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Alegría, fe y profunda devoción en la fiesta de la Virgen de Lourdes

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Una verdadera fiesta de fe se vivió ayer por la tarde en la Gruta de Lourdes, del puerto de Mar del Plata, que en este año está cumpliendo 75 años de existencia. Miles de personas se acercaron a expresar su devoción a la Virgen, y a “dejar a sus pies” sus intenciones.  El obispo de Mar del Plata, monseñor Antonio Marino presidió la celebración y posterior procesión por la calles del puerto; y estuvo acompañado del vicario general de la diócesis, presbítero Gabriel Mestre y el párroco del lugar, presbítero Hernán David junto a decenas de sacerdotes, diáconos y seminaristas.

Minutos antes de las 19, la gruta ya estaba colmada de fieles. Luego del rezo del Rosario, la artista Cecilia Milone entonó el Ave María. Algunos jóvenes voluntarios tomados de las manos, formaron un “cordón humano” para permitir el paso del carro adornado con miles de flores, que portaba la imagen de Nuestra Señora de Lourdes. Con pañuelos en las manos, y muchos con lágrimas en los ojos, recibieron a la Virgen con vivas y aplausos y luego comenzó la santa misa.

“Setenta y cinco años han transcurrido desde la inauguración de este lugar privilegiado de la geografía religiosa de Mar del Plata. Desde entonces, la Congregación de las Pequeñas Hermanas de la Divina Providencia es testigo de la afluencia de verdaderas multitudes que acuden a este santuario, buscando en la intercesión maternal de la Virgen la experiencia de las entrañas de misericordia del mismo Dios”, inició diciendo en su homilía, monseñor Marino.

“Ellas brindan aquí, además, un ejemplar servicio de caridad hacia los ancianos y enfermos, que armoniza con el espíritu de las apariciones de Nuestra Señora en Lourdes. Como Obispo de esta diócesis deseo expresarles mi gratitud por su testimonio y mi aliento para continuar la tarea”, continuó el Obispo, resaltando la tarea de las religiosas que están en la gruta.

Más adelante, el pastor de la Iglesia Católica de Mar del Plata,  se refirió a la vida de Bernardita Subirous, la joven campesina de catorce años, a quien la Virgen se le apareció durante 18 veces en 1858, en Lourdes. “A través de la Virgen María, que elige a esta pobre muchacha, el Señor nos recuerda el camino de la simplicidad. El papa Francisco viene insistiendo, desde su elevación a la cátedra de Pedro, en la necesidad de salir a anunciar y de ir al encuentro de las periferias geográficas y existenciales. En nuestra ciudad son numerosas”, señaló el obispo.

Nuevamente, Marino exhortó a los fieles a la evangelización, “la misión debe ser una dimensión permanente de nuestro quehacer como miembros de las Iglesia diocesana de Mar del Plata. Es preciso incorporar esto en nuestros reflejos más profundos: salir, anunciar, evangelizar. El evangelio es para todos, y en primer lugar tenemos la obligación de llevarlo a los pobres. Muchas veces encontramos en ellos, corazones bien dispuestos, que saben abrir espacio a Dios”.

Finalmente, el obispo, expresó “en el día de la Jornada Mundial de los enfermos, el mensaje de Lourdes debe ser también un recuerdo apremiante para atenderlos siempre con amor. Vuelvo a dar gracias a estas hermanas y a todas las instituciones de caridad que salen al encuentro del rostro de Cristo en los muchos rostros de los hermanos más necesitados”. “Queridos hermanos, que la Virgen nos ayude a entender nuestra misión inspirada en la suya: llevar a Cristo y hacerlo presente como causa de alegría”, concluyó.

Al finalizar la eucaristía, todos se dispusieron a realizar la procesión; nuevamente la imagen de la Virgen salió de la gruta, y fue escoltada por la Fuerza Armada y los miles de peregrinos que recorrieron desde Magallanes hasta Martínez de Hoz, y allí retomaron 12 de octubre para retornar a la gruta.

En la intersección con Bosch, el punto más alto de la ciudad, la procesión se detuvo por unos momentos y la imagen de la Virgen se giró, para ubicarla mirando en dirección al mar. El Obispo recordó a los pescadores que están navegando, los que han fallecido e hizo una bendición especial. Mientras tanto, algunos de los abuelos del Hogar y las religiosas esperaban a la Virgen en la puerta del hogar de ancianos y enfermos crónicos. Con lágrimas en los ojos, uno de los abuelos del hogar contempló en silencio a la brillante imagen de la Virgen de Lourdes  que se acercó hasta el cordón de la vereda, y la saludó con la pequeña toalla que tenía en sus manos.

La procesión continuó por Don Orione y retomó por Magallanes, nuevamente en el interior de la gruta, el obispo diocesano, realizó la exposición del Santísimo Sacramento, y luego la bendición. La banda del GADA 601, entonó las estrofas del himno nacional argentino. “Estoy feliz al contemplar esta multitud, este fervor en la salida y a la entrada de la Virgen a la gruta. Ha sido para mí una gran emoción, he visto muchas gargantas anudadas, la mía también. Es hermoso vivir esto y rendir homenaje a nuestra Madre. Los invito a prolongar en la vida cotidiana la belleza de lo que hemos celebrado en la liturgia. Cuando el corazón está lleno de estas convicciones, este fervor, es imposible que no se traduzcan en la conducta de  cada día. Gracias de nuevo a todos los que hicieron posible esta fiesta mariana, con tanto esplendor, muchas personas que colaboran para que sea una procesión lucida, ferviente, popular. No tengo más palabras que gracias y hasta el año que viene”, manifestó el Obispo en el final de la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes. Luego cantando “adiós, adiós”, la multitud ferverosa se despidió de la Virgen, hasta el año que viene.

 

Oficina de Prensa | Obispado de Mar del Plata

Pasaje Catedral 1750 PB

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