
El vicepresidente de una reconocida marca de alfajores fue víctima de un hurto mientras veraneaba en la ciudad de Mar del Plata. Un motochorro le arrancó el reloj mientras el empresario dialogaba con dos hombres en la vereda, justo al lado de un famoso hotel de la zona de Playa Grande.
Juastamente ayer a las 18.00 se realizó una importante marcha de vecinos y comerciantes que hizo un recorrido desde el Monumento a San Martín, Tribunales Federales y de la Provincia de Buenos Aires, Jefatura Departamental Bonaerense y la Municipalidad de General Pueyrredon.
Con respecto al hecho, el ladrón escapó en moto junto a un cómplice que lo esperaba y fuentes del caso dijeron a Infobae que la víctima no quiso radicar la denuncia. Todo quedó filmado por una cámara de seguridad.
Se trata de Néstor Hugo Basilotta, vice de la firma Alfajores Guaymallén, estaba junto a otros dos hombres frente al edificio Maral 45, cuando, de pronto, un sospechoso que cruzó la avenida corriendo le arrebató el reloj de la mano izquierda y escapó ante la sorpresa de la víctima y de las personas que lo acompañaban.
El hurto, como lo entendió la Justicia pese a que la víctima no quiso radicar la denuncia, ocurrió este miércoles a las 11, en una zona donde está un conocido hotel cinco estrellas y por donde pasan miles de turistas en plena temporada de verano.
Vicepresidente y principal impulsor de la fábrica de alfajores Guaymallén, una de las marcas más emblemáticas de Argentina, su historia y la de la empresa están estrechamente vinculadas.Basilotta aprendió el oficio de la mano de su suegro, fundador de Guaymallén en 1945, quien lo introdujo en la fábrica en 1975, poco después de casarse con su hija.
Desde sus inicios, Basilotta se desempeñó en trabajos manuales, comenzando en la amasadora, bajo la premisa de que para dirigir había que conocer el proceso desde abajo.
El modelo de negocio de Guaymallén, que él ayudó a consolidar, se basó en la venta masiva con bajos márgenes de ganancia, priorizando el volumen por sobre la rentabilidad unitaria. En los primeros años, la empresa también operaba un negocio paralelo de venta de golosinas en canchas de fútbol, lo que dio a Basilotta un conocimiento profundo del comercio informal y de las dinámicas de consumo popular.
Durante la década de 1980, la estrategia de Guaymallén se enfocó en hacer del alfajor un producto accesible para todos, apoyándose en la venta ambulante, especialmente en estaciones y escuelas. Esta decisión posicionó el alfajor Guaymallén como un clásico nacional.
El crecimiento de la empresa obligó a expandir la planta de Mataderos y luego a sumar una tercera locación en Spegazzini. Un punto clave en la trayectoria de Basilotta se dio en los años 2000, cuando enfrentó la presión de vender la empresa a un grupo económico que ya había adquirido otra firma de alfajores.
La negativa de Basilotta a desprenderse de la fábrica, incluso ante ofertas millonarias, evidenció su compromiso con la tradición familiar y con la identidad de la marca. Para él, Guaymallén representa mucho más que un negocio: es una parte de la historia argentina.
Basilotta ha defendido la filosofía de que “la marca es tiempo”, convencido de que el valor de Guaymallén reside en su historia y su arraigo popular, por encima de cualquier cifra económica.
Fuente: Infobae





