Opinión

El peronómetro de Ariel

Peronistas somos todos. Y el que así no lo entienda pertenece a la clase gorila que siempre trató de estigmatizarnos tratando de llevar nuestra realidad movimientista a situaciones de orden absurdas cuando nos endilgan que: “¿como tal de tan derecha puede ser peronista?” O cuando preguntan “¿tal de tan centro también lo es?” y cuando infieren “¿tal de tan izquierda también?”.

Peronistas somos todos, aún no yendo a la calle Italia 1933, sede del Partido Justicialista con concepción de ONG, que le está dando esta nueva-vieja dirigencia.

¿Qué mensaje de la juventud peronista se le puede dar al enorme cúmulo de afiliados jóvenes o de afiliaciones de hace 5 minutos, que deben esperar clasificar en el peronómetro que lleva en el bolsillo y que ahora blande con orgullo el secretario de la Juventud del Partido Justicialista?

¿Cuánto es el tiempo que debe pasar para que un reciente afiliado al Partido Justicialista pueda sentirse parte del mismo, cuando seguramente desde el movimiento ha sido integrante desde su infancia?

¿Cuál es la marca que distingue al peronómetro marplatense? ¿Que Juan diga “salten” y se responda sumisamente “a qué altura”? ¿Que el Gato como dádiva dé participación a los jóvenes y no sea una cuestión clara de merecimiento?

Cualquier ONG de la ciudad de Mar del Plata, y sin fondos públicos, lleva tanto o más acción social que la que remarca el ya no rebelde joven representante de la Juventud Peronista.

La concepción injustificable de su escrito titulado “Para algunos distraídos y desmemoriados” es que las responsabilidades del partido deben derivar en política, más allá de hacer el bien a cuanto compañero o no que existe en la ciudad, que en definitiva es lo que en ciernes lleva nuestra doctrina.

La concepción PJ-ONG con sus distintos cursos, plagados de buena voluntad que no derivan en políticas activas para ocupar los espacios de poder, para así poder hacer el bien a través de la filosofía peronista, es un error de concepción notable. A no ser que como maniobra distractiva los compañeros deban ponerse el tutú para aprender algún tipo de baile mientras las decisiones políticas de carácter profundo se toman en Belgrano 4435.

En otro de los párrafos memorables del mencionado escrito se culpa a la militancia por no asistir en forma espontánea a la ONG pejotista a hacer cestería y no se miran ni se señalan las responsabilidades dirigenciales que han llevado claramente a la derrota sistemática del Partido en las elecciones, para llegar al súmmum de ni siquiera presentar boleta en las últimas.

Es de lamentar que justamente desde el sector de la juventud salgan a blandir el peronómetro cual viejos dirigentes enquistados en la burocracia partidaria desde hace ya demasiado. Tan luego este sector, el de la juventud, en donde siempre y por generación se cree que vienen aires nuevos o simplemente uno se esperanza, pensando que las cosas mañana pueden ser distintas

Sobre el mencionado capítulo internas es poco lo que se puede agregar porque en esa no-interna pesaron más los aparatos que la voluntad militante, cosa que lentamente va a ser revertida

El señalamiento directo sobre el juego a dos puntas llevado por el Partido Justicialista lleva como sola crítica la no explicitación de los candidatos defendidos, si el amor que algunos llevaban estaba puesto en el otra vez candidato Basso, que sigue esperando los votos de la periferia, proclamando la muerte de la Gripe K y defendiendo el cáncer De Narváez, es algo objetable pero no desperonizante. La buena fe de tantos compañeros trabajando en las distintas líneas y vertientes que el peronismo tiene dignifica una vez más, ya no a los candidatos, sino a los compañeros que en la calle le dan vida al peronismo

Señor secretario de la Juventud del Partido Justicialista dos cosas más: primero la Patria y peronistas somos todos.

Juan Manuel Rapacioli

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