
La decisión está incursa en funcionar bajo otras modalidades, como manifestó Emiliano Recalt, el presidente del Concejo Deliberante. Ya existen tratamientos epistolares de cuestiones de fondo que merecen un tratamiento público, por el carácter de los expedientes. En realidad el enfrentamiento ocurrido esta mañana es por la comida del canario. Taxistas, remiseros, Uber, Cabify y todas las aplicaciones existentes en el mundo podrán sacarlos del atolladero en que se encuentran.
Siete años tratando el tema se traduce en sucesivos desacuerdos político. No hay que buscar otra argumentación. La sociedad en la que se incluye a los marplatenses ha caído en el desánimo y advierte que el tratamiento llega con con diagnóstico equivocado. ¿Qué es Movilidad Urbana? Un epígrafe de una foto que no existe. Como no existe la CC en la MGP, ratificado en el Departamento Ejecutivo y por autoridades nacionales que militan paso a paso con Elisa Carrió.
La movilidad urbana se expresa en la ciudad como una de los peores inconvenientes que ofrece Mar del Plata. Hay muchos turistas que prefieren ir a Brasil, porque no «se bancan el tránsito en Mar del Plata». No hay seguridad ni estacionamiento y alquilar una cochera es equivalente a un departamento de un ambiente en temporada alta. Mar del Plata está cara y las medidas adoptadas por el actual gobierno con las sobretasas municipales creadas en los dos últimos años, la sacan de competencia.
La alianza política está colapsada y la rotación de sus integrantes rota en el mismo esquema. Se ha desintegrado la estructura municipal política y administrativa. Es el desacuerdo permanente y ya se libra un combate en defensa propia. La prosperidad de la mayoría política propia y automática no atisba ni cómo un síndrome. No hay señales. El ecosistema de funcionamiento ha colisionado hasta lesionar el sentido común. Se ha damnificado con el correlato de los hechos. Hoy hasta el radiopasillo debe observar meticulosidades debido a la gravedad que proporcionan los tracendidos.
Las lesiones recaen en mayor medida sobre el intendente interino. Fue acertado el «Yo lo quiero ver a Montenegro en Mar del Plata cuando deje de ser intendente» del escribano Oscar Pagni, siempre reflexivo y con buenas lecturas. El aspirante al Ministerio de Justicia de la Nación espera algún otro turno en un gabinete nacional que tiene una dinámica sin precedentes. Hay que ver cuando le toca el ala de Santiago Caputo.
Toda la ciudad es un hervidero y se han consumido las horas de las soluciones políticas entendidas como tal. Se ha evaporado un poder de monitor de la actividad pública. Los incómodos papeles de laudar ya no están su zona de confort, y emergen los sucesores del uso de otros mecanismos. Eludir el debate público con un cerco al Concejo Deliberante es una señal de prepotencia que no comulga con la democracia.




