Arte y Cultura, Teatro

Piñas van piñas vienen

Por el suelo. Este boxeador está acostumbrado a besar la lona, y reponerse.

Una bengala es una luz, pero dura un instante. En ese sentido, es un fulgor: como la vida de un deportista, que se apaga inevitablemente y necesariamente aquel que encarne ese rol debe buscar otros horizontes. Ese instante de claridad es precisamente en el que indaga Bengala, obra que llega del off porteño a El club del teatro (Rivadavia 3422) en una función el próximo sábado a las 21:30.

Bengala cuenta con un texto de Alfredo Megna y dirección de Armando Saire y Leonardo Odierna. Esta obra, que fue declarada de interés cultural por el Honorable Senado y Gobierno de la provincia de Buenos Aires, además ha obtenido varios reconocimientos, sobre todo en la actuación de Néstor Navarría, que recibió el María Guerrero en el rubro revelación actoral masculina.

Como diría Bonavena, “todos son muy amigos pero cuando subís al ring hasta el banquito te sacan”. Y precisamente en ese instante se mete el texto de Megna, que trae a la vida a Bengala, apodo de un viejo boxeador que se resiste al paso del tiempo y a abandonar el único espacio en el que conserva su identidad: el ring de box.

Con una puesta ascética, donde sólo sobresale una lona sobre la que el boxeador contará anécdotas y desandará su vida, la obra simula ser como un duro combate en el que el protagonista no saldrá del todo bien parado. Sin embargo, la crítica ha señalado la inteligente imbricación de momentos dramáticos con otros humorísticos, y la increíble composición de Navarría.

La bengala no sólo es el apodo del boxeador, sino aquel instante en el que la cabeza de una persona se esclarece y comienza a ver todo aquello que no pudo o no quiso. Bengala es una obra mínima desde la puesta en escena, pero dispuesta a estallar en el interior del espectador.

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