
Por Virginia Ceratto
(especial para Mdphoy.com)
Desde el ingreso, encontrarnos con al menos tres generaciones, desde los contemporáneos baby boomers, como quien escribe, hasta pibes chiquitos, todos sonrientes, sabíamos que era una celebración.
Y así fue desde el inicio.
Más de 22 canciones, algunas nuevas, de “Shine”, y las clásicas, las que han hecho que la vida fuera buena, y en momentos horribles, al menos soportable, para miles que estábamos ahí, encandilados, felices. Y si sumamos el final de un concierto memorable y el retorno con un par de bises, largos, y largamente agradecidos, todo hizo que la noche fuera brillante.
Con temas que directamente casi no se podían soportar de tanto sentimiento, como “Al borde del camino”, que hizo solo. En un piano. En su piano.
Solo, abarcando no únicamente el escenario, sino todo el Estadio. Nos atravesó, con esa letra que, en estos tiempos, cobra otro sentido, muchos sentidos.
Aporta sentido…
Si, el tiempo, a Fito, lo puso en otro lado. Uno mejor. Fito se supera. Crece. Es gigante.
Vino a entregar, de nuevo, su corazón. Nos rescató el alma.
Con homenajes a Spinetta, Nebbia y Charly.
Con una versión de “Ciudad de pobres corazones” que abrió con un preludio en contrapunto que nos llevó a Bach y Mozart y finalizó con acordes con algo beatle, dando en conjunto una potencia catártica y liberadora, sobre todo, a quienes vivimos sometidos a distintas violencias en esta puta ciudad. Y sabemos que somos parte de este mundo en donde apalean jubilados y desalojan a las Maricarmen o gana AfD en Sajonia: esta canción, “Ciudad…” podría cantarse ahí…
Con una puesta a punto del sonido (siempre falla en este Estadio) sin detener “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, en bucles instrumentales y de la hermosa voz de Emme, hasta llegar a una apoteosis del tema. Sólo él.
Con pantallas escenográficas documentales, referenciales, con fractales, con psicodelia: todos los estilos…
Y la marea de emoción crecía. Porque, y hay que decirlo, como Fito, muchos de los que estábamos hemos sobrevivido a, al menos, cuatro desgracias, en carne propia y/o ajena: la Dictadura, las drogas, el HIV y la Pandemia. Y podríamos agregar: injusticia y hambre. Y Fito todo el tiempo redimió con un mensaje sanador, rebelde y amoroso.
No romantizó nada.
Al contrario, dejó en claro que sus Fuerzas Armadas del Amor son nuestras Fuerzas Amadas. Que la música está y salva.
Por eso el bis “Cable a tierra” fue un mensaje para nuestro pasado, para algún amigo que partió o está por irse, fue un pedido de che, reaccionen, miren hacia adentro y a los costados.
Fue una ceremonia sagrada.
Gracias corazón
CODA: tampoco “Titanes en el ring”
Llamativos fueron los comentarios acerca del parate, no fue más que eso, que el artista les puso a ciertas personas de seguridad que, en vez de cumplir con su labor de verificar que todo estuviera en calma y, en todo caso prevenir desmanes, que no iban a ocurrir, creyeron que estaban en un oratorio (esto parece el Colón dijo Páez) y pidió enfáticamente que dejaran de exigir que el público se quedara sentado, quietito, cuando todos queríamos aplaudir de pie.
Natural.
Es rock. No dejen que los toquen, párense, nos pidió.
Y fue más que eso. Se estaba refiriendo a esto de naturalizar la represión, en las calles, contra los que sobreviven en las veredas… Contra los echados, oprimidos, amenazados… Una pena que algunos de seguridad, y alguna, no estuvieran preparados para internalizar que lo peor de los 70, la Represión (en cualquier expresión) debe quedar en el pasado. Y hablo de represión, no de orden. Porque había orden, y había alegría, no hacían falta las manos en stop a dos centímetros de la gente…
Es rock, es Fito. Hizo bien. Nos abrazó. Nos cuidó. En lenguaje coloquial de quien ve que están a dos minutos de violentar a su familia.
Y todo el mundo se puso de pie.
Nos pusimos de pie, para aplaudir, para seguir cantando (la silla incomodaba, sobraba), para bailar.
Y no hubo disturbios y nadie salió lastimando. Y no hubo violencia. No hubo más punteros láser apuntando a ningún ojo. Sí hubo titulares sensacionalistas, o directamente fachos. Pero lo sabemos: el mundo es imperfecto, a pesar de Fito. Suerte que él lo hace un poco mejor.
Gracias una vez más, corazón.





