
Secretario de Turismo primero y luego ministro durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, Meyer también cuestionó la eliminación del convenio que existía desde 2003 con el Indec para contar con estadísticas específicas del sector. Señaló que ese esquema permitía trabajar con «números reales» para evaluar políticas y plantear correcciones ante el Ministerio de Economía o la Presidencia. «Si no nos manejamos con números reales para saber cómo actuar, no vamos a ningún lado», remarcó, y comparó la situación con «mentirse a uno mismo» respecto de los diagnósticos.
En otro tramo de la entrevista se refirió al programa PreViaje. Consideró que la primera edición fue positiva porque «hizo mover la rueda del turismo» en la salida de la pandemia. No obstante, cuestionó las siguientes etapas al entender que, tras tres años de restricciones, la demanda ya estaba contenida y no requería un nuevo estímulo. Según sostuvo, eso «solo hizo subir los precios en todos los destinos» y generó un efecto inflacionario que también impactó en las estadísticas oficiales.
Al analizar el panorama general, planteó que existe un «tema ideológico» que condiciona el desarrollo productivo. Señaló que el modelo actual conduce a la «eliminación de la clase media y una clase baja muy grande», y advirtió que no vislumbra mejoras en el corto plazo. El cierre de fábricas y empresas con trayectoria, afirmó, repercute directamente en el turismo, un sector atado al empleo formal y al poder adquisitivo.
Mar del Plata y los cruceros
En cuanto al debate por el turismo de cruceros en Mar del Plata, reconoció que se trata de una actividad relevante, aunque aclaró que no sustituye al turismo masivo tradicional. El crucerista permanece pocas horas, realiza un paseo y adquiere algún souvenir, pero no genera el mismo impacto que quien se hospeda una semana o más y consume en distintos rubros. «Es un aliciente, un movimiento turístico que genera trabajo, pero muy puntual», concluyó.





