
Más de lo mismo, pero peor
El nombramiento de Mario Isihi como vice primero del Senado -y de Sergio Berni como presidente del bloque oficialista-, después de dos meses de tironeos internos, marcó un nuevo pico de tensión entre el cristinismo, que impuso ambos nombres, y el kicillofismo, que fue derrotado. ¿Qué tan mal quedaron las coas? En el Movimiento Derechos al Futuro lo consideran una “ruptura” de acuerdos por parte de Máximo Kirchner, que va en la dirección opuesta a la “pax armada” que frágilmente regía desde el acuerdo por el PJ. En La Cámpora lo niegan.
La pelea por ahora no implica la salida de kirchneristas del gabinete, pese a que la idea de “acuerdos rotos” induce a pensar en eso. Pero obliga a mirar el funcionamiento del Senado, una cámara que este año tiene en agenda cuestiones como la renovación de la Corte Suprema, una cuestión que interesa a Kicillof porque tiene que ver con la cobertura de su retirada del poder. Y que discutirá el esquema electoral para 2026 en Provincia, un partido importante para la tropa de intendentes que estructura su aventura nacional.
En el MDF dicen que la relación de fuerza desfavorable en el Senado se definió el día en que se cerraron las listas, por lo que no ven gran novedad en la pelea actual. Incluso aseguran que Ishii y Berni pueden ser para Verónica Magario interlocutores más razonables que otras opciones que se manejaron para esos cargos. Pero hay un rumor que contradice ese optimismo: ¿Cristina se involucró personalmente en la definición de autoridades? ¿Se decidió a hacerlo luego de que Carlos Bianco hablara de “problemas” con la conducción del PJ? Nadie lo confirma. Ni lo niega.
Lo ciertos es que quedó claro que aquel compromiso para dejar correr la candidatura de Kicillof tiene como trasfondo el intento del camporismo de quedarse con el poder en la Provincia. Y que el poder que acumularon en el Senado será un resorte más del mecanismo para intentarlo. Del otro lado, la mayor distancia relativa de Cristina es, al menos en lo inmediato, un elemento que podría facilitarle a Kicillof el diálogo con la dirigencia peronista enfrentada a la expresidenta que forma parte de la “etapa federal” de su despliegue nacional.
El reordenamiento radical
Del otro lado de la grieta, la noticia fue la formalización de la movida para adelantar las elecciones internas en la UCR. La fecha elegida fue el 7 de junio, una de las posibilidades que se adelantaron acá la semana pasada. La definición será el viernes, en una reunión del Comité de Contingencia. La jugada tiene un condimento de estrategia electoral, porque en el radicalismo creen que es probable que las elecciones generales se adelanten el año que vienen (piensan que podrían ser el mayo) y quieren estar preparados con tiempo.
Detrás de la movida están el senador Maximiliano Abad y los representantes bonaerenses de Evolución, el sector que alguna vez ordenó Martín Lousteau y ahora responde a Maximiliano Pullaro, el gobernador de Santa Fe. Y a ellos hay que sumar a Gustavo Posse. Allí parece estar el núcleo fuerte del poder interno hoy -se habla de Daniel Salvador para presidir-, un re balanceo de fuerzas que arrancó con la reconciliación de Abad con Evolución. Implica toda una definición respecto del perfil posible de la UCR de acá en más, y por lo tanto de su relación con LLA y PRO.





