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La crisis golpea a los peloteros: festejar el cumpleaños en un salón ya es una opción de lujo

El tradicional festejo de cumpleaños infantil en peloteros y salones de fiesta dejó de ser una costumbre masiva para transformarse en un consumo de lujo ya que, de acuerdo con los últimos relevamientos de las cámaras que agrupan al sector, la actividad registró una caída de reservas que promedia el 40% en comparación con el año pasado.

La combinación de alquileres comerciales con aumentos desmedidos, las tarifas de servicios públicos y el encarecimiento de los insumos básicos obligó a decenas de comercios de barrio a bajar sus persianas de forma definitiva.

En diálogo con Noticias Argentinas (NA), referentes del sector coincidieron en que atraviesan «el peor momento desde la pandemia«.

«Es muy probable que en diciembre cerremos, estoy cansado de remarla«, sostuvo a esta agencia Luciano Lugo, dueño de CPequeño, un espacio ubicado en el barrio porteño de Almagro.

«La gente tiene otras alternativas más económicas, como reunirse en una plaza y hacer juegos o ir al cine en grupo«, agregó el comerciante, quien explicó que ya hace un año que congeló el precio de los servicios, pero que aún así, no aparecen clientes.

En esa línea Gonzalo, que administra un pelotero en Parque Chacabuco, aseguró: «Este lugar fue el ingreso principal de mi familia durante muchos años, pero ante la grave situación económica lo dejamos como algo secundario, porque si bien sabemos que nos puede ayudar, no nos deja lo suficiente para vivir. Hay muy poco movimiento, mucha consulta, poca reserva».

¿Cuánto cuesta festejar un cumpleaños en un pelotero?

El mercado de los festejos infantiles en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) revela una fuerte dispersión de precios, con salones de la Ciudad de Buenos Aires que buscan esquivar la caída del consumo mediante agresivas estrategias comerciales.

El caso del establecimiento de Lugo, que ofrece un servicio integral por $489.000 ejemplifica esta tendencia, donde los propietarios admiten trabajar al límite de la rentabilidad para captar clientes en un contexto de bolsillos ajustados.

En barrios de alta demanda de la Capital Federal como Caballito, Palermo o Belgrano, los valores promedio para un evento estándar, que incluye la coordinación de juegos, catering básico para los chicos y el uso del pelotero, oscilan entre los $450.000 y los $690.000, dependiendo de si se realiza en días de semana o en horas pico del sábado.

Para sostener una estructura de costos que no da tregua, los salones que logran mantenerse en pie tuvieron que flexibilizar sus históricos reglamentos y aceptar modalidades que antes estaban prohibidas.

La tendencia que domina el mercado actual es el «cumpleaños compartido«, donde hasta tres o cuatro compañeros de escuela unifican la fecha para dividir los gastos del alquiler del espacio, aunque esto muchas veces incluya un recargo por parte de los salones.

Entre el ingenio y el éxodo a las plazas

La resistencia económica dentro de los locales se traduce en un fuerte recorte de los servicios adicionales que solían robustecer el negocio.

Los servicios de cafetería libre y lunch para adultos desaparecieron casi por completo; en su lugar, los salones permiten ahora que los padres asistan con sus propios termos para abaratar costos, mientras que las bebidas alcohólicas o las gaseosas de primeras marcas fueron sustituidas por dispensers de jugos o sistemas donde cada invitado abona lo que consume en la barra.

Fuera de los salones, el impacto de la crisis consolidó un éxodo directo hacia los espacios públicos. Cada fin de semana, las plazas y parques de los centros urbanos se llenan de lonas, tortas caseras y juegos al aire libre organizados por las propias familias, quienes prefieren contratar a un animador independiente por una fracción del valor de un pelotero.

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