
En el taller había más de diez vehículos. El fuego se propagó rápidamente hacia la ferretería, que almacenaba productos químicos, plásticos, solventes y otros materiales altamente inflamables.
Pegada a una estación de servicio
La magnitud del siniestro generó una situación crítica, ya que a pocos metros del lugar funciona una estación de servicio, lo que obligó a los bomberos a priorizar el perímetro para evitar una tragedia mayor.
Ocho dotaciones, poca agua
Las primeras alertas se produjeron cerca de la 1.40, cuando comenzaron a llegar llamados al cuartel de bomberos y al 911. La primera dotación en arribar fue la del Destacamento Monolito, aunque al llegar al lugar ya se advertía la magnitud del fuego por las características de los locales involucrados.
Con el correr de las horas se sumaron refuerzos de los cuarteles de Caisamar y Centro, principalmente para el reabastecimiento de agua.
Justamente, la falta del elemento líquido fue una de las principales dificultades que enfrentaron los equipos, lo que motivó la intervención de una cuadrilla de Obras Sanitarias y el uso de una grúa para combatir el fuego desde lo alto.
En total trabajaron ocho dotaciones.
Tras varias horas de intenso trabajo, el incendio pudo ser controlado, aunque tanto el taller mecánico como la ferretería quedaron completamente destruidos.
“No quedó nada”
El propietario de Argenfer, Gustavo Ares, describió con crudeza lo ocurrido y aseguró que “no quedó nada en pie”. “Perdimos 45 años de trabajo en un ratito”, dijo el comerciante.
“Yo trabajo normalmente hasta tarde. Tipo 2 de la mañana estaba conectado en forma remota a los servidores de la empresa, haciendo pedidos y otras cosas para la Cámara de Ferreteros, de la que soy vicepresidente. Ahí me sonó la alarma de una app del teléfono que me informaba de un posible robo. Revisé las cámaras y vi que había humo en el taller del vecino”, explicó.
Y continuó: “Mientras iba para allá me llamó el vecino y me dijo que se le había prendido fuego el taller y que había tomado el techo de mi local. Entonces, llegué y vi que los bomberos trabajaban ahí; les abrí el local para darles ingreso, pero no se pudo hacer nada. Vi cómo se consumía todo, con la impotencia de no poder hacer nada. Hicieron un esfuerzo muy grande pero faltaba agua”.
“Tenemos que volver a empezar”
Ares detalló que su comercio tenía “1.200 metros cuadrados” y que las pérdidas fueron totales. “Se consumió todo. No quedó nada en pie: oficinas, depósitos, mostrador. Nada”, lamentó.
En ese contexto, reveló el impacto humano que dejó el incendio: “Los empleados están más tristes que yo. A mí me cabe la responsabilidad de continuar. En un ratito perdimos 45 años de trabajo”.
En otro tramo de la entrevista, señaló que la empresa cuenta con “más de 50 empleados”. “En esta que es la casa central son 20 y muchos de ellos son amigos y tienen más de 65 años. Ahora tenemos que empezar de nuevo como a los 20”, expresó.




