EL SEXO ES NOSTALGIA DEL SEXO
Por Virginia Ceratto
En la práctica del voyeurismo, opera la paradoja de que el tercero excluido sí da una tercera opción o terceras: las que se imaginan los voyeurs. Eso sí, con la condición de que ingrese en la escena pero, pero, pero, fuera de los márgenes de la realidad, que siempre, o casi siempre, decepciona.
Y aclararé que en “Voyeurs” no hay “aburrimiento#, hay paso del tiempo. Tal vez eso es peor…
Y el sexo, como decía André Gide, es nostalgia del sexo. Aquel que idealizamos en la adolescencia, con la literatura, los relatos -seguramente imaginarios- de los amigos, con el cine. Entonces, se añora aquel roce que, cierto o inventado, creemos haber perdido. Y si es una opción para retomar una pasión en la pareja, el voyeurismo aplica, siempre y cuando no intervenga la vida real del observado, la observada. Aquí se puede abrir la cuestión, no menor, de lo ilegal.
Me refiero al sexo feliz -porque hay muchas variantes- y sexo y felicidad es una dupla difícil de concretar.
Yo te prefiero fuera de foco, inalcanzable cantaba Cerati, y aquí, en “Voyeurs”, la persiana americana está en todo, y el fuera de foco se hace nítido o se pierde toda vez que la conversación se hace involuntariamente profunda.
Hay muchas persianas. Porque alcanzar la verdad es develar, quitar velos, y en la medida en que se avance hacia un otro real, siempre inaccesible, es preciso quitar los velos que nos separan incluso de la infancia y la adolescencia.
Y ¿cuál es el límite entre la fantasía y la perversión? ¿Hay enfermedad si no hay daño para sí o para terceros?
En términos actuales de consensuar, ¿hay delito cuando otro, u otra no sabe que está siendo objeto de deseo y alimento de fantasías? O lo sabe y juega a ser otro personaje, con otro nombre, con otra perspectiva, tal vez para huir de un presente de insatisfacción, donde todo ha volado por los aires, y el amor es necesidad. Pavada de frase del personaje de la Salvador…
Cambios de nombres, juegos de roles, familias que se sostienen como pueden…
Todo esto se juega en “Voyeurs. El Lado B”.
Con un ritmo que no se detiene en lo trágico y que a la vez no lo soslaya, y que permite la risa espontánea, imprescindible para ingresar en temas que, a pesar de la sobreexposición siguen siendo tabú. Y por eso están de moda. Siempre están en conflicto y por eso están de moda.
Y en este sentido, es gratificante que el autor, Walter Hugo Ghedin, no sólo es buen dramaturgo sino que es sexólogo. Lo uno aporta la intriga y lo otro la seriedad.
“Voyeurs”, escrita por un improvisado podría haber sido el monumento a la chabacanería. Y no lo es. Para nada.
Acertada dirección de Mariano Dossena, que estuvo a la altura del autor y de increíbles actrices y actores. Todos impecables: sacan chispas de ese escenario precioso de Cuatro Elementos.
Juan Manuel Fernández y Clara Campos, los jóvenes, mantienen el timing necesario para que la experiencia de Mónica Salvador se luzca su maestría en uno de esos momentos corrientes en la vida de atractivas señoras profesionales que ven… como ven, la vida parasitaria de su familia y sienten que habían querido, y quieren, otra cosa.
Salvador impecable.
Por su parte, Cristian Sabaz logra un marido desencajado por mantener un control que ha perdido hace tiempo, sin caer en lo patético y sobreponiéndose a las peripecias de la trama con el aliento de un amor que conserva un ansia que tal vez, ojalá, renueve.
Finalmente, Victoria Carreras, extraordinaria en “su” Miriam, campea con soltura yendo y viniendo por y desde todos los paisajes y escenarios de una mujer que va descubriendo su vida, a la vez que desnuda su deseo. Y se desnuda.
Viaja al pasado y nos lleva a un par de tardes de su adolescencia en donde la asignación de ser o no favorita marcó para siempre su vida. Otro tema, en tiempo de redes mentirosas, en donde el usuario le gana a la persona, que la obra nos invita a debatir.
Vestuario -Nicolás Nanni- brillante para las damas, y apropiado para los momentos de forzada convivencia en la cotidianeidad de la pareja joven.
Sugerente la escenografía -Nanni- absolutamente funcional y buen nido de los climas de una iluminación -Claudio Del Bianco- imprescindible para el desarrollo del conflicto. Merecido el premio que recibió recientemente Ronu Keselman por su música original, que nos da un perfil de la pareja en conflicto.
Recomiendo que la vean y luego conversen hasta altas horas. Hay mucha tela para cortar. Y el recuerdo de actuaciones formidables.





