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Droga y Estado ausente: ¿Hay veneno bueno y veneno malo?

Por Virginia Ceratto
(especial para Mdphoy.com)

Como ciudadana, y no sin estupor, asistí a las deplorables declaraciones que solicitaban que aquellos consumidores que habían adquirido cocaína en un lapso X no la consumieran.

Como si hubiera cocaína buena y mala. Es decir… sanita o inocua. Todas son mortales.

Entonces, vamos a hablar clarito.

La cocaína es mortal. SIEMPRE ES MORTAL. Aunque el consumidor abusivo sobreviva. Porque le pasa eso, y con suerte, sobrevive. Con menos capacidad cognitiva, sin freno conductual, haciendo bolsa su cuerpo, su salud y deteriorando a cuanta persona que lo ame intente ayudarlo. Porque no entiende. Porque no puede. Porque es una víctima. EL ADICTO SIEMPRE ES UNA VÍCTIMA, le decimos FATAL cuando no sobrevive al paro cardio-respiratorio. PERO SIEMPRE ES UNA VÍCTIMA. Y victimiza. No con maldad, pero es faraónico, y arrastra, como precisamente los faraones, a todos a su alrededor, a su tumba. Tumba en sobre vida o en muerte.

Y eso está claro. No vamos a discutir si 2 más 2 son 4. Son 4. Acá y en China.

Los centros de rehabilitación no alcanzan. Los bancados por el Estado son escasos, sus políticas erráticas y no creo que sea casual.

Los centros privados, clínicas, granjas o como cada modelo los llame, dependen de la experiencia de sus directores, muchas veces negociantes, o inexpertos o mal pagos, otras no y no son debidamente supervisados por las obras sociales que capitán con ellos. La comida es escasa, la calefacción en invierno es casi nula o nula, la supervisión de personal capacitado es insuficiente y en los lugares de recreo, un  patio, por así llamarlo, pasan cosas que no deberían pasar. Y en general, los médicos, enfermeros y asistentes no alcanzan y están escasamente remunerados.

En nuestra ciudad, hay lugares conocidos que no cuentan con una higiene pasable, que apenas tienen un televisor en una sala común a todo lo que da y en cualquier canal, y las mesas se limpian con trapos viejos.

Insisto, las prepagas no controlan no capitán. Los subsidios estatales no llegan. Los fondos de estos no alcanzan. Y el servicio se resiente y termina no siendo el adecuado para una persona que ha sido internada y necesita un marco, un contexto adecuado para su recuperación. Y hablo de entorno no refiriéndome a ciertos profesionales súper capacitados, que hacen lo que pueden con los recursos que les llegan y con su experiencia.

He aquí otro tema. Hay centros de día con profesionales muy jóvenes, que no tienen la ciencia infusa y que no pueden estar a la altura de patologías duales, incrustadas. Generalmente, cuando hay una adicción hay otra patología asociada. Psicosis, esquizofrenia, trastorno límite… da igual.

Los talleristas muchas veces son improvisados, se van formando en el camino, y eso no es lo adecuado. Entonces los talleres no sirven. Un ejemplo: un taller de escritura brindado por una psicóloga que ha leído poco y que no tiene formación en literatura… frustra.

Juzgados de Familia que tramitan causas de protección de persona en  tiempos vaticanos. Tardan en otorgar audiencias, no supervisan los hogares, demoran las juntas, no entrevistan a la familia con los equipos técnicos. Dejan a los familiares convivientes en un limbo en el que ni pueden decidir pero en el que, sin embargo, son responsables si algo pasa. Y siempre, cuando hay droga, algo pasa.

La reforma de la ley de Salud Mental, regulada en 2012, parece más un compendio demagógico que un tratado analizado por profesionales. Y entonces, si el paciente quiere se interna, si no, no. Y el paciente, que no se reconoce paciente, porque es adicto y se quiere drogar y no pongo en esto una condena, sino que describo, no se quiere internar.

¿Cómo se llega a la internación? Con un paro cardíaco o con un delito flagrante. Y mientras, los parientes dependen de tener dinero para contratar abogados y además, que los abogados logren que los expedientes sigan un curso medianamente acorde, es decir, rápido. Y esto es urgente. Porque la cocaína es ya folklore y la heroína, que ya ha entrado en Argentina desde el sur de Brasil hace tiempo. Y circulan.

Y la cocaína, se vende en cualquier lado. Todos lo sabemos. Como las llamadas sintéticas.

Los dealers son conocidos, y no hablo del Chapo o de este que encontraron ahora, hablo de los del narcomenudeo, que no por menudeo, dejan de ser igual de criminales, porque lo que venden mata. Y a la humillación a la que someten a los adictos denigra.

Y también está el negocio de las benzodiacepinas que en Mar del Plata se consiguen al menos, sin receta, en dos conocidas farmacias, que han sido denunciadas, y no pasa nada. Y está el intercambio entre adictos… te doy un blíster de clona, me das uno de modafinilo, ponele. Y así no hay tratamiento que valga.

Hay tratantes que se niegan explícitamente a dar informes a los familiares, porque la ley de salud mental, con minúscula, los ampara, y todo pasa por la voluntad del paciente. ¿La voluntad? ¿Un adicto tiene voluntad de vivir, de proyectar? ¿Un adicto no miente? Usan esa ley sin criterio y como Poncio Pilatos. Se lavan las manos. Cobran fortunas, no capitán con obras sociales o dan un recibo por el cual quien paga la prepaga recibe un 10% de lo abonado. Y siguen con su vida cuando el paciente se escapa o se muere. O SE MUERE.

Ya llegará otro paciente, siempre hay más. Ese público también se renueva. Y lo saben.

Son escasos los profesionales que se animan a dar informes claros donde detallan que el paciente es de riesgo para sí y para terceros. Porque un adicto es de riesgo para sí y claramente para terceros. Es parte de la enfermedad. No distingue cuando está en consumo. No se quiere a sí mismo y no quiere al entorno, más, si el entorno intenta poner un límite Y entonces los malos son los que ven el riesgo, lo padecen y ponen límites. O lo intentan.

Y con esta ley vigente, el Estado… AUSENTE. Los Juzgados, insisto, se retrasan con sus juntas, y en algunos casos deciden creer a las brillantes actuaciones de quienes deben ser supervisados. Eso sí, si tenés que buscar por cielo y  tierra a un familiar te largan, con suerte y si tenés patrocinio con cédulas de notificación de búsqueda de paradero y evaluación que tenés que llevar vos mismo a las distintas comisarías, DDI, etcétera. Es decir, el familiar va por un derrotero, de lidiar, andar y de derrota y encima hace el laburo de notificador llevando los papeles a la comisaría que corresponda, la departamental y la DDI, que contesta, a veces, que no tiene suficiente personal. Y no, no lo tiene.

EL ESTADO AUSENTE

En los casos de estos días, con la cocaína mala (¿MALA? Insisto, hay cocaína buena, parece) no se hizo el seguimiento de algunos que sobrevivieron, salieron y volvieron intoxicados.

Los familiares piden, claman, piden dinero prestado para contratar abogados, sufren, viven en permanente estado de preocupación extrema. ¿Quién cuida al cuidador? Si ni siquiera se cuida al enfermo.

Los testeos deben ser consentidos. ¿Qué adicto quiere ser sometido a un testeo? ¿Cómo se tiene la prueba de que no está consumiendo? ¿Cómo se preserva su vida?

La cocaína, como cualquier otra droga, es la caspa del diablo. Mezclada con fentanilo o con hueso molido. O con jabón de lavar la ropa. O pura, como la Virgen para los creyentes. La cocaína, y las demás drogas son malas. Mortales.

Y el negociado sigue. Porque evidentemente acá hay un negociado del que salen beneficiados muchos más que los dealers.

Escuchen a los padres. Madres. Xadres. Como quieran, en habla binaria o no binaria.

Vean los registros de los paros cardio-respiratorios por consumos en las guardias.

Registren las muertes. No miren para otro lado cuando se les acerca el nombre, apellido, dirección y foto de los dealers. No miren para otro lado cuando se denuncian aguantaderos.

Y no hablo de pobres, no hablo de ricos. Pobres y ricos consumen lo que tienen a su alcance y todo es malo. Porque lo que te destruye y te lleva a la muerte es malo. No es cuestión de comida chatarra o langostinos. LA DROGA ES LA CASPA DEL DIABLO, en términos simbólicos. Yo no creo en el diablo. Creo en la maldad, en los negociados y no creeré en un Estado que no se ocupe de las víctimas, aún de las que todavía no son fatales, entendiendo por fatales a las que terminan en la morgue.

Hay programas de televisión que se ocupan, como “Seres libres”. ¿Dan resultado? Me animo a decir que no. Si no están respaldados por una política de Estado resuelta, eficaz. UNA POLÍTICA DE ESTADO QUE ENCARCELE A LOS DEALERS, TRAFICANTES, PROVEEDORES, QUE ASEGURE EL TRATAMIENTO DE LOS QUE ESTÁN EN CONSUMO Y RESPALDE A LOS FAMILIARES QUE NO MIRAN PARA OTRO LADO Y QUE PIDEN AYUDA A GRITOS.

Una POLÍTICA DE ESTADO QUE NO PERMITA QUE CIERTOS TRATANTES HAGAN LA VISTA GORDA Y SE AMPAREN EN UNA LEY QUE DESDE SU REFORMA E IMPLEMENTACIÓN HA SUMADO MUERTES.

Y encima los medios publicitan el fentanilo. Dale que va. La calesita choca.

Un comentario

  1. Gustavo Daniel Salvá

    Mucha verdad lamentablemente … ?

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