
Después de algunas semanas de paz precaria —acuerdo por el PJ bonaerense mediante—, el peronismo volvió a exponer a cielo abierto posturas irreconciliables entre La Cámpora y el gobernador Axel Kicillof. Ayer, en una sesión tensa y polémica, eligió al inefable Mario Ishii como vicepresidente 1º del Senado bonaerense, decisión que en los hechos lo coloca segundo -detrás de Verónica Magario– en la línea de sucesión.
Con ese movimiento, uno de los dirigentes más longevos y controvertidos del Conurbano —que gobernó José C. Paz, ubicado entre los distritos con peor Índice de Desarrollo Humano, durante más de dos décadas y tuvo un paso nefasto por el Senado bonaerense— acumuló una cantidad inconveniente de exposición que vuelve a agitar el fantasma de Martín Insaurralde, otro protegido que el kirchnerismo duro llevó a la cima del poder.
Nadie puede hacerse el distraído ante el ascenso de Ishii, quien recuperó gravitación política al calor de sus críticas a Máximo Kirchner desde el Movimiento Derecho al Futuro, tras un período de repliegue en el que su mala fama se acrecentó a fuerza de escándalos como el de las ambulancias. Conviene recordar, además, que en el ámbito de la Universidad Nacional de José C. Paz, donde Ishii tiene notable influencia, se formaron varios de los cuadros más relevantes del axelismo.
El hombre del poncho se dio vuelta como una media a días del cierre de listas para ponerse al frente de un grupo de dirigentes que presionó para que Kicillof no diera la batalla interna. En La Plata sospechaban entonces que alguien le había ofrecido un salvoconducto frente a sus problemas judiciales. Se sabe que los intendentes no tienen fueros; los senadores y diputados, sí.
¿Por qué Ishii?
¿Alcanza la supremacía que Ishii le imprime al peronismo de la Primera Sección, en un distrito de 255 mil electores, para justificar su ascenso político y el potencial de daño autoinfligido que implica? ¿No había otra opción?
La Cámpora apeló a la aritmética para justificar la Vicepresidencia 1º: “El espacio de Cristina tiene 15 senadores, Axel 6 y Massa 3; en ese orden quedaron las vices”. “No se rompió ningún acuerdo”, sostuvieron voceros. “Lo que se hizo, en armonía y conjuntamente, fue avanzar en un peronismo unido contra Milei”. También acusaron a “un sector minoritario del MDF” de empujar la ruptura. Lo que no explicaron, de ningún modo, fue cómo y por qué se ubicó allí a Ishii.
“Pusieron a Ishii porque si mandaban a Raverta era demasiado obvio”, ironizan desde la vereda opuesta, emparentando el modus operandi con el del cierre de listas de diputados nacionales: “Hicieron lo mismo que con Taiana: van a decir que era alguien cercano a nosotros, pero que el lugar lo consiguieron ellos”, razonan en los cuarteles generales del MDF, donde interpretan la jugada como “una ruptura a cielo abierto”.
Lo cierto es que nadie quiere hacerse cargo de Ishii, un dirigente con una trayectoria marcada por cuestionamientos que van desde manejos administrativos opacos hasta la célebre frase en la que admitió “cubrir” a quienes vendían droga para que pudieran operar, pasando por el ataque a huevazos que militantes de su estructura protagonizaron contra periodistas en la Legislatura durante el debate de un Presupuesto bajo el gobierno de Daniel Scioli.
Una acumulación de hechos que, por sí sola, debería generar ruido al ver su nombre tan encumbrado en la línea sucesoria provincial. ¿Es esto lo mejor que el peronismo, unido o en crisis, puede ofrecer?





