Arte y Cultura, Cine

Cuestión de etapas

Boleterías. Gente sacando entradas, una postal que se repite (foto: David Pafundi).

Por Cristian Ariel Mangini
www.fancinema.com.ar

El primer día de competencia internacional estuvo marcado por las etapas. Más allá de que no pude ver L´Illusioniste de Sylvain Chomet, aquí pueden leer la excelente reseña de Mex Faliero al respecto. Como decía, etapas. Ya sean las etapas de una epidemia incontrolable que amenaza con un Apocalipsis, la superación de una etapa romántica o el progreso a través de 7 etapas para derrotar a 7 ex novios, este ha sido un día que remarca esta cuestión donde el tiempo tiene una carga psicológica o emotiva que sirve para marcar un límite, subrayar un momento. Y también fue un primer día auspicioso donde se vio un muy buen cine, con una joya que resulta más que recomendable que la vean en el momento que puedan. Además se vio dentro de la retrospectiva de Pierre Étaix el doble programa conformado por el corto Heureux anniversaire y el largo documental Pays de Cocagne.

Suele usarse en exceso el término “rara avis”, acaso por una familiaridad algo difusa con el término. Sin embargo, si uno tuviera que definir a Fase 7 utilizaría –y con completa justicia- está definición. Si bien en la superficie es una comedia negra, lo cierto es que se trata de una película de género que incluye sin tapujos elementos del cine de acción, terror y ciencia ficción con una música de sintetizadores que rinde culto al cine de género de los ochentas. Aún más extraño y, porque no, saludable, es un elenco conformado por figuras tan disímiles como Federico Luppi, Daniel Hendler, Yayo y Jazmín Stuart, metidos en una película apocalíptica que incluye elementos como el N.W.O (New world order, quizá lo hayan escuchado en el disco Psalm 69 de Ministry) y las nuevas epidemias de enfermedades –incluso uno puede pensar en un paralelismo con la reciente paranoia por la Gripe A-, además de una crítica social que a veces resulta sutil y en otros momentos aparece con un trazo grueso demasiado evidente. A pesar de que el personaje femenino esta algo maltratado por un guión demasiado chato, principalmente en las interrelaciones entre personajes, hay secuencias de acción memorables y un clima opresivo que se hace extensivo a toda la película, sin perder su cuota de humor y las inocultables referencias cinéfilas. Entretenida y pochoclera sin ocultarlo, la película es más allá de sus irregularidades todo un hallazgo que esperamos que se perpetúe.

Luego el director se quedo para decir algunas palabras frente al público, siempre uno de los platos fuertes del festival hasta que surgen preguntas en las que uno tiene ganas de irse. Pero Goldbart dejo en claro algunas cosas interesantes, además de que hubo comentarios productivos que nos permitieron dilucidar algo del proceso creativo de la película. Y alguna de las primeras declaraciones fueron dirigidas al género en que está enmarcada la película, a lo cual respondió sin ningún tipo de inseguridad. “El género es, más que nada, una comedia que juega con el western y la ciencia ficción” y añadió que si tuviera que definirla sería una comedia negra. Además admitió la influencia del legendario John Carpenter, no solo en la música, sino que remarco que “cuándo tengo una duda miró una película de Carpenter”. Respecto a la elección del casting dijo que es “un puchero de cosas que es raro encontrar en una película”, además de los esfuerzos por conseguir a Federico Luppi. A pesar de una presentación en el territorio fantástico del festival de Sitges, el director admite que “no es una película de festival” sino que fue pensada como una película “para un multicine y comer pochoclo”.

Luego, casi sin tiempo, se almorzó algo, lo elemental para acordarse de que hay que comer algo para continuar en funcionamiento. La limitación de tiempo fue porque casi inmediatamente se presentaba en competencia la promisoria Tuesday, after Christmas, de Rasu Munteau que tuve la oportunidad de ver en un Ambassador sorpresivamente repleto de gente en su sala, con personas que se sentarón en el piso para ver el film. Y aquí hay que sacar a relucir una de las habilidades que tiene que tener todo espectador del festival. La de abstraerse en la película desde el minuto cero. Suele suceder que hay gente que llega a la sala y conversa, deja los celulares encendidos y habla en voz alta, circula tapando los subtítulos una vez empezada la película para ver donde hay asientos libres y hasta se queja abiertamente del film que esta viendo a los gritos (sin retirarse de la sala, que es lo malo, no critico ese irse a las puteadas que para mi es una de las cosas más copadas del festival porque hablan de la reacción del público “casual”). En fin, abstraerse y paciencia muchachos, de lo contrario no se puede escribir una crítica.

Con un guión quirúrgico trabajado desde lo dramático,Tuesday, after christmas narra el trayecto de una infidelidad que logra cargar con cada secuencia y cada silencio una serie de interrogantes que interpelan al espectador, sin caer en una resolución facilista desde la moral. El desarrollo sostenido por paneos y planos largos confía y sostiene en sus actores el peso del ritmo de la película, más allá de un uso de las elipsis que resulta algo tosco, sobre todo si tenemos en cuenta que el film intenta ser lo más natural y cercano posible. No hablamos solo de encuadres, los diálogos y los silencios trabajan tiempos donde asoma un realismo implacable que en el desarrollo psicológico de los personajes se aleja de la formula hollywoodense (sin criticar esta visión) y opta por otro tipo de registro donde su proximidad con Cristi (Dragos Bucur), el infiel en cuestión, levanta preguntas necesariamente al espectador. En el medio surgen cuestiones como el ocultamiento del mundo adulto a los niños, que se trasluce en esa secuencia final, donde la complicidad entre la disuelta ex pareja para ocultar que no es Papa Noel quién trae los regalos, remarca otra cosa que aceptamos con sutileza e inteligencia por parte de Munteau. Hay que decir también que a veces resulta algo densa y no todas las secuencias complementan con su duración a la intención dramática que se le pretende dar. Un ejemplo sería la secuencia en el consultorio odontológico, a diferencia de la secuencia donde Cristi comunica y admite (se admite) que le fue infiel a su pareja. Profunda e intensa, el film también pertenece a esa raza de películas que se catalogan como “lentas”, por lo tanto, poco pacientes, abstenerse.

Luego ¿Saben que?, café. El café también es fundamental, de hecho es fundamental aún si no comieron nada. Creo que saben porque y los que no lo saben, probablemente al quinto día recuerden que el café es imprescindible para hacer esto. La jornada diaria, la apreciación crítica, la redacción lógica (o que se pretende lógica) de palabras, todo eso requiere estar despabilado. Y la respuesta es, por ahora, café. La cuestión es que luego se vio a las 19.45 un doble programa de una de las retrospectivas más interesantes, que es la dirigida a Pierre Étaix.

El corto Heureux Anniversaire demuestra la genialidad del director francés para consumar en poco tiempo una comedia donde el uso del espacio y el sonido como leitmotiv es impecable, a partir de una pequeña anécdota que muestra un infierno urbano y mecánico donde aparece una incisiva crítica social, pero también una habilidad impecable para concatenar situaciones que llevan a la genial construcción del gag. De Pays de Cocagne es un poco más difícil hablar con certezas. Es un documental basado en el montaje de situaciones donde nuevamente aparece el urbanismo, pero también los contrastes de una Francia que se ilustra en casi todos sus colores. Además de derivativo e irresoluto por momentos, el material peca –o también puede ser una virtud- de caótico. Sin lugar a dudas la construcción visual del gag a través del montaje sonoro o visual demuestra la innegable habilidad del director, pero la extensión y algunas reflexiones frustrarán a quienes vengan viendo otro material de la retrospectiva.

Y si uno tiene una visión del film se puede charlar con colegas como José Miccio de la revista “La Otra” para contrastar o complementar, lo que siempre resulta saludable. Entre charlas, comer algo rápido y una derrota futbolística (soy de Newells, no se a que cinéfilo puede importarle este detalle) me llevaron a esperar hasta las 00 hs. donde tuve una epifanía. Me refiero a Scott Pilgrim vs. Los siete ex de la chica de sus sueños de Edgar Wright. Si, sonará comercial, “mainstream”, “cool”, tendrá mucho “Hype”, pero no pierdan el foco: es una comedia romántica donde sobra talento y ritmo, y merece ser visto ahora o en cualquier otro momento del año.

La película, basada en el cómic de Scott Pilgrim es una gran película absolutamente contemporánea. Rescata la inmediatez y se transforma en un relato genuinamente actual donde hay declaraciones de amor porque es una enorme comedia romántica, pero no solo eso: Scott Pilgrimes una declaración de amor a los videojuegos y a la nueva cultura de Internet, incorporando su lenguaje en lugar de singularizándolo o reflexionando sobre el mismo. Desde lo formal mantiene un vértigo visual que recuerda al hipertexto, al anime, a las sitcom y al cómic con una superficialidad y una naturalidad que hace que esta sea una película generacional imprescindible. Además, el ritmo rockero que habla de la escena independiente de la música norteamericana mantiene una banda sonora impecable, y el ritmo “up-tempo” que sostiene la película entre gags visuales y diálogos es frenético y caótico. Pero saludablemente caótico. Si no alcanza con estas palabras voy a ser más imperativo: VEÁN ESTA PELÍCULA PORQUE ES UNO DE LOS MEJORES FILMS DEL 2010. Por si fuera poco, también es una película sobre asumir los miedos y el pasado para poder mirar el futuro, diciéndolo de una manera ejemplar, sutil, natural.

Hoy se verá si llegamos a ver algo de la competencia y les comentamos. Se presentan Todos vós sodes capitáns de Oliver Laxe y Chantrapas de Ottar Losseliani.

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