Montenegro vuelve a Mar del Plata: la inseguridad como excusa y el temor a perder territorio Según versiones de dirigentes del PRO y habituales interlocutores de su operador político, Alejandro Rabinovich, Guillermo Montenegro vuelve a la intendencia por una preocupación que excede la inseguridad: teme perder influencia territorial y que la sucesión de 2027 empiece a resolverse sin él.
En esos sectores interpretan que la inseguridad es la excusa pública para corregir una salida que quedó a mitad de camino. El salto al gabinete nacional no se concretó y la banca de senador bonaerense no le dio la proyección que esperaba. Sus interlocutores describen a un Montenegro que perdió el rumbo de su estrategia y muestra poco interés por la actividad legislativa. Mar del Plata sigue siendo su principal capital político.
Pero delegar la intendencia abrió espacio para que otros construyeran sus propias aspiraciones. Agustín Neme quiere jugar en la sucesión y Fernando Muro aparece como una alternativa del montenegrismo. Los libertarios y el radicalismo también tienen candidatos e intereses propios. La lectura que circula entre esos dirigentes es que Montenegro necesita recuperar el mando antes de que esas conversaciones avancen sin su control.
Desde el municipio puede ordenar el equipo, intervenir en la elección de su sucesor y negociar con otro peso frente al PRO y La Libertad Avanza. “Tampoco tiene la certeza de poder mejorar la seguridad sin una buena coordinación con Axel Kicillof”, agregan esos interlocutores. Haber sido juez federal no lo convierte por sí solo en un experto en seguridad. Su experiencia como ministro porteño tampoco garantiza resultados sin acuerdos con el gobierno provincial.
Para el mileísmo, el regreso abre una tensión. Puede ayudar a contener el desgaste de una gestión aliada, pero también devolverle a Montenegro autonomía para negociar el armado de 2027. Un dirigente con territorio propio puede ser un socio electoral y un obstáculo para los libertarios que aspiran a conducir la ciudad.
Para los dirigentes consultados, esa es la preocupación que explica la vuelta: quedarse con una banca provincial de escasa gravitación mientras otros empiezan a disputarle el futuro político de Mar del Plata.
Beto Váldez







