Ciudad, Política

Cobos expío y Sanz se evaporó; por qué Alfonsín

El ingeniero en 2007, se aupó por sus razones políticas, a una tabla que le aseguraba un pseudo protagonismo en el universo patagónico. La disciplina de la chequera y un proyecto de concertación transversal, que se imaginó con una proyección de perpetuidad en el poder.

La proclamación partidaria de Ricardo Alfonsín, tras el abandono de Sanz, largamente advertido, fue la excusa que necesitaba el ingeniero mendocino, para bajarse de una probable precandidatura que miraba a agosto, como el mes de las definiciones.

Alfonsín sextuplicaba en votos a Cobos, en la interna radical. Cada dos votantes del vicepresidente de la Nación se sometían a 12 votos  que obtenía el hijo del ex presidente. Esta es la verdadera razón, por la cual Cobos declina sus aspiraciones. Nadie en el radicalismo va a hacer una procesión por Cobos.

El presidente del Senado, a raíz de la 125, en lo más virulento del conflicto con el campo, balbuceó “mi voto no es positivo”. En ese momento y en ese lugar su figura se proyectó más allá de lo prudencial. Se instaló, y él no lo negó, como un posible eje de vertebrar la oposición al kirchnerismo. Cobos fue el sargento Cabral de San Martín. Estaba en el combate de San Lorenzo con el Gran General debajo de su caballo y a merced de las bayonetas de soldados españoles.

Cabral pasó a la historia por su coraje y la frase, “muero contento hemos batido al enemigo”. El general San Martín luego liberó a medio continente de la opresión realista. Cabral no fue un soldado anónimo, tuvo su momento de gloria en el campo del bautismo de fuego del Ejército Argentino. Cobos era el hombre necesario que desde su autoridad en el Senado, quebró la homogeneidad oficialista.

Cobos fue un ala del kirchnerismo, ahora un expío de sus culpas, en realidad deberían hacerse en el marco de una autocrítica no revoleando la media. Cada día que pasa, es claro que las internas del 14 de agosto abiertas y obligatorias no tienen  reglamentación. Mientras tanto el aparato oficial estatal hace un dispendio de fondos en propaganda oficial, maquillado como actos de gestión, pero son en abierta intención de ofrecer acciones gubernamentales.

CFK dirige la batuta, reglamenta las internas (de dudosa aplicación en agosto), se lanzará en una feria de Villa Martelli y tiene hasta diseñada su campaña electoral para el cuarto domingo de octubre. Será algo absolutamente desconocido en el país, por su formato, intensidad y duración.

Mientras tanto, la oposición sigue dilatando un eje real para enfrentar a la Casa Rosada, la ventaja del gobierno nacional va a ser indescontable. Están jugando al truco con naipes de poker.  En este aspecto han coincidido todos, hasta Ernesto Sanz renunció a la presidencia de la UCR para no perder más tiempo, se ufanó por su conducta, como una señal de transparencia.

Sanz decía estar con el short puesto y esperaba que la pileta se llenara de agua. Una figura bastante desafortunada, cargada de oportunismo y desprovista de convicciones. Sanz tuvo que morder también la clara identificación que el votante radical tiene por Ricardo Alfonsín. Sanz ninguneó a su adversario, se lo relacionaba con la nostalgia, desafiaba a mirar hacia el frente y decía que no tenía espejo retrovisor, que no necesitaba mirar para atrás. Es bastante difícil interpretar a Sanz y saber cuál era su verdadera intención, o mejor dicho cuáles eran sus avales, que han resultado insuficientes. Cómo ir al banco y no tener carpeta de crédito.

Pero Cobos y Sanz disponían de otro antecedente, que por ser figuras muy representativas, no debieron pasar por alto. En pleno apogeo de Cobos, éste libró una interna con Alfonsín, en el territorio bonaerense. Con otros datos cuantitativos y cualitativos, Posse, Storani y Moreau fueron aliados de Cobos en esa elección, eran el aparato en que se refugiaba el mendocino, fue lo que desafió Alfonsín.

 Siete de cada diez correligionarios de la provincia, apoyaron y le creyeron al diputado nacional. Es una lápida en política, para Cobos para Sanz o para cualquiera. Pero en ese resultado jugaron las convicciones y la manera de transmitirlas. No significa que ese nivel de adhesión, lo acompañe jugando de visitante. Cobos y Sanz desensillaron para evitar una debacle política personal, para mantenerse conectados al sistema.

En la cancha también existieron las diferencias. La tribuna no dudó ni cambió, sino que confió. Tanto Cobos como Sanz advirtieron que ineludiblemente sus horizontes estaban cargados de nubarrones, los que presagian una tormenta de proporciones. Sólo les resta margen, para intentar acotadamente acomodar el futuro de sus carreras políticas. A ambos la generosidad de Alfonsín, los ha llamado para sumar, para construir y para creer que desde un Frente con la UCR es posible recuperar la fuerza de un partido, que no se ha perdido pese a sus malos dirigentes y gobernantes.          

Jorge Elías Gómez

jgomez@mdphoy.com

Un comentario

  1. Un relato correcto, sobrio y de impecable análisis político. En modo alguno amable toda vez que pone blanco sobre negro las distintas actitudes y desnuda la vileza de alguna de ellas