
El pasado sábado 23 de mayo al comenzar la presentación del libro «La Cuestión Bonaerense», cuya compilación fue realizada por el Senador Nacional Maximiliano Abad con la participación de diversos autores del ámbito político, el moderador de la charla nombró a los presentes en el evento, al referirse a Guillermo Montenegro lo citó como legislador provincial y ex intendente de General Pueyrredon.
En ese mismo instante, Montenegro respondió desde el auditorio, con su habitual voz grave y profunda, que él es «Intendente de Licencia» provocando tímidas risas en la mayoría del público presente.
Ese detalle deja a la luz la grieta al rojo vivo que existe dentro del oficialismo municipal, ya que cuando el Intendente Montenegro anunció su postulación como Senador Provincial por la 5ta. Sección Electoral anunció que su candidatura no era testimonial y que la posta en la gestión municipal la continuaría Agustín Neme, en carácter de sucesor natural, al haber sido el 1er. concejal de la lista que lo depositó en el sillón de Av. Luro e Hipólito Yrigoyen.
Sin embargo, es evidente que Montenegro desde el 10 de diciembre pasado, siendo ya legislador provincial, se presenta en todos los eventos eclipsando al intendente interino y desmereciendo su figura.
La gestión interina a cargo de Neme, en estos primeros cinco meses del año, ha sido criticada, desde vastos sectores, por su bajo volumen político sin obras para destacar y sólo alentada por videos ficcionados que se reproducen en las redes pero que la realidad cotidiana no lo refleja.
También, es motivo de crítica en sectores de la oposición que la ciudad carece de una adecuada limpieza urbana y que la situación económica financiera de las arcas comunales se complican mes a mes por la lánguida recaudación.
Pero cuando la «marcada de cancha» y el condicionamiento político proviene del propio oficialismo demuestra la debilidad que tiene quien debe tener el poder político en la ciudad.






