. Yo acá me siento como en el club, conozco a clientes de añares y además me encanta imaginar juegos y pensar estrategias”, comenta el vigilador.

Amelia tiene 57 años y mira su reloj, sentada en un sillón en el hall de entrada. Dentro de diez minutos, a las 21, buscará a su mamá Pilar, de 91, que está solita en las tragamonedas. “Se llevó $ 2.000, le gusta jugar a la viejita, la pasa regio y como ayer ganó hoy pidió volver. Tiene una distracción cara, pero es su plata, que haga lo que quiera. Además, si le digo que no, ni bolilla me da”, sonríe la hija, que reconoce: “Nada más aburrido que venir al Casino”.

Se advierte un confort que domina las instalaciones, donde se han colocado rampas y escaleras mecánicas para discapacitados y gente mayor, descansos cercanos, baños y accesibles sitios de gastronomía. La fachada que mira al Boulevard Marítimo encandila con sus opulentas pantallas LED y en tren de reformas “queremos brindar servicios y comodidades, por eso tenemos pensado ofrecer shows musicales con importantes presencias, además de que está el proyecto de abrir una terraza desde donde se aprecie el mar”, puntualiza Gasperini, el gerente.

La sofisticación de la noche

La medianoche ofrece otro mosaico, en el que prima la elegancia y la sofisticación. Hay más parejas de alta gama que buscan una copa y jugar poco pero fuerte en las llamadas “salas especiales”, adonde hay que entrar con un mínimo de $10.000. Es el horario en el que estos salones exclusivos empiezan a tener más actividad. “Agarrate, acá puede pasar cualquier cosa. Viene gente de mucho poder adquisitivo, que puede perder muchísimo, pero no lo vas a notar en su expresión, la procesión va por dentro“, radiografía Diego Costomí, supervisor que lleve dos décadas.

Con un sombrero rojo, Kevin Cali (25) se retira apurado. Dice que se le va un micro que lo llevará a Miramar, adonde está veraneando. “Vine a pasar el día a Mar del Plata y me guardé $ 1.000 para venir y apostarlos al Black Jack, juego que me defiendo y más, al menos en la compu, acá es otra cosa, estar en la mesa con desconocidos que te miran con cara de perro es bravo”, expresa el joven de 9 de Julio, que estudia administración de empresas. “Me voy contento, porque estuve jugando como una hora y estaba 500 pesos arriba, pero me envalentoné y caí en picada. Igual, es un cierre de vacaciones distinto”.

Así va transcurriendo el día en esta “otra” Mar del Plata, ajena al puerto, los lobos de mar y el viento característico. Así se reconvierte el Casino Central, que de a poco va succionándole clientela a los bingos, el rival a vencer, con máquinas de última generación.

Ludopatía: cómo pedir ayuda

El juego puede ser una recreación pero también una adicción. No a una sustancia, sino a una conducta. Y tiene los mismos efectos que si fuera a una droga o al alcohol.

“¿Fracasás cuando querés controlar tu impulso a jugar? ¿Engañás a tu familia para volver a jugar? ¿Tenés deudas por el juego? Si perdés, ¿buscás revancha?”. Estas son algunas de las preguntas que, ante una respuesta positiva, pueden indicar que hay una actitud de riesgo frente al juego, señala desde su sitio web el Centro de Prevención y Asistencia al Juego Compulsivo de la Lotería de la Provincia. Este programa, que está cumpliendo 10 años, abarca 10 centros en la provincia para brindar asistencia a las personas con adicción al juego y sus familias. La filial marplatense está a 20 cuadras del Casino Central, en 9 de Julio 3475. El programa además atiende telefónicamente, de lunes a viernes de 9 a 20, en la línea gratuita 0800-444-4000.

Según datos recientes, en 2019 recibió más de 800 pedidos de asistencia, es decir, un promedio de dos llamadas por día. Según contó su coordinadora, Andrea Romano, “muchos de los llamados son realizados por familiares, cuando se enteran de la patología del jugador”. Según de las estadísticas del centro, los llamados se reparten entre un 53% de varones y un 47% de mujeres. Un 38% de los que llaman sólo terminaron la secundaria (38%) o la primaria (22%). La mayoría prefiere los bingos (81%) y la principal actividad son las tragamonedas (65%). 8 de cada diez van todos los días a jugar.

Los especialistas aclaran que “jugar no es malo”, pero que el problema es cuando el juego se convierte en incontrolable y patológico. Pedir ayuda es el primer paso para salir de la ludopatía, que debe tratarse con terapia. En la Provincia, además, es posible pedir la autoexclusión de los casinos y los bingos. El trámite es voluntario y personal (no puede hacerlo un familiar), se puede iniciar online y debe completarse en uno de los centros de prevención o en cualquier sala de juego. Por un plazo dos años, la persona queda dentro del registro de autoexclusión para que no se le permita el ingreso a ninguna sala de juego.

Fuente: Clarín

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