
El caso de «Pantriste»
El 4 de agosto de 2000 un adolescente que cursaba el primer año del ciclo Polimodal en la Escuela de Enseñanza Media N° 9 de Rafael Calzada, partido de Almirante Brown, mató a un compañero en la puerta del colegio. Dijo que estaba harto de las hostilidades y cargadas que recibía.
Mauricio Salvador murió dos días después, en el hospital Fiorito de Avellaneda. Gabriel Ferrari tuvo suerte. La bala penetró entre el cuero cabelludo y el hueso, sin perforar la cavidad craneana. Estuvo en observación y fue dado de alta.
El autor del hecho fue absuelto en un juicio oral ya que, según los peritajes, no comprendió la criminalidad de lo que había hecho. No obstante, se consideró que constituía un riesgo para sí y para terceros, por lo que se ordenó su internación. Pasó por cuatro cárceles comunes y un neuropsiquiátrico hasta que, a finales de 2018, un juez dispuso su liberación.
El caso de “Juniors”
El 28 de septiembre de 2004, Rodrigo Torres, entró al aula de la Escuela Media N° 2 “Islas Malvinas”, en Carmen de Patagones, y segundos después, se paró frente al pizarrón, sacó un arma y vació el cargador. El joven identificado como “Juniors” mató a tres compañeros (Federico Ponce, Sandra Núñez y Evangelina Miranda) y baleó a otros cinco.
Después de agotar las balas, salió al pasillo y colocó el segundo cargador. Alcanzó a disparar una vez más hasta que se le trabó la pistola. Dante, su único amigo, lo empujó por la espalda y logró desarmarlo. Fue allí cuando “Juniors” estalló en llanto.
Al joven le faltaba un mes para cumplir los 16 años y fue declarado inimputable. Pasó por un instituto de menores y estuvo internado en una clínica psiquiátrica. Hoy su paradero es un secreto guardado por la Justicia.
La masacre que Juniors ejecutó con la pistola Browning 9 milímetros de su papá, suboficial de Prefectura Naval, fue la primera en una escuela de Latinoamérica.





