Deportes, Fútbol

El click de Passarella ya es ganador

A Suecia le ganamos fácil y a Boca le hicimos precio. Quienes dimos la vuelta frente a Racing en 1975, tras la frustración de 18 años,  y festejamos anoche el peludo ante la azul y oro en el José María Minella, podemos dar fe de haber vivido una felicidad, que hace mucho tiempo no se disfrutaba con semejante intensidad.

No fue un súper clásico más. Y habrá que ver si se acepta el desafío, de vestir una camiseta de igual modelo, como la que estrenó Boca anoche. Anoche en el viaje de retorno a Capital Federal del plantel derrotado, se daba como irreversible la renuncia de Basile, a una semana del comienzo del torneo oficial de AFA. “El banco se ha convertido en una silla eléctrica”, dijo uno de los colaboradores del “Coco”.

Ya es una anécdota, si Daniel Passarella ganó las elecciones por 2, por 6 o más votos. Lo que no es una anécdota es que anoche en esta ciudad, el equipo que dirigió Leonardo Astrada, hará entrar en una crisis que desde hace décadas no sufre Boca.

¿Qué será de Bianchi, Basile, Abbondanzieri, Riquelme y Palermo? La dirigencia de La Ribera deberá decidirlo, pero no será fácil ni tampoco la salida será rápida. Hay demasiadas explicaciones, que los responsables tendrán que darle a los hinchas, que supieron gozar con esos mismos nombres, de la gloria máxima que sólo el futbol puede brindar.

Esta madrugada a las 02.00, un colectivo de la 552 de la línea de transporte urbano de pasajeros 25 de Mayo, parecía una coctelera por la Avenida Independencia al grito “del que no salta es un bostero”, en un festejo casi desmesurado por haber ganado sólo un clásico amistoso por una copa de verano. Sin lugar a dudas fue una explosión contenida, que se compadece, como la de haber sido el club que más entradas vendió, en el último campeonato pese a su opaca campaña.

Anoche se acabó la historia más rica de Boca. Con esos cinco apellidos que han llegado al ocaso y al perigeo de su carrera. La azul y oro se convertirá en una carnicería de todos contra todos, por una razón muy simple; el triunfo no es eterno, sino que cambia de manos, y hay que saber resignarse, como soportar estoicamente 18 años sin salir campeón.

Anoche River dio el primer gran paso, para cambiar su historia desde el abismo donde nos dejó José María Aguilar, que irremediablemente nos llevaba a la autodestrucción. Daniel Alberto Passarella, como jugador, como técnico y ahora como presidente, se preparó para hacer a la banda roja, el club digno que todos los hinchas nos merecemos.

Anoche bajo su conducción como titular de la entidad, asestó un golpe de K.O. a los enconados adversarios de toda la vida. ¿Pero cómo lo hizo? Con mucha convicción y volviendo a la fuentes. No hay que engañarse, pero el equipo demostró estirpe, categoría y estilo, a pesar del mal momento (y algo más) de Boca. En el xeneize se cumplió un ciclo y cuanto antes lo acepte, más rápido saldrá de la incontinencia eufórica a la que se acostumbró con sus conquistas.

El triunfo de River y la derrota de Boca tendrán derivaciones, que podrán observarse con el transcurrir de los meses, y tienen que ver con el manejo de las instituciones, con el trabajo, la capacidad, la honradez y la tenacidad, atributos sin los cuales cualquier objetivo se vuelve inalcanzable.

Anoche hubo un doble click, uno hacia la recuperación luego de haber tocado fondo, el otro fue el que precipitó a Boca, en una clima irrespirable en lo inmediato, más allá del olor nauseabundo y pestilente del Riachuelo, que inmortalizó al gran Angel Amadeo Labruna entrando a La Bombonera tapándose las narinas.

Este ciclo de Passarella, acaba de iniciarse con el mejor de los auspicios, no caer en exigencias como malas consejeras, es el mejor camino para comenzar a edificar la monumental ilusión, de llegar al lugar que hace muy poco ocupó, en representación de Argentina, Estudiantes de La Plata.

Hacia allá vamos, pero es necesario comprender que no hay magia, sino convicciones, mucho temperamento y una hinchada que siempre ha respondido, con amor y orgullo a sus colores.

A algo le tengo miedo, a una definición del presidente del CARP; dijo Passarella “River es el club más político de la Argentina”. Para las elecciones faltan cuatro años, hasta entonces sólo hay que pensar en reconstruir a partir de las ruinas que nos dejaron.

JoGo

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