
La estatua está oxidada
Sobre avenida Figueroa Alcorta, el monumento de bronce empieza a ser opaco. Nada podrá borrar la memoria emotiva, pero el presente es estremecedor. La segunda etapa de Gallardo en River entró en la cuenta regresiva. Desde que regresó al club, en agosto de 2024, no pudo ganar un título. Y los golpes fueron muy fuertes. Sin ir más lejos, el sábado sufrió la derrota más oprobiosa de su ciclo: fue aplastado por Tigre, que le ganó 4 a 1 en el mismísimo Monumental.
En este contexto, las redes sociales son contundentes. Ahí mismo, en esa tribuna virtual, se pide la salida del técnico. El Muñeco sabe que no tiene demasiado margen. Puertas adentro, se supo que se dio un plazo de dos meses para revertir esta situación. La fecha coincide con el inicio de la fase de grupos de la Sudamericana, que será a principios de abril.
El póster se mancha
Cuando decidió acompañar a Jorge Amor Ameal, Riquelme sabía que podía ser salpicado por el barro. Como vicepresidente y cabeza del Consejo de Fútbol, fue acompañado por los títulos. Se ganaron dos campeonatos locales y una Supercopa Argentina. Incluso, llegó a la final de la Libertadores que Boca perdió con Fluminense en Río de Janeiro.
Elegido como presidente, quedó expuesto como cabeza de la gestión. En tres temporadas, el equipo no ganó nada. Diego Martínez, Fernando Gago, Miguel Angel Russo y ahora Claudio Úbeda no lograron enderezar el rumbo.
Román está enojado con los jugadores y la decisión de sostener en su cargo al ayudante del fallecido entrenador empieza a ser un bumerán. Los hinchas le apuntan a Úbeda, pero sobre todo a Riquelme que por más que públicamente se muestre indulgente, recibirá más críticas a su deficitaria conducción en proporción al trabajo del entrenador que eligió.
El presidente habló con los jugadores en la práctica del lunes, un día que iba a ser libre hasta que el propio Román le pidió a Úbeda que no había lugar posible para el descanso. Riquelme suele meterse en el terreno de los técnicos. Pasó con todos, desde Russo en sus dos etapas hasta Sebastián Battaglia. Basta con recordar cuando hizo bajar a los futbolistas del micro tras una derrota con Gimnasia en la Bombonera.
Los problemas de Boca no pasan tanto por el ataque, donde es cierto que tiene una colección de lesionados, pero también un alto promedio de eficacia, por más que no remate tanto al arco: casi uno de cada dos tiros termina en gol.
El funcionamiento depende demasiado del desequilibrio individual y la gestación del juego, más allá de Leandro Paredes, necesita de Ander Herrera, otro que sufre constantes problemas musculares. Tampoco está Carlos Palacios, el enganche, que tiene una sinovitis.
Hay otra cuestión a la hora del análisis que, incluso, supera al propio Úbeda. Hace dos años que los xeneizes padecen una racha negra en condición de visitante. A los números hay que remitirse. Tomando en cuenta el período 2024-2026, temporadas que abarcan a Martínez, Gago y Russo-Ubeda, Boca tiene el 37,2% de efectividad lejos de la Bombonera. De 43 partidos disputados fuera de casa, apenas ganó 12. El resto fueron 12 empates y 19 derrotas con 46 goles a favor y 49 en contra.
River y Boca unidos por el enojo
Los hinchas de River y Boca, cultores de un antagonismo histórico, hoy comparten la bronca por la realidad de sus equipos, que tendrán más estructura y millones, pero no arrancan. Gallardo y Riquelme parecen olvidarse de que el escudo está por encima de los nombres. Perpetuarse en el poder no es sano. Solo hay una diferencia entre el Muñeco y Román: uno puede dar un paso al costado y el otro depende del voto popular. Aunque los dos pueden terminar del mismo modo, tarde o temprano, si no hay una pronta reacción.





