Ciencia y Salud, Ciudad

Cerdo y pollo: un manjar afrodisíaco

“El pollo que comemos está cargado de hormonas femeninas, por eso los hombres que lo consumen tienen desviaciones en su ser. Además, los europeos tienden a sufrir calvicie por esos mismos alimentos”, afirmó el Presidente de Bolivia, Evo Morales. Así, se le sumó a los consejos de Cristina Fernández que meses atras había recomendado comer carne de cerdo, que según ella tenía un impacto positivo en la vida sexual, al punto de considerarla como “más gratificante que el Viagra”. Pero, en realidad, no existe en el mundo hormona de crecimiento de pollo en forma comercial y ninguna otra que puede hacerlo crecer. Mientras tanto, Carlos Horacio Giardinelli  (M.P. 4066) redactó una nota donde detalló el porqué de su afirmación.

La hormona de crecimiento del pollo es específica, producida por el propio pollo, solo puede hacer crecer a los pollos y no tiene ningún efecto sobre el ser humano, ni sobre ninguna otra especie.

Estos resultados son el fruto de un intenso programa de selección aplicado por las líneas genéticas a sus pies de cría y a sus abuelos, para obtener líneas de reproductores capaces de transferirles a su descendencia, los pollos parrilleros, ese extraordinario “vigor híbrido”.

También es necesaria una nutrición adecuada, que les permita expresar todo este potencial genético; una eficaz medicina preventiva y una exigente bioseguridad a fin de prevenir enfermedades infecciosas y parasitarias. No menos importante, es el esmerado cuidado de las condiciones medio ambientales y el uso de los implementos adecuados, así como el correcto y cuidadoso manejo al que son sometidos los pollos durante estos escasos 50 días de crianza.

Breve explicación científica:

La explicación a esta falta de respuesta es muy sencilla. Está demostrado que el mecanismo de acción de los anabólicos hormonales es indirecto, es decir, actúan sobre el “eje somatotrópico del crecimiento”. Lo hacen estimulando los núcleos suprao-óptico y paraventricular, lo que aumenta la increción hipotalámica del factor de liberación de somatotropina (GRF), que a su vez desencadena la liberación de hormona de crecimiento (STH) por parte de la adenohipófisis. Este aumento de somatotropina circulante estimula la adenilciclasa a nivel de la membrana celular de los hepatocitos, con la consecuente transformación de ATP en AMPcíclico, lo que induce la expresión del gen IGFI, con el consecuente aumento de la producción e increción a la circulación periférica de somatomedinas (IGFI e IGFII) así como la de sus respectivas proteínas plasmáticas transportadoras (IGFBP). Estas somatomedinas circulantes son las responsables de los efectos sistémicos de la STH (Control endocrino del crecimiento).

La STH también incrementa la producción local de IFGI y la expresión de los receptores IGFIR en diversos tejidos (óseo, muscular y adiposo), responsables del control paracrino o autocrino del crecimiento.

Ya que se trata de un animal muy joven, el pollo presenta durante todo su período de crianza un “eje somatotrópico del crecimiento” trabajando naturalmente a pleno, con niveles muy altos de somatotropina y somatomedinas circulantes así como de expresión de receptores IGFRI en los tejidos periféricos. Esto torna prácticamente imposible lograr una respuesta, tratando de estimular iatrogénicamente un sistema que se encuentra trabajando a su máximo potencial.

En conclusión, todo el mundo puede consumir pollo con absoluta garantía y tranquilidad. No tiene ninguna hormona agregada de ningún tipo.

Solo deben asegurarse que los pollos tengan la identificación del productor responsable y el número oficial de habilitación del establecimiento por SENASA, información que encontrará en la bolsa que lo contiene o la cucarda fijada en la piel.

Confundir hormonas con nutrientes como vitaminas, minerales, aminoácidos, etc. ha sido muy común. Estas opiniones sin sentido pueden perjudicar a uno de los sectores más modernos y desarrollados del país, que ha generado puestos de trabajo, alimento y riqueza, y que no puede quedar con una imagen de que está produciendo alimentos para el mundo de forma irresponsable. El efecto de estas malas influencias ha sido muy perjudicial. Estos individuos se valen del desconocimiento de las personas para, con palabras y frases impactantes, despertar la duda y la inseguridad. Ellos dicen “Dejen de comer pollo. Las hormonas de los pollos comprometen el balance hormonal de los seres humanos que los consumen”. Al contrario, nosotros los técnicos, debemos emplear argumentos como los recién presentados, diciéndole a las personas que: “No dejen de comer pollo, pues los pollos son saludables. No dejen de comer pollo, pues los pollos nos ofrecen una cantidad significativa de nutrientes, por un precio incomparable, y en las más variadas formas de presentación”.

Finalmente, concluyo afirmando que nuestra misión como técnicos es de no tolerar estas aseveraciones falsas. Por otra parte, nuestras asociaciones de clase deberán ser más rigurosas con todos los individuos que se valen de la falta de preparación de los ciudadanos para crear un clima de duda e inseguridad.

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