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Visita de rigor: Gallo cumplió el protocolo; La orden política vino de arriba y así es difícil

(Foto Gentileza La Capital)

Como si se tratara de un equipo de fútbol a la deriva, que como necesita urgentemente hacer puntos y goles agrega delanteros a la cancha y cambia permanentemente de director técnico, Mar del Plata suma y suma patrulleros y agentes, y pone y saca jefes policiales como si fueran objetos de decoración.

De este modo, supone combatir una inseguridad que crece hora tras hora. Pero poner más delanteros y cambiar técnicos no garantiza absolutamente nada.

En los últimos días, el gobierno de la provincia de Buenos Aires anunció una profundización del despliegue policial en Mar del Plata, con «nuevos operativos, mayor presencia de las distintas especialidades de la fuerza y un refuerzo de las investigaciones contra las organizaciones dedicadas al robo de autos y motos, el narcomenudeo y otros delitos».

Nada que no se haya hecho en los últimos 20 años, donde la inseguridad, salvo algunos contados intervalos, no ha hecho más que incrementarse dramáticamente.

Y en las últimas horas, el distrito acumuló su quinto jefe policial en poco más de 2 años. Tal vez un triste récord.

Luego de la sorpresiva detención en mayo de 2024 del ex Jefe de la Policía Departamental José Luis Segovia, acusado de posible asociación ilícita y de montar una policía “paralela”, entre otros graves delitos, el ministerio de Seguridad bonaerense intervino formalmente la fuerza.

Pero el 26 de junio de aquel año desde La Plata confirmaron al comisario inspector Luis Senra como sucesor de Segovia, lo que generó una queja airada por parte del gobierno local de Guillermo Montenegro, por no haber sido consultados sobre la designación.

Lo que siguió fue un caos.

Por un lado, se le quitaron todos los recursos de patrullaje a las comisarías para traspasarlos al Comando de Patrullas, ubicado en Laprida y Tucumán. ¿Qué significó eso en la práctica? Que quienes acudían a un llamado de un vecino al 911, eran los efectivos de dicho Comando y no los de la comisaría. Con esto, “se busca un mejor tiempo de respuesta y un enfoque directo en la emergencia, cosa que antes podría llegar a estar disperso por cuestiones propias de las demandas de la comisaría de jurisdicción”.

«Las unidades a cargo del Comando de Patrullas para una mejor respuesta en la ciudad». Así se explicó la decisión de las máximas autoridades policiales de la provincia.

Los efectivos de las comisarías conocen el barrio, conocen cuáles son las zonas más peligrosas, y con esa idea patrullan. Ahora, por ejemplo, un agente que estaba asignado en el centro, lo mandan al puerto, y va, cumple su trabajo, pero no conoce la zona. O sea, no se involucra”, le graficaba a este medio una fuente policial. Y remataba: “No se puede manejar una ciudad como Mar del Plata a control remoto”.

Otro cambio sustancial que se puso en práctica en aquel entonces fue que las más de 80 cuadrículas pasaron a ser 60 zonas. Se trataba de áreas delimitadas en las que un patrullero del Comando de Patrullas tiene su presencia y no puede salir de allí, excepto en apoyo de otro móvil en una zona lindante.

Al reducir el número de cuadrículas, hay zonas que quedan sin patrullaje. Si ya antes eran pocos efectivos para 80, imagínate que ahora, si bien son menos, son más grandes. Y la cantidad de patrulleros y agentes no subió”, advertía Héctor Blasi, referente de la ONG marplatense Víctimas del Delito, y un activo luchador contra la inseguridad.

Por supuesto, el plan fracasó.

Semra apenas duró 8 meses en el cargo, y fue reemplazado por Edgardo Vulcano en febrero de 2025, quien permaneció aún menos tiempo, ya que el 8 de agosto de aquel año asumió las funciones el comisario inspector Cristian Fontana, de extensa trayectoria en la ciudad pero que en los últimos años había cumplido funciones en el conurbano y que desde hace unos meses estaba en el Grupo de Policía Motorizada nuevamente en Mar del Plata.

En la actualidad, el distrito cuenta con 2.800 policías armados en funciones, «de los cuales 2.300 están abocados de manera directa a tareas de prevención en la vía pública junto a unidades especiales como la UTOI, Infantería y Policía Rural, complementados por las divisiones de investigaciones y 500 efectivos en áreas de apoyo».

En la jornada de ayer, el ministerio de Seguridad provincial, a cargo de Javier Alonso, anunció la designación de Valerio Gallo (foto portada, en el medio, abajo) como jefe de la bonaerense en la ciudad en reemplazo de Fontana.

Gallo es un ilustre desconocido en estas tierras. Su curriculum dice que fue titular de la policía comunal de Pinamar, un distrito infinitamente menos complejo y más pequeño que General Pueyrredon.

La verdad que la jefatura departamental es un gran problema, no se entiende cómo sacaron y volvieron a poner a Fontana, que es un inoperante en materia de seguridad, te lo garantizo”, le dice sin tapujos a este medio una fuente inobjetable de la propia fuerza.

Y añade un dato: “A Gallo lo puso Bianchi”.

¿Quién es Dante Pérez Bianchi? El nuevo superintendente, proveniente de la DDI de Morón, quien tendrá bajo su responsabilidad la conducción policial de la jurisdicción. Movidas que se hicieron en las últimas semanas desde la administración de Axel Kicillof para intentar contener un conflicto que se está desbordando.

Y que muestra a las claras la «conurbanización» de Mar del Plata.

El desborde también involucra al gobierno del intendente interino Agustín Neme, quien está sufriendo cada vez más cuestionamientos por parte de todo el espectro dirigencial, incluyendo al jefe comunal en uso de licencia Guillermo Montenegro, y del hombre todopoderoso de la comarca, Florencio Aldrey Iglesias.

Es que el gobierno bonaerense culpa a la administración local de usar mal los recursos que se le giran en materia de Seguridad, o directamente de no usarlos.

Hace pocos días, un grupo de empresarios, dirigentes y referentes de distintos sectores locales elaboró un documento en el que plantea su preocupación por la creciente inseguridad, y advierte que “no se trata de una cuestión partidaria” sino de “poner sobre la mesa problemas concretos” que requieren respuestas concretas». Quien se puso al frente de la movida fue el propio Aldrey.

En verdad, el texto se dedica a varias cuestiones de la ciudad, apuntando a una gestión cada vez más cuestionada, pero que muchos de los firmantes no dudaron en apoyar. Pero ese es otro tema.

Cabe recordar que entre el viernes 31 de julio y el sábado 1 de agosto, es decir en solo 48 horas, se produjeron en Mar del Plata tres horrendos crímenes, que sacudieron a la sociedad y a la dirigencia.

Días después, se registró un cacerolazo en la ciudad en reclamo de más seguridad, y en una marcha posterior, un grupo de vecinos autoconvocados se manifestaron en la puerta de la sede de la Jefatura Distrital local, en Gascón y Entre Ríos, bajo la misma consigna, donde se produjeron algunos incidentes.

Es que la paciencia se agota.

En lo que va del año, medido entre enero y agosto, el distrito registra 30 homicidios dolosos. Durante todo el año pasado, se registraron 31 crímenes. Es decir, que en 8 meses de este año, ya se produjo casi la totalidad de los homicidios perpetrados en 2025.

Sólo en febrero último, hubo 8 asesinatos.

Aunque, vale decir, se está lejos de los picos registrados en 2013 (89 homicidios) y 2014 (77 homicidios).

La tasa de homicidios dolosos en Mar del Plata se ubicó en 4,65 cada 100.000 habitantes según los registros oficiales. Si bien lejos de distritos del conurbano como La Matanza (8,02), también se trata del doble que Bahía Blanca, que registra 2,46.

Para tomar nota. Y aumentan cada vez más los distintos delitos.

En los últimos tres años, el delito creció un 23,4%: de los 25.400 registrados en 2022 a los 31.342 de 2025. Y entre 2024 y el año pasado, lo hizo en un 9%, con los 28.750 delitos contabilizados.

Los números surgen de la propia Municipalidad a través del la Dirección General de Análisis Estratégico del Delito y la Violencia (CeMAED), que integra la estructura de la Secretaría de Seguridad, hoy a cargo de a cargo de Rodrigo Gonçalves, desde su formación en noviembre de 2013.

 

El título dice que soy Licenciado en Periodismo, pero eso poco importa. Lo más importante es que sólo dependo de mí.

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