Casi en silencio, Axel Kicillof dio esta semana el primer paso para intentar desenredar dos nudos políticos enmarañadísimos, pero a la vez determinantes para el destino de su proyecto presidencial: cómo expandir su figura más allá de los límites que le impone su identidad de origen kirchnerista sin termina de romper en público con Cristina Fernández, y de qué manera asegurar que los intendentes, el núcleo duro de la tropa que lo trajo hasta acá, sorteen el límite legal para las reelecciones indefinidas.
Esa intención tiene nombres propios, combinados con territorios: Ernesto Sáenz en Salta, Martín Llaryora en Córdoba, Alberto Weretilnek en Río Negro, son solo algunos de los que se escuchan en los despachos de la gobernación. En los planes, esa es la primera etapa: después, el ideal sería acercar a no peronistas que tienen una relación tensa con el mundo libertario. Es un listado que comienza con el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, pero también incluye a figuras como Martín Lousteau.
Es un objetivo que hoy luce muy complejo. De mínima, porque en el mejor de los casos lleva añadida una agenda parlamentaria exigente: en el MDF creen que un requisito, que de base es habilitar nuevamente las PASO. “De lo contrario, sumar no K es inviable”, dicen. Pero la incógnita mayor es que la dirección de apertura implica una toma de distancia mayor de Kicillof respecto de CFK y el gobernador no da señales -ni siquiera en su círculo íntimo- de estar dispuesto a una ruptura explícita y pública.
En la provincia, de lo que parece tratarse es de preservar el aparato de sustentación política de Kicillof, los intendentes peronistas, que no es propio sino que se fue aglutinando en torno suyo por distanciamiento del kirchnerismo. Y eso gestos para sostener la cohesión. Respaldar el fin de las reelecciones indefinidas fue un paso en esa línea, que Kicillof repitió esta semana en la reunión de Gesell luego de que Verónica Magario lo planteara como prioridad, en parte porque una vuelta a La Matanza puede ser su futuro, y en parte porque quiere presidir el PJ.
Pero el gobernador fue más allá: ordenó a su tropa exponer las posiciones de todos los sectores del peronismo, con vistas a un eventual tratamiento legislativo del tema. El tiro por elevación fue claro: apuntó al camporismo, del que el Kicillof sospecha que no quiere acompañar la iniciativa solo para perjudicar a sus aliados. La jugada busca incomodar, porque si el objetivo de ese sector es quedarse con la candidatura a la goberanción en 2027, enemistarse con los alcaldes no parece una buena receta.
Si Kicillof consigue que el proyecto -sería una reforma a la ley actual- se trate, habrá avanzado solo con una parte de la agenda parlamentaria que plantea para este año. Con la Boleta Única Papel como una novedad exitosa que nadie cree que tenga vuelta atrás, los libertarios intentarán avanzar en Provincia. El MDF probablemente intente que no se repita el desdoblamiento de las elecciones bonaerenses que fue una de sus marcas de origen: esta vez, podría perjudicar.

Andrés Lavaselli




