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Lo de River no fue suerte

Hay distintas maneras de hacer un análsis futbolístico. Algunos dirán que River dio vergüenza contra San Lorenzo por el modo en que se clasificó. Otros dirán, «qué flojo River que contra 10 jugadores del rival, tal vez el peor San Lorenzo de los últimos 50 años, tuvo que llegar a esto». Y estará bien la mirada periodística o, si se quiere, neutral. Pero también es cierto que no todos los partidos se explican desde la táctica o desde la técnica.

Hay partidos que se explican desde el corazón. O mejor aun: hay equipos que se explican desde el corazón. River es un equipo cardíaco, que bordea los abismos. Se puede hacer un breve repaso: el partido con Bragantino lo gana en el minuto 95 con el gol de un jugador que se había mandado una macana media hora antes, Martínez Cuarta. El cruce con Carabobo lo gana con Viña en el arco en la última jugada del partido. Y si suma lo de ayer, hay que decir que es el River de los milagros.

Sin embargo, dicho esto, no creo en lo esotérico. Para lograr estas cosas que se vienen enunciando, algo hay que tener. Algo de rebeldía, por ejemplo. De ninguna manera es suerte, el fútbol no es suerte. No creo en la suerte. Suerte se puede tener en una jugada, en un partido no podés. En un partido entero no se tiene suerte. River tuvo otra cosa, ese plus. Y ese es el lugar donde yo elijo pararme. En lugar de decir que River es un desastre, que juega mal o espantoso, prefiero hacer foco en las virtudes de un equipo que estaba siendo chiflado por toda la cancha, que estaba quedando eliminado, y fue y convirtió, y empató, y llevó el partido a los penales. Dame esa personalidad, esa rebeldía de esos tipos que se impusieron a todo.

Y aclaro que es para sacarse el sombrero lo de San Lorenzo, la verdad es esa. Y no merecían perder esos chicos, pero que quede claro que no merecían ganar. Ni de cerca.

 

 

Guido Glait

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