Opinión

Carta abierta a los candidatos a Gobernador de la Pcia.

Al menos así se los ve. Habría que comprobar si es solo una pose o si realmente están decididos a trabajar. En nuestra opinión son puros amagues, como siempre…

Desde APROPOBA hemos dicho hasta el hartazgo, desde hace varios años, reiterado incluso en más de una campaña electoral, que todos los planes de seguridad, cualquiera sea el gobierno de turno, todas las inversiones que se hagan, los mejores patrulleros, armamento y pertrechos, los mejores jueces, absolutamente todo servirá de muy poco o de nada si, previamente, el estado no se ocupa -de verdad- de invertir en las necesidades elementales de los seres humanos, de carne y hueso, que son los policías, funcionarios encargados de hacer cumplir la ley y llevar a la práctica las políticas de seguridad, de administrar el uso de los elementos que provea el estado y de arriesgar la vida en cumplimiento de su misión.

Nuestros gobernantes y legisladores insisten en seguir hablando de inseguridad y prometiendo soluciones, sin reconocer la deuda pendiente con el principal elemento de la seguridad, que es el personal, y por supuesto sin asumir el compromiso serio de solucionarlo, con prioridad o simultáneamente a cualquier otra medida a tomar. Ello es motivo de gran preocupación en la fuerza porque se intuye que, una vez más, los programas no irán mas allá de los discursos y alguna que otra compra millonaria para mostrar al público; y por lo tanto, los uniformados deberán seguir conviviendo con la ingratitud de una lucha desigual y estéril, en la que el delincuente seguirá haciendo de las suyas, y el ciudadano continuará en libertad condicional, tras las rejas y los blindajes de sus domicilios.

Hace años que desde APROPOBA venimos advirtiendo que los policías no tienen adecuado entrenamiento en el manejo del arma que se les provee ni prácticas de tiro, causa principal de hechos desgraciados, en que el uniformado termina en la horrible disyuntiva de pagar su ineficaz proceder con su libertad o con su vida…

Dijimos y reiteramos, una vez más, que el policía no es un empleado público común a las demás actividades. Su trabajo es un servicio a la comunidad, que consiste –nada menos- en velar por la vida, honra, bienes y derechos de la gente y contribuir al sostenimiento del orden democrático, aún a riesgo de su propia vida. Es el brazo armado de la sociedad. En contrapartida el pueblo-estado, además de otorgarle al policía una remuneración que le permita vivir decorosamente -lo cual obviamente no hace-, debe hacerse cargo de todas las consecuencias que sufriera producto de su riesgoso trabajo, entre otras cosas las lesiones, trastornos en la salud o la muerte; y de efectivizar con máxima prontitud y prioridad a todo otro compromiso, las compensaciones económicas establecidas por ley.

Sin embargo, en nuestra provincia de Buenos Aires el gobierno nos abandona. Vemos habitualmente a camaradas policías heridos en servicio, algunos inclusive discapacitados, cansados de esperar años, que terminan encadenándose a las puertas del Ministerio reclamando lo que les corresponde. Así y todo, la insensibilidad, la indiferencia, se mantiene imperturbable.

Hemos alertado permanentemente a toda la dirigencia, que el policía en la provincia de Buenos Aires no tiene descanso, y ello conspira enormemente contra la efectividad de todos los planes, por buenos que sean. En contra de toda legislación laboral y de recomendaciones de organismos internacionales como de la OMS y de especialistas argentinos, y de otros países, el policía está sometido a un stress permanente que es perjudicial para su desempeño; y también contraen distintas patologías derivadas de los trastornos del sueño, consecuencia de los dispares turnos de labor y la cantidad excesiva de horas trabajadas sin el imprescindible descanso ni esparcimiento. Deben trabajar tiempo extra que le permite mejorar sus ingresos para poder alimentar a la familia, porque sus sueldos son los más bajos de todas las actividades, públicas o privadas.

Tampoco se le permite reclamar. Y como para cerrar el círculo del maltrato, y que el policía no pueda hacer oír sus quejas, se le niega también el derecho universal de agremiarse, en contra de lo recomendado por foros internacionales como la Organización Internacional del Trabajo; como ya lo ejercen la mayoría de los países del mundo, incluidos nuestros vecinos Uruguay y Brasil.

Con las reformas y contra reformas de la ley de personal, finalmente el gobierno dispuso un reescalafonamiento que perjudicó en grado superlativo a todos los efectivos en actividad y retirados que, con la antigua Ley 9550, ostentaban el grado de Suboficial Principal y Suboficial Mayor. Los descendieron tres grados y consecuentemente se les redujo el sueldo a la mitad. Un verdadero despojo inconcebible por lo inhumano, que si se le hiciera a trabajadores de cualquier otro sector público, sin duda ya tendrían, desde el primer momento, las calles cortadas por piquetes y la legislatura apedreada, para empezar.

Otro de los  numerosos reclamos de la fuerza es el caso de nuestro camarada JORGE BELLO, un emblema de la desidia de nuestros gobernantes, que aún perdura, y para APROPOBA una de las banderas que jamás arriará…

En el año 1975, plena vigencia de la democracia, con un gobierno legítimamente elegido por el pueblo, el Oficial JORGE BELLO que por entonces tenía 23 años, fue sorprendido por el accionar artero de la guerrilla terrorista, que había colocado una bomba en un automóvil dejado como señuelo, en un barrio de Quilmes. Nuestro compañero quedó irremediablemente ciego a consecuencia de las gravísimas lesiones sufridas por aquel explosivo, que –dicho sea de paso- toda la dirigencia argentina de hoy sabe muy bien quienes lo colocaron y que objetivos perseguían con sus salvajes acciones criminales en aquellos tiempos. La vida de BELLO, un ciudadano argentino, un trabajador como el que más, cambió para siempre; su carrera quedó trunca y su economía acotada a aquel sueldo de policía casi principiante…

Transcurrieron 35 años de aquel repugnante episodio y BELLO ya sumó 58 años a su vida. Ni un solo día dejó de luchar por sus derechos y los de sus compañeros que en el futro resultaran victimas de discapacidades en el cumplimiento del deber. Obtuvo algunos logros que hoy usufructúan otros camaradas. Pero resulta que –paradójicamente- él y un grupo de policías retirados con lesiones gravísimas como él, sufridas en aquella década, quedaron afuera de todo reconocimiento. Argentinos atacados solamente por vestir un uniforme que representa al estado, argentinos que merecen el otorgamiento del grado y sueldo máximo de su escalafón como para compensar, en parte, la pérdida sufrida, son hasta hoy deliberadamente dejados de lado por mezquinos y espurios razonamientos políticos.

A los policías, en el cometido de nuestra misión no nos interesan la ideología política, ni raza, credo o condición social de la ciudadanía. Todos son seres humanos merecedores de lo mejor y máximo esfuerzo de nuestro servicio. Es así como BELLO y sus compañeros, trabajando de policía, cumpliendo con el deber que le había impuesto la sociedad y las leyes vigentes en ese tiempo, de democracia, fueron víctimas del ataque aleve del terrorismo. No de otra manera. Sin embargo la democracia aún se hace esperar, con tanta indiferencia que pareciera que a los policías hay que castigarlos siempre, incluso cuando son víctimas…

Mientras tanto, casi como una burla a nuestra dignidad, a los asesinos que pusieron aquellas bombas y ametrallaron policías, o a sus familiares, los distintos gobiernos los han colmado de indemnizaciones y subsidios; se les ha otorgado beneficios impositivos, han sido restituidos en sus trabajos, beneficiados con altos cargos y hasta cubiertos de honores. Han gastado y gastan sumas siderales en millones en complacerlos. Y se olvidan que si hoy están disfrutando de los cargos que les permite la democracia, si todos estamos viviendo en libertad, en gran parte lo deben a los argentinos de uniforme como el Oficial BELLO y tantos otros, que han dejado jirones de sus cuerpos, cuando no la vida, poniendo el pecho valientemente a los ataques guerrilleros de los `70…

Nuestros dirigentes políticos deben saber que el reclamo de BELLO y de once policías mas en similares condiciones, como el reclamo de los heridos por la delincuencia común, sigue estando en la consideración de toda la fuerza policial, en especial de las nuevas generaciones de uniformados que hoy analizan la conveniencia de ser un policía entregado por completo a su misión, o ser un mero empleado público, tranquilo y sin correr mayores riesgos, dedicado a sumar tiempo para completar su carrera y alcanzar un retiro seguro, con la jerarquía máxima posible.

Estas exigencias no son caprichosas y no son las únicas. Satisfacerlas es una condición indispensable, que por ser tan obvias resultan hasta infantil tratarlas. En todos los países civilizados, normales, cuyos dirigentes gobiernan para todo el pueblo y no para un sector, este tema de las necesidades y asistencia al personal policial y el respeto por sus derechos, es asunto superado, antiguo, que ya no se discute: La seguridad es el servicio público más oneroso. Es inadmisible pretender una policía eficiente que cueste poco. Y no se le puede exigir a un policía que vele por los derechos de los vecinos, cuando no puede hacer respetar los propios…

Por lo tanto los policías esperan ansiosos que cualquiera sea el candidato que resulte electo, que no se quede en los discursos; que junto a su policía asuma de una buena vez un efectivo abordaje integral de la cuestión inseguridad, que nunca podrá ser sin la solución, como prioridad absoluta, de los problemas y necesidades del personal, y por lo que APROPOBA viene bregando. Que superadas estas falencias, las autoridades tendrá a toda la fuerza policial mejores condiciones y actitud, agrupados y cohesionados con entusiasmo para cumplir satisfactoriamente con los planes tendientes a recuperar la seguridad para los bonaerenses.

07 de Agosto de 2011.

Jesús Evaristo Scanavino
Comisario (ra)
Secretario de Organización de Apropoba

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