
La mesa está servida en el estudio de ¿Qué paso? FM Cielo 103.5. Hay hielo, una lonchera y el sonido inconfundible de la soda rompiendo el cristal. Nicolás Tortolini, un periodista de Carlos Casares radicado en La Plata, no vino solo: trajo a su hija de 10 años y a “Don Mariano”, el proyecto familiar que empezó como una distracción y hoy es un producto reconocido, “Estamos acá porque Joaquín nos ha invitado para contar un poco sobre el vermut”, arranca Nicolás, mientras cuenta como se fue transformando el mercado
Del “error” artesanal a la medalla de plata
El camino de Don Mariano no fue lineal. Nicolás cuenta que el mercado mutó: mientras las cervecerías artesanales flaquean, el vermut vive su época dorada. Sin embargo, la magia de lo artesanal tiene sus riesgos. “Lo artesanal tiene estas cosas: un pequeño inconveniente hace que todo cambie”, explica Nicolás al recordar cómo un accidente con una damajuana de 5 litros que se derramó cambió el sabor del segundo lote.
Pero el rigor matemático del master distiller con el que trabajan dio sus frutos. Con el gin, pasaron de un debut accidentado a la gloria internacional. “Sacamos 68 puntos con el gin, estuvo al borde de irse al descenso, casi no hacemos más”, confiesa entre risas. Tras capacitarse y ajustar la receta (especialmente el cardamomo que “tapaba todo”), lograron “87 puntos, medalla de plata en Mendoza y bronce en Londres”.
“No era el abuelo, era Perón”
Uno de los momentos más graciosos de la charla surgió al hablar de la identidad de la marca. La etiqueta lleva la cara del abuelo de Nicolás, un hombre de campo, pero el primer diseño tuvo un error de interpretación histórica desopilante. “Mi hermano vino todo chocho con una etiqueta y era el general Perón, no era el abuelo”, relata Nicolás. La respuesta fue inmediata: “Le digo Buen homenaje al general, pero el abuelo era radical”. Finalmente, la foto fue digitalizada con su boina correspondiente, rindiendo tributo al hombre que inspiró el nombre.
El sabor de la infancia y el ritual de la soda
Al probar el vermut —hecho con base de vino moscato y sin azúcar agregada—, aparece un sabor que despierta la nostalgia de los “más de 40”. “A mí me viene el moscato y ese sabor de los caramelos Media Hora”, comentan en la mesa. Nicolás confirma el hallazgo: “Es el anís que está presente junto con el ajenjo”.
Sobre cómo beberlo, la grieta se cierra en el gusto personal. Mientras que en España se toma puro o con una oliva, aquí la tradición manda otra cosa. “El vermud se toma como a cada uno le gusta. Las tradiciones son una cosa y los gustos personales son otra”, sentencia Tortolini. Se recomienda con soda para hacerlo más liviano o con tónica para un toque dulzón.
Para él, lo artesanal es una experiencia: “Yo no hago redes, prefiero buscar los espacios de reunión y encuentro para tomar que la masividad”.





