
La oficialización de la lista de 26 futbolistas de Brasil para el Mundial 2026, presentada por Carlo Ancelotti en el emblemático Museo do Amanha, sacudió los cimientos del fútbol sudamericano. No es para menos: el entrenador italiano, fiel a su pragmatismo, decidió incluir a Neymar Jr., una elección que encierra tantas esperanzas como interrogantes. A sus 34 años, el astro del Santos afronta lo que, con toda probabilidad, será su última oportunidad de alcanzar la gloria mundialista. Sin embargo, su presencia no está exenta de debate.
La polémica ausencia: João Pedro
Si la inclusión de Neymar fue la nota de color, la baja más dolorosa -y, para muchos, incomprensible- es la de João Pedro. El delantero del Chelsea completó una temporada estelar, registrando 20 goles en 49 partidos, cifras que lo posicionan en la órbita de gigantes como el Barcelona. Dejar fuera a un jugador en plena ebullición, capaz de marcar diferencias en la élite europea, en favor de una apuesta arriesgada por el físico de un veterano, sitúa a Ancelotti en el centro de las críticas. La decisión parece haber sido un juego de suma cero: el cupo de uno fue el espacio del otro.
El presente de Neymar es, lamentablemente, una repetición del pasado. Tras casi 700 días de inactividad intermitente desde aquella fatídica rotura de ligamentos en Montevideo en 2023, su retorno a la Canarinha está marcado por una lesión de grado II en el gemelo derecho. La contradicción es palpable: Ancelotti, quien durante meses mantuvo como máxima innegociable la «condición física al 100%» para ser convocado, claudicó ante la presión del vestuario, la prensa y una afición que sueña con una última exhibición del ’10’.
El cuerpo técnico de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) trabaja contrarreloj. Mientras Matheus Cunha, su compañero de ataque, intenta transmitir calma asegurando que la lesión le permitirá llegar a la cita mundialista, la realidad es otra: Neymar se perderá los amistosos contra Panamá y Egipto, y su participación en el debut ante Marruecos, el 13 de junio, pende de un hilo.
«No es una lista perfecta: es una lista con la menor cantidad de errores posibles», declaró Ancelotti, mientras repasaba los convocados. La frase, aunque busca blindar al grupo, suena a justificación ante la fragilidad de su máxima figura. Brasil, encuadrada en el Grupo C junto a Marruecos, Haití y Escocia, debería avanzar sin mayores apuros, pero el torneo exige una robustez que la Verdeamarela aún debe demostrar.
¿Es Neymar un líder necesario por su jerarquía o un peso muerto por su inactividad? La historia está llena de figuras que llegaron a su último baile mermadas físicamente, esperando que la genialidad técnica supla las carencias del músculo. Ancelotti, en su primera experiencia mundialista, decidió cargar con esa responsabilidad.
El juicio de la historia
La afición brasileña se debate entre el corazón y la razón. Neymar es el máximo goleador histórico del país, un ícono que ha marcado una era. Sin embargo, el fútbol moderno no perdona. Si la apuesta sale mal y Brasil cae temprano, el recuerdo de Joao Pedro y el resto de los excluidos -como Richarlison o Gabriel Jesús- pesará como una losa sobre la gestión del italiano.
Brasil busca ser, en palabras de su técnico, «el equipo más resiliente del mundo». Para ello, el 13 de junio será el primer examen de una convicción que, hoy, parece más un acto de fe que una certeza deportiva. Mientras el mundo del fútbol observa, Neymar continúa trabajando en silencio, intentando vencer a su propio cuerpo para que la historia tenga el desenlace épico que tanto ansía. Lo que suceda en Estados Unidos, México y Canadá definirá, definitivamente, el legado final de un talento prodigioso que, a pesar de todo, se niega a decir adiós sin luchar.







