
País vertiginoso
Argentina es un país vertiginoso: hace tres semanas, el presidente estaba en ascenso. Y esa tendencia puede reactivarse en cualquier momento. Pero ahora parece haberse desatado una sinergia negativa para él: las novedades del caso Libra y, sobre todo, del affaire Manuel Adorni potenciaron el malestar social larvado por las dificultades en la economía de todos los días, que no repunta pese a los logros “macro”. Un malhumor que afecta, incluso, a sus votantes. Para Kicillof, ese clima dio una cobertura adicional para avanzar en sus planes políticos.
Límites internos
Un ministro atento a los detalles repasó una escena que se produjo en la cena de apertura de Expoagro. La crónica dio cuenta de la frialdad entre Kicillof y Mauricio Macri, que no intercambiaron palabra pese a que los sentaron casi al lado. “Pero el que se estiró para dar la mano fue Axel ”, precisa el funcionario, presente esa noche. No lo dice porque el Gobernador quiera un acuerdo con el Expresidente, sino como ejemplo del ánimo aperturista de Kicillof. Carlos Bianco, lejos de los focos, lo corroboró al recibir a Emilio Monzó para hablar de política.
¿Es con todos los que se oponen a Milei, entonces? Kicillof pone límites: internamente, difundió un decálogo de definiciones que funcionan como filtro. Allí figuran la necesidad de renegociar la deuda con el FMI, una contrareforma laboral que atienda al financiamiento de la ANSES, para él comprometido por los cambios votados ahora y, atención, cambios profundos en el Poder Judicial. “Vamos a tener que discutir la relación con EEUU, quienes van a ser nuestros socios comerciales”, le dijo hace poco a un interlocutor con el que conversa estos temas.
Kicillof quiere montar sobre la discusión de esos puntos una agenda de futuro. “No vamos a plantear la nostalgia de 2015, no hay dónde volver: el mundo es otro”, definen en su entorno. ¿Y Cristina?: “ Aunque la pelea con el camporismo seguirá, él nunca va a bajar el cuadro de ella ”, es la definición que dan el Gobernación. Con una aclaración: “de lo que se trata ahora es de diferenciarnos de Alberto, porque hoy, cuando aparece la valoración negativa del peronismo, lo que aparece es el recuerdo de esa experiencia”.
En la hoja de ruta de Kicillof, todo eso viene antes del blanqueo de la precandidatura. En eso coincide con Sergio Massa, un eventual competidor interno con el que habla más de lo que se promociona. El líder renovador también quiere definir rápido “un sistema de reglas” para encauzar la conversación en curso por el poder. Y como Kicillof, cree en “el debate debe darse por el futuro”. Sobre el perfil del peronismo cita como receta el pacto con el “centrao” que usó Lula Da Silva para ganarle la pulseada a Jair Bolsonaro.
Para ambos, todo eso viene antes de las definiciones tácticas más concretas. Por caso: si en 2027 habrá otra vez desdoblamiento o no. Es la clave sobre esa retaguardia en la que ninguno jugará personalmente, pero que es esencial para la definición nacional: la pelea en PBA. ¿Conviene adelantar la elección o no? ¿Hay que intentar una victoria bonaerense temprana que abra la elección nacional? O eso es exponerse a una derrota que anticipe una catástrofe. Kicillof por ahora solo se preocupa por la calidad del candidato que, sabe, no será propio.
En La Libertad Avanza también le prestan mucha atención a esa cuestión. Detrás del juramento de unidad bonaerense que lanzó hace unas horas Cristian Ritondo para compensar la tibia diferenciación de Milei que ensayó Mauricio Macri, late esa preocupación. Es que los libertarios saben que no tendrán internas -Karina ya lo avisó- pero la definición del cronograma es ajena, está en manos de Kicillof. Diego Santilli y Sebastián Pareja, los precandidatos, ya sacan cuentas: el tiempo de instalación podría ser más corto de lo previsto y ese será un dato que incidirá en la definición de la candidatura.





