
El ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Javier Alonso, brindó una radiografía descarnada sobre la logística del crimen organizado en torno al narcotráfico, desde el ingreso de la droga al país, hasta las vías de exportación y su “derrame” hacia localidades del interior, pasando por su impacto en grandes ciudades y en el Conurbano.
En una entrevista con Parecemos Buenos Amigos, el stream político de INFOCIELO PLAY, el funcionario explicó que Argentina enfrenta un fenómeno complejo donde las rutas de exportación hacia Europa terminan por “derramar” sustancias en el mercado interno, afectando incluso a las localidades más pequeñas del interior bonaerense.
Las rutas del ingreso y la logística de exportación
Según detalló el ministro, el mapa del narcotráfico se divide en dos grandes vertientes según el origen de la sustancia. Por un lado, Alonso señaló que “hay una línea de cocaína que viene desde Perú fundamentalmente que viene por Bolivia y por la frontera noroeste lo que es Salta Jujuy”. Esta ruta atraviesa el territorio nacional hasta llegar a los puertos de la provincia de Buenos Aires.
Por otro lado, “la cocaína que llega de Colombia hoy a la Argentina llega a través del Primer Comando Capital de Brasil”, organización que controla el Amazonas y, en alianza con grupos paraguayos, introduce la droga por la Hidrovía en barcazas o por vía terrestre en camiones.
El objetivo principal de estas grandes organizaciones es el mercado transatlántico. Alonso describió maniobras sofisticadas en puertos como Ensenada o Bahía Blanca, donde se han encontrado bolsones de cocaína flotando: “hay lanchas rápidas que cuando el barco sale del puerto… se pega al barco y suben los bolsones antes de llegar al mar”, una vez que la embarcación ya superó todos los controles aduaneros.
El “derrame” en los pueblos del interior
Uno de los puntos más alarmantes de su análisis es cómo esta estructura de exportación termina por alimentar el narcomenudeo en ciudades pequeñas de 10.000 o 20.000 habitantes. El ministro explicó que las organizaciones transnacionales requieren una “red de servicios” local que incluye casas seguras y rutas. Lo crucial es el método de pago por estos servicios: “esos pagan con droga y además te venden entonces lo que hay son grupos locales que van y compran esos grupos pues no pueden competir contra toda esa estructura internacional de logística”.
Este mecanismo genera que, aunque no existan grandes cárteles sino “clanes familiares” o grupos locales, la droga esté presente “en todas las esquinas” de los pueblos. Alonso diferenció esta situación de la del Conurbano, aclarando que en el interior “tenés venta de consumo lo que no hay es tal vez lo que se ve en el conurbano donde hay asociado una red de violencia” debido a que los puntos de venta en las grandes urbes son mucho más rentables por el volumen de gente.
Estadísticas de consumo: un problema de salud pública
Alonso fue tajante al desmitificar que Argentina sea solo un lugar de tránsito. “Somos un país que consume tenemos una tasa de consumo parecida a la de cocaína una tasa de consumo parecida a la de Estados Unidos; ya tenemos un problema de consumo importante”, sentenció. Según los datos que maneja el ministerio, “hay un 5% de los argentinos que alguna vez en el año consume cocaína” y aproximadamente un “2,5% de la población sobre todo entre los 17 y los 65 años… consume cocaína periódicamente y sistemáticamente”.
Finalmente, el ministro destacó que, a diferencia de otros países de la región, la sociedad argentina posee un “inconsciente colectivo” que pone límites a la violencia extrema. “En términos de los homicidios de sangre el tema de las cuestiones más virulentas la sociedad no lo va a tolerar”, afirmó, citando como ejemplo el triple crimen, donde la presión social y la información aportada por los vecinos fueron claves para que a los responsables “no lo sostuvo nadie; todos le soltaron la mano”.





