Zonal

Una pelea irresuelta en el Senado que actualiza la interna sin fin en el peronismo

A una semana de la Asamblea con la que, el lunes 2 de marzo, Axel Kicillof abrirá un legislativo en el que se esperan definiciones importantes del parlamento provincial, el Senado, una de las dos cámaras que lo componen, es escenario de una dura puja de poder entre su sector y el camporismo-cristinismo, que además de inquietantes derivaciones institucionales, confirma que el acuerdo de unidad para por la conducción del partido está lejos de resolver la pelea de fondo entre las dos tribus principales del peronismo en la provincia.

Reducida a sus componentes esenciales, la disputa en la cámara Alta, gira en torno a tres cargos: la vicepresidencia primera del cuerpo, la de la bancada de Unión por la Patria y la titularidad de la secretaría administrativa.

El primero es un sillón estratégico porque quien lo ocupe queda tercero en el orden de sucesión de Axel Kicillof; la Secretaría es la llave que controla la “caja” del Senado -designaciones, contratos, expedientes- una de las más importantes a la hora de explicar cómo se financia la política bonaerense.

La batalla es tan encarnizada que hizo caer la sesión preparatoria del 8 de diciembre pasado, en la que se iban a votar los nombres para los tres lugares, y en los cuatro meses siguientes no se pudo lograr un acuerdo. En el medio hubo de todo: amenazas de judicialización, intentos del camporismo para forzar una sesión en la que imponer sus candidatos a partir de la mayoría que tienen allí en alianza con el insaurraldismo y el massismo (18 senadores contra 6 kicillofistas); una firme resistencia de la vicegobernadora Verónica Magario, que cerró a cal y canto la Cámara.

Los tiempos se agotan

Pero los tiempos se agotan: Magario convocó a una sesión para el jueves. El problema es que los acuerdos todavía no aparecen y nadie descarta que Kicillof tenga que dar su discurso ante diputados y senadores con esta crisis todavía irresuelta. Todo está tan trabado que -cuentan- la Vicegobernadora activó contactos con la oposición en busca del auxilio que no encuentra en los propios, que resultaron infructuosos. No es la primera vez que la feroz interna la induce a probar esa variante: también lo intentó -con conocimiento de Kicillof- cuando se trabó el debate por el Presupuesto, que finalmente se aprobó.

Reconducida al debate interno, la disputa más compleja es la que se libra por la vice. Gobernación se niega a ceder porque prevé un período en el que Kicillof, en plan electoral, deba tomar licencias. Eso le da más relevancia a cargo, porque quien lo ocupe quedará a cargo de la Cámara todas esas veces que Magario reemplace al mandatario.

Los candidatos

El camporismo quiere sentar en ese cargo a Mario Ishii y el MDF habría aceptado revisar que su opción sea Ayelén Durán, una senadora alineada con Andrés Larroque. Una posible salida es el bahiense Marcelo Feliú, del MDF, pero no “ultra”. Pero otra vez, aún no hay entendimiento. Una apostilla: Ishii recorre los despachos como si ya fuese el vicepresidente, pese a que la paralización administrativa que impuso Magario impidió hacer el reparto formal. Pero el exintendente no solo parece haber olvidado que el cargo del que presunte tiene que ser votado: tampoco parece al tanto de que su figura despierta resquemoes a diestra y siniestra. Muchos recuerdan como en 2013, cuando también fue legislador, hizo un giro de lealtades en el aire que le complicó la vida a Gustavo Mariotto, entonces vicegobernador y suerte de comisario político del kirchnerismoen la provincia.

Tampoco hay nada cerrado para la presidencia del bloque. Sergio Berni funge como la carta del camporismo y hasta ahora lo han dejado correr. Pero no todos están seguros de que tenga el consenso interno necesario. Como fuere, será difícil que el MDF imponga su opción -el exintendente de Alberti, Germán Lago- dado los equilibrios internos. Donde sí parece haber aflojado algo la tensión en el caso de la Secretaría: Roberto Feletti, el exfuncionario de Cristina, que ahora reporta a Magario parece que seguirá en el control de ese resorte financiero clave.

Toda la novela, revela hasta qué punto la pelea en el peronismo sigue activa. No es el único episodio: una foto del ministro de Trabajo de Kicillof, Walter Correa, con el diputado nacional misionero Alberto Arrúa, disparó ácidas críticas camporistas. Arrúa apoyó la reforma laboral y se lo facturaron al gobernador bonaerense como si hubiese sido una orden suya. Cerca de Kicillof replicaron que Arrúa apenas estaba pidiendo pista y que no es parte del MDF. Y recordaron respaldos de Cristina al tucumano Osvaldo Jaldo y el catamarqueño Raúl Jalil, gobernadores clave para el éxito de Milei en el Congreso.

Ni siquiera el guiño explícito y público a la candidatura presidencial del bonaerense que ensayó en las últimas horas Alejandro Dichiara, el presidente de Diputados, que gira en la órbita de Máximo Kirchner, disipó los resquemores. “Lo levantan para limarlo. Vamos a resistir esa ´larretización´, no nos van a hacer la que le hicieron a Scioli”, juran en calle 6. Minucias, pero que ilustran un estado de situación

El reencuentro radical

En la UCR, la postal es la inversa: avanza un acuerdo para reencauzar institucionalmente el partido, en un marco de conversación política renovada. La foto del acto que encabezó el senador Maximiliano Abad es elocuente al respecto: en el escenario lo acompañaron Daniel Salvador, representante de Evolución, el sector de Martín Lousteau, ligado a Maximiliano Pullaro, y Gustavo Posse. Hubo además once intendentes presentes y algunos otros que hicieron llegar su respaldo.

Entre los tres sectores -hasta hace poco enemigos íntimos- cocinan un movimiento clave: acelerar la convocatoria a elecciones para renovar la conducción partidaria antes del mundial del fútbol -se habla del 31 de mayo o el 7 de junio- porque con la fecha hoy vigente -septiembre- asumirían recién sobre fin de año, un riesgo que quieren evitar. ¿Por qué? Porque creen que en 2027 las elecciones generales podrían volver a desdoblarse en PBA y si así fuese resolver antes su interna facilitaría el armado electoral. Para cumplir con su objetivo, los radicales tienen poco tiempo: la convocatoria tiene que ser 90 días antes de la fecha de la elección. Es decir: a más tardar los últimos días de este mes. Fuentes al tanto de las charlas creen que es posible. Entre el martes y el miércoles, arriesgan, podría darse un encuentro para terminar de fijar la fecha.

Andrés Lavaselli

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