Política

López Murphy “Es una regresión zoológica creer que la indigencia genera virtud”

 

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El Tano Pasman, uno de los vecinos que saluda a López Murphy en Recoleta.

.A Ricardo López Murphy lo saludan una señora que le dice que lo va a votar, un joven que le habla de la Universidad de Columbia y otra señora que interrumpe su café en la esquina de Guido y Juncal, en el corazón de Recoleta, para decirle que “resista”.

“No está armado”, aclara después del tercer saludo en medio de la entrevista. “No es que seamos tan buenos, es que no tenemos recursos”, ironiza.

El Bulldog vuelve a ser candidato después de una década en las primarias porteñas contra María Eugenia Vidal. “Van a tener que usar a todo el santoral para ganarnos”, desafía.

Descree de las encuestas porque no se adaptaron a los cambios tecnológicos. “Siguen llamando a los teléfonos analógicos”, dice.

¿Cómo ve la economía, la situación social e institucional de la Argentina?

Las tres cosas están vinculadas entre sí. Tenemos una mala economía, en el sentido de que ha caído mucho nuestro nivel de vida, entre otras cosas porque reaccionamos muy mal contra la pandemia. Con ineptitud, con prejuicios, con irresponsabilidad. Los prejuicios son muy claros en el tema de las vacunas, que nos han costado decenas de miles de muertos. Si el país hubiera hecho lo que hizo al final y hubiera tenido la vacuna nueve meses antes, los problemas hubieran sido infinitamente menores.

Si en vez de hacer una cuarentena medieval, producto de una ignorancia enorme… Yo siempre miro la comparación con Suecia, que íbamos a tener 10 mil muertos. Tenemos 115 mil. Hubo una gran mala praxis en términos sanitarios y por supuesto hubo una estúpida visión de que podían capitalizar la pandemia. Cuando salía a explicar como maestro Siruela los problemas, yo creo que eso fue muy negativo para nuestra sociedad y para nuestro destino.

Eso se ha sumado a un país que ya tenía muchos problemas, porque venimos de muchos problemas de mucho tiempo, de estancamiento largo y una descomposición de nuestro sistema político muy profundo. Quizás el rasgo más sobresaliente es la degradación del lenguaje. Yo comparo al sistema nuestro con el uruguayo y digo que algo hacemos muy mal.

Ninguno de los políticos, de todos los tonos, se expresa con las groserías con las que se expresan acá. Y un liderazgo grosero es un liderazgo que no hace la tarea principal de la política, que es hacer ese ejercicio docente, de explicar de dónde venimos, qué dilema afrontamos, adónde queremos ir.

En materia social, soy un convencido de que el progreso económico, la prosperidad es un bien. Hay una moral del crecimiento económico. Yo prefiero vivir en una sociedad próspera que en una sociedad indigente. Hay mucha gente en la Argentina que tiene la opinión al contrario, porque cree que la indigencia genera virtud. A mí me parece que no tienen la menor idea, es una regresión zoológica esa.

La pobreza era el estado natural del ser humano antes de construir la civilización. Una de las virtudes de la civilización fue construir el progreso y la prosperidad. Y eso no es contradictorio con los textos religiosos, que cuando hablan de la humildad, hablan de la humildad espiritual, de no ser arrogante, de tener valores espirituales. No hablan de morirse de hambre. No puede ser un desiderátum vivir andrajosamente o muriéndose de hambre. No es un desiderátum y en todo caso jamás lo será para mí.

¿Cuál es el modelo que necesita la Argentina?

Mi pretensión es que el país se aproxime a los países exitosos. Y Cristina y Alberto Fernández nos llevan para el camino opuesto. Yo siempre digo que necesitamos políticas homologables, que se parezcan a los países exitosos. Y nosotros innovamos con políticas que no tienen nada que ver con los países exitosos. La más notable es la reiteración en el error.

Hace 15 años atrás destruimos la industria de la carne, que es probablemente un área en la que Argentina tiene una calidad excelsa. La destruimos y eso nos costó perder mercados, frigoríficos, trabajadores, empresas, que luego la recuperamos con un inmenso sacrificio. Y ahora volvimos a hacer la barrabasada del mismo procedimiento de 15 años atrás generando pérdidas de capital humano, lo que ha costado entrenar a la gente para trabajar en la pandemia y además trabajar con mucha eficacia, lo que ha costado reponer las fábricas, los mercados, las marcas.

Nosotros producimos marcas, no una cosa que se le puede vender a cualquiera. Me parece que la reiteración en el error ha sido una tragedia en la Argentina y es quizás lo que no aprendemos. Como no aprendemos con la inflación y con los excesos impositivos.

¿La reiteración del error es deliberada o sólo una cuestión de impericia?

Yo creo que hay impericia y prejuicio. El mismo líder de la bancada en Diputados estaba enojado cuando el presidente corregía el error histórico por un DNU de no haber traído las vacunas a tiempo. Le molestaba hacer lo que estaba bien. Es una ideología que racionaliza las cosas al revés y eso nos hace retroceder dramáticamente.

¿Cómo se arregla el problema de la inflación?

Las economías que nos rodean y del resto del mundo superaron los problemas inflacionarios. La inflación no es un problema mundial, es un problema argentino, de la moneda argentina. Y lo tenemos por un descontrol de la política monetaria usada al servicio de los descalabros fiscales y los descalabros fiscales usados al servicio de una ideología clientelar.

 Venimos de muchos problemas de mucho tiempo, de estancamiento largo y una descomposición de nuestro sistema político muy profundo. Quizás el rasgo más sobresaliente es la degradación del lenguaje.

Quizás el fracaso más grande de la política es que una y otra vez, como con la carne, volvemos al mismo error, a poner en duda que la inflación es monetaria, cosa que nadie en el mundo discute. Para hacerlo muy simple, si no hubiera moneda, habría precio relativo, dos copas por un vaso. Para que haya precios nominales tiene que haber moneda, no se puede de otra manera.

¿Qué evaluación hace de la estrategia de Guzmán de tener pisado el dólar?

El atraso cambiario es otro error que hemos hecho muchas veces en la Argentina. Perdiendo reservas como lo hizo Cristina en su segundo mandato, o endeudándonos o creando tasas de interés extravagantes domésticamente. Todos esos experimentos terminaron produciendo una crisis y sobre todo generando pérdidas que no son reversibles. Esto es lo más importante, no es que de la crisis volvemos a lo que éramos antes, nos queda un resabio. Y hemos venido de crisis en crisis degradándonos.

Usted no fue parte del gobierno anterior pero va en su boleta. ¿No le faltó autocrítica al espacio después del gobierno de Macri, especialmente en el tema económico?

Bueno, parte de la autocrítica es la necesidad de ampliar la coalición y que nosotros estemos incorporados, eso refleja otra visión. Y yo creo que cualquiera nota que el discurso ha ido cambiando, y no ha ido cambiando en otra dirección que nuestra dirección. Ahí la ventaja es que el copyright lo tenemos nosotros. O sea, hoy todo el mundo admite que hubo errores, pero claro, el problema es cuando los marcábamos en el momento en que ocurrían. Creo que hay una reorientación que refleja en gran parte nuestra narrativa. Yo quiero ser cuidadoso y respetuoso, pero no es lo mismo el original que la copia. El original tiene una virtud muy grande.

¿Cuál?

Que uno sabe que no refleja esa necesidad que está imponiendo la opinión pública, sino que refleja convicciones, coherencia, continuidad. Eso no es una cosa menor.

¿Cuál es su activo para ganarle las primarias a Vidal?

Nosotros somos una opción muy firme frente al Gobierno, una opción que refleja la necesidad de previsibilidad de generar una economía que respete las reglas del mercado, que no tenga esa vocación por los impuestos y los gastos, que sabe que el cambio tecnológico es tan grande que la economía tiene que ser adaptable. Nosotros nunca hubiéramos votado una ley como la del teletrabajo. Y también porque es una opción que tiene conciencia de integrarse al mundo y de una cosa que el país no puede dejar atrás, que es tener libertad, pero se trata de tener orden también. Porque la libertad y el orden conjugados generan progreso.

¿Cree en lo que dicen las encuestas?

Tengo dudas sobre las mediciones. Probablemente la gente refleja en mí una oposición sin cortapisas, sin dobleces, no electoral.

En la misma primaria va Rubinstein que dijo que la lista de López Murphy es de Larreta para sacarles votos a ellos.

Yo he recibido tantas agresiones a lo largo de la campaña. En general yo contesto con propuestas, con conducta. Si fuéramos un símil del oficialismo, ¿usted vería esa disputa y esa dedicación de Larreta a tratar de ganarnos? No, están usando todo lo que tienen. A Macri, a Larreta, a Bullrich. Van a tener que usar a todo el santoral para ganarnos.

La crítica de otros espacios como el de Milei a este es que Macri y Cristina son lo mismo. ¿Usted cree eso?

Yo eso no lo creo por una razón simple: no lo creería nadie en el mundo. No reflejan las mismas cosmovisiones. Puede ser que haya críticas sobre todo el sistema político, pero no es lo mismo Patricia Bullrich que Zannini.

El ala dura del PRO dice que estamos a siete diputados de ser Venezuela. ¿Usted comparte esa visión?

Yo veo un riesgo muy grande en el Ministerio Público, en el Consejo de la Magistratura. Es público y notorio que han estado buscando los votos para hacer una justicia adocenada, que sea propiedad de ellos, que los juzgue por privilegios, como lo del vacunatorio, como las fiestas. Si hay algo a lo que me opongo es a romper la igualdad ante la ley, y vamos a trabajar para que haya una justicia independiente, que no es sólo el Ministerio Público.

Yo he propuesto en la gestión anterior, no con éxito -y por eso las discrepancias-, que retiraran el recurso extraordinario. Esto es que la Cámara declaró inconstitucional el Consejo de la Magistratura y apeló el Gobierno con un recurso extraordinario a la Corte. Si el presidente Macri retiraba el recurso extraordinario se confirmaba el fallo y había que anular este Consejo de la Magistratura hecho a medida para los políticos y para Cristina. Eso es lo que nosotros trataríamos de volver, al Consejo de la Magistratura anterior.

Es decir que una reforma de la Justicia hay que hacer.

Yo diría que hay que deshacer el sistema que han hecho para favorecer al sistema político.

Hablaba de las fiestas. ¿La figura presidencial quedó dañada con este tema?

Fue muy negativa. Nosotros nos vimos en la circunstancia de tener que escalar eso hasta el juicio político, porque nosotros creemos que se tema tiene que ser discutido, tiene que generar en la sociedad una lección. Y yo veo que todo el mundo trata de barrerlo bajo la alfombra. Y a mí me parece que eso no corresponde.

Yo prefiero vivir en una sociedad próspera que en una sociedad indigente. Hay mucha gente en la Argentina que tiene la opinión al contrario, porque cree que la indigencia genera virtud. A mí me parece que no tienen la menor idea, es una regresión zoológica esa.

Necesitamos enfrentar los problemas y los gobernantes tienen que entender que esas actitudes no pueden ser impunes, no pueden ser dejadas de lado. Esto que Zannini decía que él lamentaba que cuando se aplicaba la vacuna de privilegio no le sacaran una foto. No sólo es el tratamiento desigual ante la ley sino que es prácticamente hacernos sentir que nos gozan, que es un derecho que ellos tienen, que pertenecen a una casta distinta, a una nomenclatura, que era el término que se usaba para la casta del poder en la dictadura soviética.

Se está hablando en estos momentos de una apatía o una bronca con los políticos. ¿Corre riesgo el sistema político?

Nuestra lista es muy innovadora, prácticamente de los primeros cargos el único que ha tenido actividad política intensa he sido yo. Creo que reflejamos esa necesidad de empatía con la sociedad. De producir un refresco en el sistema político, que yo lo veo desgastado. Y ahí nosotros no podemos andar con vueltas. Yo no tengo otra utopía que la democracia republicana. Yo creo que la democracia tiene muchos problemas, muchas dificultades. Las vemos, excepto cuando una la compara con las alternativas. Cuando yo las comparo con Maduro, con Díaz Canel, con Ortega y Murillo, con los talibanes, con el Isis o con Corea del Norte, digo “uy, por Dios”.

Como la economía de mercado es un problema excepto cuando la comparamos con la alternativa, que es infinitamente más inepta. Eso es algo que no está en la narrativa de nuestro liderazgo. No hay reconocimiento de que todos esos experimentos fracasaron y eso le hace mucho daño a nuestra juventud. Porque le crean a nuestra juventud la expectativa de un sistema que fue siempre fracaso. Esa idea del retorno a la tribu, al colectivismo, es una idea muy primitiva y espero que la podamos dejar atrás.

Milei habla directamente de comunismo. ¿Usted cree que los kirchneristas son comunistas?

Yo hablo de que predominan en muchos de ellos ideas colectivistas. El comunismo es una de las vertientes. Las ideas colectivistas tienen el principio de desconocer la libertad. Friedrich Hayek cuando escribió Camino de servidumbre hablaba de la tiranía nazi. El totalitarismo tiene distintas expresiones, pero el denominador común es ignorar la libertad.

¿Por qué no hubo una lista con Milei?

Porque él tiene una visión del sistema político distinta a la que yo tengo. Él cree que la Argentina tiene un sistema político que está totalmente decadente. Yo no creo eso, creo que hay una gran diferencia entre la oposición y el oficialismo, diferencia que creo que aprecia toda América Latina. No es lo mismo Patricia Bullrich que Zannini, ahí uno ve las antípodas y creo que no es cierto, y si fuera cierto nos pone en una agenda casi imposible.

¿Qué vamos a hacer, destruir todo y sobre un lienzo en blanco vamos a construir una nueva sociedad? Yo nunca pensé que eso es factible. Todos somos dependientes de nuestra historia, la idea de que la sociedad empieza de nuevo porque llegamos nosotros no es propia de la visión que yo tengo, de los valores que he aprendido y de las experiencias históricas que conozco.

Me parece que ese es un desafío gigantesco al cual yo trato de darle el mayor de los énfasis. Cómo tener un programa eficaz para recomponer nuestra organización institucional, económica, social, educativa, sanitaria, ambiental y al mismo tiempo lógicamente contemplar que las ambiciones de varios líderes opositores los van a llevar a confrontar con las candidaturas. Eso va a depender mucho de los resultados electorales. Los resultados del 2021 van a influir hacia quiénes pueden ser candidatos o no. Resultados electorales extraordinarios a cualquier político le generan expectativas y es natural que así sea.

¿La UCR tendría que tener un candidato a presidente propio?

Me parece que va a ocurrir algo de esa naturaleza. Va a haber una variedad de oportunidades. Pero de nuevo, creo que eso depende mucho de los resultados, de lo que se perciba. Para ir a un ejemplo histórico, Angeloz no pertenecía a la línea de Alfonsín, pero al haberle ido muy bien en la elección del ’87 hizo inevitable su candidatura.

Otra de las críticas que recibe es por haber sido ministro de la Alianza.

Estoy orgulloso de ese período. Estoy orgulloso de haber cumplido con mi deber, estoy orgulloso de haber hecho una labor titánica en circunstancias increíblemente adversas. ¿Qué hicieron los países del euro cuando tuvieron una crisis similar? Hicieron lo que yo quería hacer en la Argentina. Ahora tengo la ventaja de decir que cuando los otros enfrentaron un problema como este, no hicieron la locura que se hizo en la Argentina. Si hubieran sido buenas ideas, nos hubieran copiado todos. A Cristina y a Fernández nadie quiere copiarles nada.

¿Dice entonces que por los gobiernos que vinieron después hubo una especie de reivindicación?

Yo fui candidato en abril de 2003 e hice una elección muy buena. La única manera en que eso se explica es porque la gente valoró aún en ese momento el esfuerzo, la propuesta. La gente se dio cuenta de que iba por ahí.

¿Qué rol debe tener Macri en la política en el futuro?

Él va a tener el rol que su voluntad, su entusiasmo, sus oportunidades le permitan. Yo en general no me meto a darle instrucciones a nadie. Creo que cada uno de nosotros tiene que actuar con lealtad y conciencia a sus valores y tiene que ser realista con sus oportunidades. A veces creo que juega una mala pasada a muchas personas en política es que no perciben la naturaleza de sus verdaderas opciones. Cuando nosotros nos lanzamos en este esfuerzo, lo hicimos porque creíamos que había un vacío, no es que lo hicimos desconociendo la realidad. No evaluábamos las circunstancias, lo hicimos convencidos de que había un reclamo por más república, por una economía de mercado, por más confianza, por volver a creer que el éxito es posible en la Argentina.

Los políticos suelen decir que esta elección es clave para el futuro pero después dicen que para 2023 falta mucho. ¿Qué impacto van a tener estas elecciones en la próxima presidencial?

Si la oposición tiene éxito en esta elección, y yo espero que lo tenga, tiene una agenda compleja que es la transición a 2023 y una agenda más compleja porque el país va a llegar en condiciones muy deterioradas. Entonces no puede marrar, tiene que trabajar con un plan muy bien armado para recuperar la confianza, la funcionalidad, el crecimiento. Y creo que durante estos dos años tiene que poder permitir que haya confianza entre ellos sin perder la cohesión.

Me parece que ese es un desafío gigantesco al cual yo trato de darle el mayor de los énfasis. Cómo tener un programa eficaz para recomponer nuestra organización institucional, económica, social, educativa, sanitaria, ambiental y al mismo tiempo lógicamente contemplar que las ambiciones de varios líderes opositores los van a llevar a confrontar con las candidaturas. Eso va a depender mucho de los resultados electorales. Los resultados del 2021 van a influir hacia quiénes pueden ser candidatos o no. Resultados electorales extraordinarios a cualquier político le generan expectativas y es natural que así sea.

¿La UCR tendría que tener un candidato a presidente propio?

Me parece que va a ocurrir algo de esa naturaleza. Va a haber una variedad de oportunidades. Pero de nuevo, creo que eso depende mucho de los resultados, de lo que se perciba. Para ir a un ejemplo histórico, Angeloz no pertenecía a la línea de Alfonsín, pero al haberle ido muy bien en la elección del ’87 hizo inevitable su candidatura.

Otra de las críticas que recibe es por haber sido ministro de la Alianza.

Estoy orgulloso de ese período. Estoy orgulloso de haber cumplido con mi deber, estoy orgulloso de haber hecho una labor titánica en circunstancias increíblemente adversas. ¿Qué hicieron los países del euro cuando tuvieron una crisis similar? Hicieron lo que yo quería hacer en la Argentina. Ahora tengo la ventaja de decir que cuando los otros enfrentaron un problema como este, no hicieron la locura que se hizo en la Argentina. Si hubieran sido buenas ideas, nos hubieran copiado todos. A Cristina y a Fernández nadie quiere copiarles nada.

¿Dice entonces que por los gobiernos que vinieron después hubo una especie de reivindicación?

Yo fui candidato en abril de 2003 e hice una elección muy buena. La única manera en que eso se explica es porque la gente valoró aún en ese momento el esfuerzo, la propuesta. La gente se dio cuenta de que iba por ahí.

¿Qué rol debe tener Macri en la política en el futuro?

Él va a tener el rol que su voluntad, su entusiasmo, sus oportunidades le permitan. Yo en general no me meto a darle instrucciones a nadie. Creo que cada uno de nosotros tiene que actuar con lealtad y conciencia a sus valores y tiene que ser realista con sus oportunidades. A veces creo que juega una mala pasada a muchas personas en política es que no perciben la naturaleza de sus verdaderas opciones. Cuando nosotros nos lanzamos en este esfuerzo, lo hicimos porque creíamos que había un vacío, no es que lo hicimos desconociendo la realidad. No evaluábamos las circunstancias, lo hicimos convencidos de que había un reclamo por más república, por una economía de mercado, por más confianza, por volver a creer que el éxito es posible en la Argentina.

Fuente

La Política On Line

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