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Donde estâ Bendú se respirò mucho fútbol

No hace tantos años hinchas y dirigentes de Aldosivi pensaron al lugar como el espacio ideal para erigir la cancha propia. Entre los “resistidos” estaba el club Nautico que entendian que les iba a complicar desde el estacioonamiento en los alrededores hasta cuestiones sociales y deportivas y quedó en la nada. Està claro Que con el espacio Bendú las complicaciones para el centenario club Nautico no son menores.

Recurrí a una exquisita pluma de Miguel De Candia doctorado en Historia y buceador del club Talleres de Mar del Plata para que conozcamos la Cancha de “Ministerio” en el hoy predio Bendú:

 

 

La cancha de “Ministerio”

“No hay un sitio en el mundo en el que un hombre sea más feliz

que en una cancha de fútbol”.

Sergio Ramos

Hoy en día, frente al Club Náutico Mar del Plata, se encuentra la denominada «manzana de los circos». Este nombre se debe a que, desde hace varios años, este predio es utilizado para montar las estructuras de las carpas de los circos durante la temporada veraniega, atrayendo a familias y turistas que buscan entretenimiento. El área, que se extiende en las intersecciones de Av. De los Trabajadores, Av. De los Pescadores y Av. Altaír, se transforma en un bullicioso punto de atracción con una variedad de espectáculos circenses.

El uso de este espacio no solo refleja una tradición cultural y de entretenimiento, sino que también resalta la multifuncionalidad del puerto y sus alrededores. Históricamente, estas tierras han sido testigos de múltiples cambios y adaptaciones según las necesidades de la comunidad. La presencia de los circos, contrasta y complementa la serenidad y el deporte náutico del Club Náutico, creando un paisaje urbano dinámico y diverso.

Este espacio, previamente destinado a diversas actividades, ha sido transformado para atender las crecientes demandas de ocio y cultura. Esta reconversión pone de manifiesto cómo el puerto y sus áreas circundantes continúan adaptándose, integrando nuevas tradiciones y prácticas culturales, al mismo tiempo que mantienen elementos esenciales de su identidad histórica. La «manzana de los circos» se convierte así en un símbolo de la capacidad de adaptación y renovación de Mar del Plata, donde el pasado y el presente coexisten y se enriquecen mutuamente.

En esta manzana, que era una cantera, se creó en 1950 el campo de deportes presidente Perón. Posteriormente, el 30 de abril de 1955, este espacio se convirtió en el Estadio Almirante Brown del Puerto. Este estadio pertenecía al Club Ministerio de Obras Públicas de la Nación, cuya sede se ubicaba en lo que hoy es la intersección de la avenida Juan B. Justo y la calle Sarmiento.

La transformación de esta cantera en un estadio, refleja el crecimiento y la diversificación de las infraestructuras deportivas en Mar del Plata, particularmente en el área del puerto. El estadio Almirante Brown del Puerto se convirtió en un importante espacio para eventos deportivos y comunitarios, consolidando aún más la identidad del barrio del puerto como un epicentro de actividad tanto recreativa como competitiva.

La ceremonia de inauguración del Estadio Almirante Brown del Puerto fue un evento destacado, marcado por la celebración de dos partidos importantes. En el primero, Talleres se impuso a Aldosivi con un marcador de 3 a 2, mientras que, en el segundo partido, Quilmes goleó a Unión por 7 a 0.

No podemos dejar pasar por alto que uno de los desafíos constantes en este estadio fue la influencia de los fuertes vientos, especialmente los que provenían del sector sur. Estos vientos a menudo complicaban el desarrollo de los partidos, afectando tanto a jugadores como a espectadores. La presencia de condiciones climáticas adversas hizo que jugar en el Estadio Almirante Brown del Puerto fuera una experiencia única, requiriendo que los equipos adaptaran sus estrategias y habilidades para lidiar con el viento.

A pesar de estas dificultades, el estadio se convirtió en un símbolo importante para la comunidad, representando la perseverancia y el entusiasmo por el fútbol en el puerto de Mar del Plata. Los partidos inaugurales y los desafíos climáticos asociados al estadio son recordados como parte integral de su historia, reflejando la resiliencia de los jugadores y la pasión de los aficionados que apoyaban a sus equipos a pesar de las adversidades.

La cancha del Ministerio, como se le conocía popularmente, estaba estratégicamente ubicada en el corazón del barrio del puerto de Mar del Plata. Esta posición central facilitaba el acceso a los residentes locales, quienes a menudo asistían a los partidos a pie. La cercanía del estadio con las viviendas significaba que el uso de transporte público, que aún no era masivo, no era una necesidad para muchos de los aficionados.

Una práctica común y característica de la época era la utilización de camiones para el traslado de los espectadores. Estos vehículos se acondicionaban especialmente para los días de partido, convirtiéndose en una solución de transporte improvisada pero efectiva. Los camiones, repletos de aficionados entusiastas, recorrían las calles del barrio, creando un ambiente festivo y de camaradería que añadía una dimensión única a la experiencia futbolística.

Este estadio, con su accesibilidad y el ingenioso uso de camiones para el transporte de hinchas, reflejaba la creatividad de los residentes del puerto, quienes encontraban maneras ingeniosas de apoyar y disfrutar del deporte que amaban.

La hoy denominada manzana de los circos, que acogía a los equipos del puerto como Aldosivi, Banfield y Talleres, y donde hacían de locales alquilando el espacio al Club Ministerio de Obras Públicas de la Nación, presentaba una infraestructura interesante y peculiar para la época. La cancha contaba con tres tribunas armadas: dos de estructura de hierro y una tubular, todas ellas con tablones de madera. Entre el primer tablón y el alambrado perimetral que delimitaba el campo de juego, había una distancia aproximada de tres metros, lo que permitía a los espectadores una vista cercana y directa del partido.

En la sección de la cancha que daba a la avenida Martínez de Hoz (hoy avenida de los Trabajadores), no había tribunas. En su lugar, se ubicaban cabinas de transmisión radial para el periodismo y los delegados de los equipos, situadas en un primer piso accesible mediante una escalera externa. Debajo de estas cabinas se encontraba el buffet, todo construido de mampostería y estratégicamente colocado en la línea de la mitad de la cancha, extendiéndose aproximadamente diez metros a cada lado.

Cabe destacar que el antiguo buffet estaba más retrasado en relación con el nuevo, alineado con los vestuarios y construido de chapa. Esta disposición no solo reflejaba las necesidades funcionales de la época, sino también la evolución de las instalaciones deportivas en el barrio.

La combinación de estas estructuras, con sus tribunas de madera y cabinas de transmisión, creó un ambiente único para los encuentros futbolísticos. Esta disposición también subrayaba la importancia del fútbol en la comunidad, donde los aficionados no solo asistían para ver el partido, sino también para compartir momentos en el buffet y disfrutar de las transmisiones radiales.

En los sectores de la cancha que no contaban con tablones, se permitía el ingreso de autos particulares. Esto ofrecía una alternativa interesante para los espectadores, quienes podían ver el partido desde sus vehículos, disfrutando de infusiones y protegiéndose de las inclemencias del tiempo. Esta modalidad era común, especialmente en partidos regulares. Sin embargo, cuando se trataba de encuentros importantes, como los clásicos, la situación cambiaba.

En esos eventos de mayor relevancia, se colocaban acoplados de camiones sin barandillas, que normalmente se utilizaban para el transporte de cajones de pescado. Estos acoplados se alineaban en los espacios vacíos de la cancha, proporcionando una plataforma elevada desde la cual los espectadores podían ver el partido. Esta disposición no solo aumentaba la capacidad de espectadores, sino que también creaba un ambiente de mayor fervor y emoción, ya que más personas podían asistir y disfrutar del evento.

Detrás de la tribuna cabecera que daba al sur, se encontraba una hilera de árboles y ligustrinas, notablemente más alta que las demás. En esta tribuna, construida con tablones y una estructura de hierro soldado, se ubicaba la barra más bullanguera de Talleres cuando el club hacía las veces de local. Esta tribuna era la más alta de las tres existentes, con unos 25 escalones, y su extensión abarcaba aproximadamente desde una línea del área grande hasta la otra, unos 40 metros de ancho.

La ubicación de esta tribuna permitía a los hinchas tener en los árboles y ligustrinas una especie de barrera natural que podía amortiguar un poco el viento y ofrecer algo de sombra en los días soleados. Este espacio se convertía en el epicentro del fervor futbolístico, donde los cánticos y tambores de los seguidores de Talleres resonaban con mayor intensidad.

La elección de esta tribuna por parte de la barra más entusiasta no era casualidad. Su altura y amplitud ofrecían una perspectiva mejor para seguir el desarrollo del partido, además de una plataforma ideal para desplegar banderas, animando sin descanso a su equipo.

En cambio, la hinchada de Aldosivi se ubicaba en la tribuna lateral que daba hacia los Astilleros de Contessi y los silos de granos. Esta tribuna también estaba rodeada de ligustrinas, aunque más bajas que las de la tribuna de Talleres, apenas cubriendo el cerco perimetral del predio. Construida igualmente de tablones y con una estructura de hierro soldado, esta tribuna era más baja, con unos 15 escalones, y se extendía aproximadamente unos 70 metros de ancho.

La disposición más baja de la tribuna permitía una conexión más cercana y directa con el campo de juego, creando una atmósfera íntima y electrizante durante los partidos.

La elección de esta tribuna no era solo una cuestión de ubicación, sino también una manifestación de la identidad del club y su conexión con el entorno portuario. La cercanía a los astilleros y los silos simbolizaba la estrecha relación entre el club y la industria local, reforzando el sentido de pertenencia y orgullo entre los seguidores. En este sentido, la tribuna de Aldosivi, con sus características distintivas, encapsulaba la esencia del club y su comunidad, destacando su singularidad en el paisaje futbolístico del puerto.

Y la cabecera que daba al norte, paralela al Club Náutico, era donde se ubicaba la parcialidad visitante. Esta tribuna era también de tablones, con una estructura tubular, y contaba con unos 15 escalones. Su ancho era de aproximadamente 50 metros, proporcionando suficiente espacio para acomodar a los seguidores del equipo visitante.

Este orden de ubicación se podía alterar según quién hiciera de local en el encuentro, lo que permitía una cierta flexibilidad en la organización del espacio y garantizaba la seguridad de los espectadores.

La distribución de las tribunas en el estadio del Club Ministerio de Obras Públicas de la Nación, con áreas claramente designadas para los seguidores de Talleres, Aldosivi y los visitantes, reflejaba una organización pensada para mantener el orden y la seguridad durante los encuentros.

En este punto, sobre la ubicación de la hinchada más visible en los estadios, se observa una competencia territorial significativa entre los grupos de apoyo de un mismo equipo por el espacio central más visible. Esta distribución sigue una dinámica particular.

En el centro del estadio, se encuentra el grupo que ha conseguido establecer una notable influencia comunicativa y que cuenta con un gran número de seguidores. Este grupo suele ser el más influyente, ocupando la zona más destacada y visible para maximizar su presencia durante el partido.

Más hacia los bordes, en los márgenes, se encuentran los grupos más recientes o menos numerosos. Aunque no tienen el mismo nivel de visibilidad que el grupo central, estos seguidores también juegan un papel importante en la atmósfera del estadio y contribuyen al ambiente general del partido.

Finalmente, en los rincones, a menudo se encuentra la «vieja guardia» o los hinchas que han sido fervientes seguidores en el pasado. Estos son los seguidores de larga data que, aunque pueden haber reducido su nivel de participación activa, siguen siendo una parte integral de la comunidad de apoyo del equipo.

Este patrón de distribución no solo refleja la estructura social y la dinámica de los grupos de hinchas, sino que también muestra cómo el espacio en el estadio se convierte en un escenario de rivalidades y lealtades dentro de la hinchada. La competencia por los lugares más visibles y prominentes subraya la importancia de la visibilidad y la presencia en la cultura del fútbol, donde cada grupo busca maximizar su impacto y su identidad en el entorno del estadio.

La cancha de Ministerio (como normalmente se la conocía), a diferencia de otros estadios, tenía la particularidad de permitir a los espectadores recorrerla en su totalidad sin impedimentos significativos. No había barreras físicas o vallas que separaran las diferentes áreas del público, lo que facilitaba el acceso libre por toda la cancha. Esta configuración permitía una movilidad fluida entre las tribunas y el campo, favoreciendo la integración de los asistentes.

Sin embargo, durante los partidos importantes, especialmente cuando se enfrentaban equipos con hinchadas muy pasionales o rivales históricos, la situación cambiaba. Para prevenir posibles conflictos entre las parcialidades, se implementaba una medida de seguridad adicional. Se establecía un «vallado humano» compuesto por efectivos de la Prefectura Naval Argentina, a los que se les decía “Las Gaviotas”, que era la fuerza encargada de la seguridad en el área. Estos agentes se posicionaban estratégicamente entre las hinchadas para garantizar que no hubiera enfrentamientos directos y para controlar el flujo de espectadores.

Este vallado humano era esencial para mantener el orden y la seguridad durante los encuentros más tensos, ayudando a prevenir incidentes y a asegurar que los eventos se desarrollaran de manera ordenada.

El campo de juego del Estadio Almirante Brown, tenía unas características distintivas debido a su ubicación y a la composición del terreno. A diferencia de muchos estadios, el campo de juego se construía sobre una base de arena natural proveniente de la costa cercana.

La base del campo era originalmente arena, proveniente de la playa del mar cercano. Sobre esta capa de arena, se le agregaba carbonilla, y se rellenó con tierra y se sembró césped, creando un terreno adecuado para la práctica del fútbol. Esta estructura de capas tenía una ventaja significativa: el drenaje de agua tras las precipitaciones pluviales era extremadamente eficiente. La arena permitía que el agua se filtrara y drenara de manera rápida y natural, evitando la acumulación de charcos y asegurando que el campo permaneciera en buenas condiciones para el juego, incluso después de lluvias intensas.

Esta característica del campo permitía que los partidos se jugaran con relativa normalidad incluso después de condiciones meteorológicas adversas, un aspecto muy valorado en un contexto en el que las lluvias podían ser frecuentes y problemáticas para la programación de los encuentros deportivos.

La cancha de Ministerios, al igual que otros recintos deportivos de su época, tenía características únicas que lo hacían distintivo. Una de las particularidades más notables del estadio era su única entrada y salida, ubicada en la intersección de la Av. Martínez de Hoz (hoy Av. de los Trabajadores) con la calle Gaboto. En esta entrada, se realizaba la venta de entradas en la vereda, mientras que a unos 30 metros se encontraban varias instalaciones recreativas.

Del lado opuesto a la entrada, había una placita con juegos para niños, que incluía hamacas, toboganes y otros elementos, mientras que hacia el sur se encontraba una pista de karting.

El acceso al predio del estadio se realizaba a través de una prolongada bajada compuesta de piedras partidas (pedregullo). Esta bajada descendía hasta el nivel de la cancha, que estaba situado por debajo del nivel de las calles circundantes. La razón de esta disposición se debía a que el terreno había sido previamente una cantera, creando una diferencia de nivel notable. La manzana, de forma irregular y dimensiones dispares, tenía una pared de aproximadamente 6 metros en la esquina de la avenida Juan B. Justo con la Av. de los Trabajadores, marcando el final del terreno.

Todo el recinto estaba cerrado por un alambrado de dos metros de alto, con postes ubicados cada 15 metros. Dentro del predio, en la esquina norte y por debajo de la línea de calle, se encontraba una cancha auxiliar utilizada para prácticas semanales y calentamientos previos a los partidos. A unos 15 metros hacia la cabecera de la cancha principal, había una cancha de básquet.

Una de las características más queridas por la comunidad local era que, cuando no había prácticas oficiales, el espacio se convertía en un lugar de encuentro para los jóvenes del barrio, quienes se reunían para «jugar a la pelota». Esta área multifuncional no solo servía para eventos deportivos, sino que también fomentaba la integración y el uso comunitario del espacio, de los jóvenes del barrio.

Por supuesto, el predio del Estadio Almirante Brown contaba con el famoso «canchero», el encargado de mantener el campo de juego en óptimas condiciones. Este era el conocido Don Guerrero, quien se dedicaba a cuidar el pasto y mantenerlo lo más prolijo posible, tanto dentro del campo de juego como en los alrededores. Su labor incluía cortar el césped y asegurarse de que el terreno estuviera en perfectas condiciones para los partidos.

Don Guerrero contaba con una singular compañía en sus labores cotidianas: un burro que se volvió una presencia habitual en el estadio. Esta escena cotidiana, lejos de pasar desapercibida, terminó por adquirir un carácter simbólico para los asistentes. La figura de Don Guerrero, junto a su inseparable burro, quedó instalada en la memoria colectiva del club Ministerio, aportando una imagen distinta al paisaje futbolero local.

En cuanto a los equipos y sus respectivos integrantes, es importante destacar que, debido a la única entrada al predio del Estadio Almirante Brown, tanto los jugadores como los directores técnicos, asistentes y demás miembros de cada delegación ingresaban por ese mismo acceso.

Las delegaciones de los equipos llegaban al estadio de manera individual. En algunas ocasiones, los equipos se reunían previamente en sus clubes y arribaban juntos al estadio, pero en otras, llegaban por separado. Una vez dentro del predio, cada equipo se dirigía a sus respectivos vestuarios para prepararse para el encuentro.

Los vestuarios estaban situados en una zona específica del estadio, en un área alejada del campo de juego para garantizar la privacidad y el adecuado desarrollo de las preparaciones previas al partido.

La entrada única también implicaba que, durante los partidos importantes, los jugadores y Prefectura debían coordinarse cuidadosamente para evitar cualquier cruce o inconveniente en el ingreso y salida del estadio. Esto era especialmente relevante durante los partidos con gran afluencia de público o cuando se esperaban visitantes, para garantizar la fluidez y seguridad de todos los asistentes.

Los vestuarios del Estadio Almirante Brown, conocidos coloquialmente como «chalet-vestuario», estaban situados en la parte oeste del predio, visualmente debajo del nivel de la Avenida Martínez de Hoz (hoy Avenida de los Trabajadores). Este vestuario, de estructura sencilla, estaba construido en madera con un techo de chapa.

El vestuario estaba compuesto por cuatro espacios principales:

1. Vestuario del Equipo Local: Un área destinada exclusivamente para el equipo que jugaba en casa, donde los jugadores podían prepararse antes del partido y descansar durante el intervalo.
2. Vestuario del Equipo Visitante: Similar al del equipo local, este espacio era reservado para la delegación visitante, proporcionando las mismas comodidades y privacidad necesarias para su preparación.
3. Vestuario para las Autoridades del Encuentro: Esta área estaba destinada a los árbitros y jueces de línea, permitiéndoles prepararse para su labor y descansar brevemente.
4. Baño Compartido: Un único baño estaba disponible para todos los usuarios del vestuario, incluyendo jugadores de ambos equipos, cuerpos técnicos, y las autoridades del partido. Aunque compartido, el baño cumplía con las necesidades básicas durante los eventos.

La ubicación y la estructura del vestuario reflejaban la sencillez y funcionalidad del estadio, adaptándose a las necesidades del momento y a la capacidad del predio.

Los vestuarios del Estadio Almirante Brown tenían la particularidad de que cualquier conversación en uno de los ambientes se escuchaba claramente en los otros. Esta característica se debía a la estructura del edificio, que carecía de aislamiento acústico adecuado. Como resultado, los jugadores, cuerpos técnicos y autoridades del partido podían escuchar las discusiones, estrategias y comentarios de los demás equipos y personal en los vestuarios vecinos. Esta falta de privacidad podía influir en la dinámica del partido, ya que las tácticas y estrategias podían ser inadvertidamente reveladas, afectando así el desarrollo del encuentro, sobre esto el exjugador de futbol de la época Juan Roggio, nos cuenta:

 

 

 

 

“Nosotros estábamos en nuestra habitación-vestuario, y se escuchaba todo lo que decía el director técnico del otro equipo, en la otra habitación (y a ellos les pasaría lo mismo), debido a ello, las indicaciones previas y de entretiempo, se trataban de dar en vos lo más baja posible, pero cuando el técnico se enojaba y nos gritaba, y no había manera de que no lo escucharan…”

Para acceder al campo de juego desde los vestuarios, se utilizaba un pasaje subterráneo, un túnel de aproximadamente 25 metros de largo que conectaba los vestuarios con el terreno de juego. Este túnel se descendía por una escalera de hormigón, que conducía a una entrada de menor altura, cubierta por una viga en la parte superior. Esta estructura facilitaba el traslado de los equipos y autoridades al campo de juego, pero la viga también podía representar un desafío, requiriendo cuidado al pasar para evitar cualquier accidente:

“que si no te inclinabas te pegaba en la cabeza”

La estructura del túnel que conectaba los vestuarios con el campo de juego consistía en una losa de concreto como techo, sostenida por columnas, con paredes de ladrillo sin revocar. El piso del túnel era de arena, y cada 10 metros se encontraba una lámpara colgante que proporcionaba una iluminación básica. Al final de los 25 metros del túnel, se accedía al campo de juego a través de una escalera de hormigón de aproximadamente 6 o 7 escalones. El túnel tenía un ancho de aproximadamente 1,80 metros. Al respecto Roggio nos dice:

“Entrabamos en fila india de a uno…”

Y termina su relato diciendo:

“Era tal el silencio del lugar (era campo) que mientras estábamos entrenando (En la semana) se sentía el repiquetear de una pelota de tenis contra el frontón, y nos decían ese es un tal Vilas, que dicen que es bueno para el tenis…”

Es importante aclarar que, en este predio, los partidos se podían jugar sin problemas significativos porque, en aquella época, los encuentros no solían ser tumultuosos. Las hinchadas o parcialidades no provocaban desmanes ni altercados. La cercanía barrial y la rivalidad local, como en los casos de los partidos entre equipos de Mar del Plata, no generaban conflictos graves. Esto contribuía a un ambiente de respeto y camaradería, permitiendo que los partidos se desarrollaran sin mayores incidentes.

A principios de la década de 1970, ocurrió un incidente trágico en uno de los partidos de Aldosivi en la cancha del Club Ministerio de Obras Públicas. Una de las tribunas cabeceras cedió, y un simpatizante, identificado posteriormente como Luis Hermosilla, sufrió graves lesiones que lo dejaron afectado a una silla de ruedas. Tras su fallecimiento, los hijos de Hermosilla decidieron demandar al Club Aldosivi. El club, sin embargo, alegó que solo alquilaba el estadio y no era el propietario. La justicia falló a favor de la familia, obligando al club arrendador a indemnizar a la familia, lo que dejó al Club Aldosivi en una situación económica devastadora.

En 1977, el Club Ministerio se consagró campeón de la segunda división de ascenso, pero debido a sus problemas financieros, decidió desafiliarse de la Liga Marplatense de Fútbol. Posteriormente, durante el golpe cívico-militar, se ordenó la demolición de la cancha del Club Ministerio. Con la desaparición del club y de su estadio, el barrio del Puerto quedó sin su espacio deportivo principal. En la actualidad, como contamos anteriormente, el antiguo predio se ha transformado en una playa de estacionamiento para camiones y, en ciertos periodos estivales, ha albergado diversos circos, de ahí su actual denominación “la manzana de los circos”

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