El manejo de los tiempos. Algunos quieren acelerar procesos; otros, ralentizarlos. Esa disyuntiva atraviesa el debate interno en el oficialismo y la oposición por estas horas. En el peronismo, aparece detrás de las dos fotos que en horas pusieron sobre la mesa una lógica de construcción de polos de poder (Cristina/Massa contra Kicillof/Grabois) previa al debate de candidaturas. Y en La Libertad Avanza, luego del acuerdo con gobernadores que permitió sostener el DNU 70/23 en el Congreso, se evidencia en la discusión sobre si ese entendimiento abre la puerta para intentar avanzar ya con una conversación electoral, o si les conviene esperar.
Las dos fotos del peronismo tienen estatus institucional diferente, pero similar efecto político. La primera, que muestra a Kicillof con Juan Grabois caminando por la villa La Cava, en San Isidro, fue difundida oficialmente en el marco de una visita de gestión al distrito realizada el miércoles. La otra imagen da cuenta de Sergio Massa saliendo el viernes del departamento donde Cristina Kirchner cumple prisión domiciliaria tras una reunión a solas con ella, y fue tomada por alguien que supuestamente pasaba justo por San José 1111. En ambos casos, funcionan como la documentación que acredita públicamente movidas subterráneas previas.
La reunión de Massa con Cristina se había pactado hace unos diez días, pero la justicia recién la habilitó para el viernes, dijeron voceros de ambos campamentos. Igual, quedó flotando el contraste: lo que hizo Massa justo a horas del Día de la Lealtad es lo que se niega a hacer Kicillof. El exministro de Economía juega con la posibilidad de ser candidato y mira de reojo un dato clave: el tiempo pasa y la Expresidenta no encuentra el suyo para el caso en que finalmente no pueda esquivar la prohibición judicial de presentarse. El juego es tan abierto que Máximo tuvo que negar hace unas horas una candidatura compartida con el tigrense.
“Con Juan venimos hablando hace un tiempo”, dicen en Gobernación respecto del acercamiento a Grabois. Pero ahora hubo concreción: antes de pasar por La Cava, el dirigente social había dicho en una entrevista: “Si Cristina no es candidata, es obvio que el candidato es Axel. Cualquier otra cosa es un delirio total”. Funciona aquí aquella vieja máxima según la cual los enemigos de mis enemigos son mis amigos: Grabois está enfrentado con Massa desde las PASO presidenciales de 2023, y se para siempre en la vereda de enfrente. Para Kicillof, su figura implica un “baño de izquierdismo” que compensa los gestos al poder financiero de los últimos meses.
Por detrás de las fotos se habla de los tiempos del proceso de poder. El 17 de octubre volvió a mostrar una imagen esperable, poco sorprendente a esta altura, de las lealtades divididas: cada bando con los propios sin líder que aglutine. Pero los discursos fueron menos beligerantes de lo esperado: Kicillof reivindicó a Cristina, aunque dijo que hay que renovar el peronismo; Máximo pidió discutir el programa de gobierno, aunque volvió a postular a su madre. Para muchos, es parte de una consideración compartida que comienza a instalarse: preservar puentes que sostengan una candidatura de unidad, con PASO -poco probable- o sin primarias.
Para las definiciones faltan siglos, pero los efectos de ese horizonte compartido se plasman ahora. La lógica de “polos” tiene que ver con eso: sumar poder para la pulseada final. Claro, cada cual la imagina a su modo: Kicillof quiere interna, es probable que Cristina y Massa se sientan más cómodos en la negociación de mesa chica. Los tiempos también difieren: el gobernador siente que lo apuran para que explicite su juego, y se apresta a resistir confiado en que cuanto más tarde, mejor. El cristinismo espera por su penúltima apuesta: si la ONU toma su caso ahora, acelerará a fondo para presionar por la habilitación de la candidatura.
Los otros tiempos
En el gobierno saben que el respaldo de varios gobernadores en el Congreso a la continuidad del decreto 70/23, que evitó una crisis política, no se puede traducir automáticamente a otras votaciones, especialmente a la que desvela a Diego Santilli desde hace meses: la que determinaría, con un formato u otro, que el año que viene no haya PASO. Sin embargo, algo de esa aritmética de la adivinación política existe: Javier Milei comprobó una vez más que cuando las papas queman se puede apoyar en un poder territorial donde aparecen fragmentos de peronismo incluidos. Su jefe de Gabinete, además, salió fortalecido.
Pero aquí, como en el peronismo, el factor tiempo también mete la cola. Santilli cree que hay que intentar un arreglo ya, igual que Santiago Caputo y que su tío, Luis Caputo, el ministro de Economía, este último porque barrunta que serviría para prevenir turbulencias de los mercados, que en año electoral pueden ser muy intensas. Pero los primos Menem suponen otra cosa: apurar los tiempos con los gobernadores implica abortar -o relegar- anticipadamente armados competitivos propios en las provincias, porque la primera exigencia que plantearán esos mandatarios será que no les estorben los comicios locales. Define Karina, pero aún no se sabe para qué lado.







