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Terminó el jubileo y Montenegro no deja de fingir

Sin indulgencias para lo que parece un cheque en blanco para Montenegro,  lo devuelve en forma de pagaré donde hay que agregarle ceros a la derecha, en principio su fecha de vencimiento es el 10 de diciembre de 2023. Hoy la renovación del documento sería por una eventual reelección, la duda es si recibirá otro cheque en blanco sino levanta el pagaré.

Ese es el rumbo metafórico, esta elección ha sido el inicio de un proceso irreversible de transformación profundo de un modelo municipal agotado. Y no son precisamente las señales que parten desde Yrigoyen 1627. Esto es un barco sin timón y el capitán tiene dudas para hallar el Norte. La brújula no está en su bitácora.

Pese a su cómodo triunfo de ayer, que no superó la legislativa del 2017 (48,6%) que ganó Vilma Baragiola, el intendente municipal llegó a los 11 concejales propios, lo cual no lo librará de practicar sus habituales galimatías en negociaciones que lindan el borde del reglamento, en ordenanzas de mediana y alta complejidad, que luego generalmente dejan sus huellas.

Ya se escucharon frases como “basta de hacer montenegrismo”, lo cual ya marca la cancha para esperar fuertes medidas que doten de un mejor funcionamiento a su administración municipal, rememorando aquello de “funcionarios que no funcionan”. Sería un acto de audacia político imprudente no aplicar: “cuando veas las barbas de tu enemigo afeitar pon las tuyas a remojar”. Montenegro recibe el próximo 10 de diciembre su propia herencia, aunque ya haya abierto el manual de las excusas.

En Mar del Plata se federalizó la elección. Es una foto más de cómo se reprodujo mayoritariamente un fenómeno que llegó hasta Santa Cruz y La Matanza, lo cual son máximas evidencias de la debacle oficialista que tuvo su espejo en Mar del Plata.

Esta contundente expresión electoral tiene como propiedad excluyente a la ciudadanía. Una participación que tuvo un alcance cercano de los techos históricos a nivel nacional, como las de medio término o legislativas.

En la MGP no se evaluó la gestión a la hora de votar, ya que la misma careció de agenda. En 2020, la pandemia facilitó el encerramiento de la política, que aprovechó para disimular fallas de gestión y de plan de gobierno. El 2021, como año electoral fue una plancha en un mar ondulado, se durmieron en modo Larreta para instalar a Diego Santilli.

La escasa gestión Montenegro acumuló problemas. Y no fortaleció la coalición, el resultado de ayer refleja otro contexto, casi hasta burdo de aclarar. Fue la competencia entre dos coaliciones que dejó claramente una vencedora. Más allá de quienes las represente, como son los casos de Fernando Muro y Alejandro Rabinovich, son de mera inserción con un slogan “en defensa de los marplatenses”, propio de fake news político.

Con el kirchnerismo retraído desde la Casa Rosada y La Plata, el “montenegrismo”  fue más ocioso. Sino resulta inexplicable que el Concejo Deliberante le clavara tres aprobaciones de emergencia. Nada menos que en Transporte, Seguridad y Tratamiento de Residuos. Áreas clave de todos los gobiernos municipales de toda la historia.   

El oficialismo nacional y provincial que ya había sufrido las PASO, no claudicó en sus errores que en el caso de Mar del Plata, se prolongó al Frente De Todos como oposición. Por el contrario hubo perfeccionamiento en favor de sus adversarios, de hecho sus errores de gestión se transformaron en los principales argumentos de campaña de Juntos, pero no como asesores o consultoras contratadas, sino por “meritos propios” o también llamados errores no forzados.

Era innecesario hasta hacer campañas con promesas que no se van a poder cumplir, no se puede vivir barriendo basura abajo de la alfombra. El dólar a más de $ 200.- y las vallas protegiendo la municipalidad en San Justo, con la total ausencia del intendente Fernando Espinosa y la vice gobernadora Verónica Magario. Todavía no se sabe dónde están.

También sus propios funcionarios, como el presidente de la Nación Alberto Fernández fueron los ejecutores, como Axel Kicillof y Sergio Berni. Ellos fueron los conductores al cadalso de las municipalidades, las provincias y la Nación con sus legislaturas cubiertas de votos de Juntos.

Sería caer en un error que hubiera un dueño de triunfo, una apropiación indebida que marcará un rumbo en diáspora de un país que se hartó. La pandemia incidió pero por su mal manejo, por la cuarentena eterna. Por los vacunados vip que tocaron muy cerca a Mar del Plata y el Olivos Gate, cuando encerraban hasta los niños privándolos de un valor esencial como la educación. Las escuelas cerradas fueron un ícono del impacto negativo que desencajó a los argentinos.

Merece profundidad un contexto tan complicado que no merece una lectura equivocada, sino las consecuencias pueden llevar a un lamento totalmente desaconsejable. Montenegro tuvo sus 5 minutos de gloria, que se extendieron hasta la medianoche de ayer.

En el caso de Mar del Plata la  preocupación por el día después al 14 de noviembre, o sea hoy, merece otro tipo de actitudes y aptitudes, cuya morosidad causa perplejidad por la falta de iniciativa y lentitud de los reflejos.

Cualquier aventura está a la vuelta de la esquina, como reactivar un viejo reencuentro de amigos entre Alberto y Guillermo, el presidente y el intendente. Las nuevas construcciones políticas no saben de herejías con tal de arreglar las subsistencias.

Los giros en el aire no despiertan confianza sólo en el beneficio del corto plazo. Vivir de la política como profesión se ha convertido en tarea de riesgo. Es de imaginar que el intendente comprende de cabo a rabo lo de la casta política y sus exponentes. No debería sentirse ajeno.

Jorge Elías Gómez

 

 

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