
Sola Sierra en la segunda ronda enfrentará a la norteamericana Coco Gauff, séptima del ranking mundial, que tuvo un debut sin sobresaltos y venció con comodidad a la alemana Tamara Korpatsch por 6-2 y 6-1. Será una prueba mayor para Sierra, contra una de las figuras más potentes del circuito. Pero después de sobrevivir a dos match points y de ganar un partido que se le había puesto cuesta arriba, la argentina está lista para intentar dar una sorpresa frente a la campeona de Grand Slam.
Solana Sierra volvió a hacerse un lugar en Wimbledon a fuerza de resistencia, carácter y oportunismo. En su reaparición en el All England Club después de aquella irrupción histórica de 2025, cuando se convirtió en la primera lucky loser en alcanzar los octavos de final de singles en la Era Abierta, la argentina derrotó a la húngara Anna Bondar por 6-3, 5-7 y 7-5, en una primera ronda tan áspera como cambiante.
La victoria tuvo, además, un valor especial para el tenis argentino: fue la única alegría nacional de la primera jornada en Wimbledon, después de cinco derrotas entre los singlistas masculinos (Marco Trungelliti, Sebastián Báez, Camilo Ugo Carabelli, Thiago Tirante y Juan Manuel Cerúndolo). En un día cuesta arriba, Sierra sostuvo la bandera con una actuación imperfecta, sufrida, pero de enorme fortaleza.
La definición tuvo todos los condimentos de una escena límite. Sierra quedó 5-4 abajo en el tercer set y Bondar dispuso de dos match points para cerrar la historia. Pero la argentina los levantó, sostuvo el pulso y se alejó del peligro para después quebrar en el 6-5 y llevarse la victoria. En el césped de Wimbledon, encontró respuestas justo cuando el partido parecía escapársele.
El desarrollo había empezado mejor para la jugadora de Mar del Plata. Con mayor decisión en la devolución y más peso en los intercambios, se quedó con el primer set por 6-3. Bondar reaccionó en el segundo parcial, aprovechó las grietas del servicio de Sierra y emparejó el marcador con un 7-5 que llevó el duelo a un tercer set de nervios, quiebres y oportunidades cambiantes.
Las estadísticas explican parte de ese vaivén. Sierra conectó 6 aces, pero también cometió 11 dobles faltas. Su segundo saque fue un problema: ganó apenas 13 de 48 puntos con ese golpe, un 27%. Bondar, de hecho, lastimó mucho cuando pudo atacar esa instancia: ganó el 73% de los puntos de devolución frente al segundo servicio de la argentina. Fue, durante largos pasajes, una zona de peligro permanente.
También hubo una sucesión de quiebres que mostró lo inestable del desarrollo. Sierra aprovechó 10 de las 27 oportunidades de break que tuvo; Bondar concretó 8 de 22. La argentina ganó apenas por un punto porcentual más en ese rubro —37% contra 36%—, pero eligió mejor el momento para golpear. En un partido así, la estadística no adorna: delata.
El triunfo instala a Sierra en la segunda rueda y le devuelve protagonismo en un escenario que ya conoce de manera especial. Wimbledon fue, el año pasado, el torneo en el que inscribió su nombre en el circuito. Aquella aventura como lucky loser marcó un precedente histórico; esta vez, ya desde el puesto 56 del ranking, volvió para competir con otra autoridad.





