
El diagnóstico trazó un plazo preciso: la aceleración del empeoramiento se dio en los últimos 60 días. “Fue una especie de alerta que vienen haciendo y que es perentorio”, dijo a DIB una fuente presente en la reunión. La preocupación incluye una eventual alteración de la paz social.
Colombo y los alcaldes quedaron en seguir la situación de cerca y en coordinar cualquier intervención que tenga que ver con asistencia puntual, que en parte está siendo absorbida por la red estatal municipal y provincial pero también por parroquias y comedores que dependen de Cáritas. Todos están experimentando un marcado incremento de la demanda, se indicó.
“El Gobierno nacional está encerrado, desconectado y sin reacción. No hay plan de salida y lo que abandonan lo están sosteniendo las parroquias, las organizaciones, los municipios con un esfuerzo tremendo” afirmó en ese marco Katopodis.





