
Creíamos que la mercantilización de espacios públicos que la actual gestión toma como bandera de una modernidad que impulsa el desarrollo había alcanzado su climax adosando una pizzería al Museo Municipal de Ciencias Naturales “Lorenzo Scaglia” o fiestas del vino en Villa Victoria.
Estábamos equivocados. Al Honorable Concejo Deliberante llegó por estas horas un proyecto de Ordenanza que habilita “matrimonios civiles y ceremonias convivenciales en espacios públicos, culturales y naturales de la ciudad”.
Es más, se mencionan taxativamente espacios como Villa Victoria, Villa Mitre, Casa sobre el Arroyo, Museo Castagnino, Teatro Colón y Torre Tanque, además del Parque San Martín, Laguna de los Padres y playas como Varese o Playa Grande.
Razón de ser de un museo
Los museos públicos encuentran su razón de ser en la preservación de un patrimonio cultural que abra horizontes al juicio crítico sobre el pasado y reflexiones sobre el futuro del tema que sea de su incumbencia.
Por cierto que existe una diversidad creativa en cuanto a abordajes temáticos, pero tales instituciones deberían abstenerse del ejercicio de eventos que no tengan directa o indirectamente algún tipo de relación con su razón de ser. Y en todo caso si alguna temática excede contenidos, jamás deberían acotarse a encuentros privados sino contemplando su condición de públicos, es decir habilitados para la comunidad en su conjunto.
Preservar la misión educativa y cultural de un museo es un imperativo para el Estado, contemplado en normativas tanto nacionales como locales.
Cada Museo custodia un patrimonio que en modo alguno puede ponerse en riesgo por el uso inadecuado de sus instalaciones.
Opinión de la UNESCO
En la “recomendación relativa a la protección y promoción de los museos y colecciones, su diversidad y su función en la sociedad” la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO, afirma que “los museos son lugares que han de estar abiertos a todos y deberían garantizar el acceso físico y cultural de todos, incluidos los grupos desfavorecidos”.
En el mismo documento se expresa que “Los Estados Miembros deberían reconocer que esas funciones primordiales son de extrema importancia para la sociedad, no pudiendo expresarse en términos puramente financieros”.
El foco en otro lugar
Es curioso que frente a la acuciante realidad social que afecta a gran parte de la comunidad la ocurrencia haya sido impulsar eventos que rozan más la frivolidad que lo que seriamente debería esperarse.
La Cultura y la Educación son indiscutiblemente herramientas de movilidad social ascendente que el estado debe poner al servicio de de un panorama más igualitario.
Hubiera sido bienvenido que quienes pensaron en promover bodas en los museos pusieran la misma energía para hacer accesibles esos espacios a niños y adolescentes que podrían encontrar en ellos fuentes de inspiración para una vida digna.
¿Porqué no diseñar programas que hagan posible que chicos de la periferia pobre tengan las mismas fuentes que los más acomodados? ¿Porqué no poner transportes para que conozcan la ciudad? ¿O acaso ignoran que hay jóvenes que viven en Batán que no conocen el mar?
Nuevos aires pero no buenos
La estructura piramidal del Estado hace correr el riesgo de que un yerro en su vértice contagie el equívoco a los subalternos.
Acaso esta idea de realizar bodas en los museos sea retroactivamente validada por quien ejerciendo la titularidad del Municipio se animó a afirmar que ¨lo que solía ser solo un recuerdo de excursión escolar ahora es el escenario de eventos privados que convocan gente, que generan dinero y, sobre todo, que reviven a la casa. Villa Victoria pasó de ser un conjunto de oficinas de empleados del estado a una máquina de vender sushi y carne braseada, con postres regionales y botellas de vino. Así se revive un patrimonio”
Y lo peor es que están convencidos de que así contribuyen a la modernización.






