Política

La movida de Milei con Fátima enfurece a los gobernadores

Los gobernadores están furiosos con el raid del ocio que ocupó a Javier Milei en las últimas horas mientras se incendia la Patagonia.

Casi en paralelo a la cumbre de gobernadores patagónicos que exigen que declare la emergencia nacional por los incendios, el presidente fue a pavonear con Fátima Florez a un teatro de Mar del Plata.

Milei no permitió que la imagen molesta de las más de 200 mil hectáreas patagónicas quemadas destrozaran su agenda de placer en la noche marplatense.

En una postal repetida de veranos anteriores, Milei se subió al escenario junto a Fátima. Sin besos franceses en esta ocasión, el Jefe de Estado le dedicó el Rock del Gato a su ex.

Luego, cerca de la medianoche, se apersonó en La Derecha Fest y entró al escenario corriendo entre el público, como un boxeador consagrado. Una vez arriba, volvió a entonar Panic Show de La Renga.

«Yo soy el rey de un mundo perdido», cantó Milei delante de una oportuna llamarada gigante que se exhibía por la pantalla del Horizonte Club de Playa.

 

Uno de los gobernadores molestos con el tour recreativo de Milei es el chubutense Nacho Torres, que armó la cumbre para exigir ayuda de parte de la Rosada mientras desaparecen bosques enteros.

Otro de los mandataros furiosos con Milei es Osvaldo Jaldo, que reclama ayuda para mitigar las inundaciones de Tucumán. El cordobés Martín Llaryora y el santafesino Maxi Pullaro ya estaban enojados con el presidente por su aparición jocosa en el festival de Jesús María, en donde Milei se subió a escena para cantar Amor Salvaje con el Chaqueño Palavecino, nacido en Rancho El Ñato, Salta.

Pero el único gobernador que salió a cuestionar públicamente el carnaval personal del primer mandatario fue el riojano Ricardo Quintela.

«En la Patagonia, el fuego avanza sin piedad. Se pierden casas, trabajos, bosques, comunidades enteras. No se queman números: se quema la vida de miles de argentinos. Y cuando el Estado no llega, o llega tarde, lo que se rompe es algo más profundo: la confianza básica entre la sociedad y quienes gobiernan», dijo Quintela.

«Mientras eso ocurre, el presidente elige otro escenario. Show, espectáculos, exposición mediática. No es una cuestión de gustos personales. Es un mensaje político. Cuando el show ocupa el lugar de la gestión, lo que queda claro son las prioridades», dijo el riojano.

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