Ciudad

Una lección del intendente Arroyo ante el país

Mar del Plata había quedado bajo la lupa con la determinación sobre las denominadas fiestas electrónicas. Prohibición, autorización y suspensión eran los términos que no terminaban de explicar lo que sucedía, sobre las autorizaciones solicitadas desde balnearios del Sur en el pico de la temporada alta. Incluso hubo quienes “lo apuraron” al intendente para que actuara desde la improvisación, reconociendo que no hubo celeridad en la decisión.

Observando el último viernes la transmisión en vivo de la rave de Punta Carrasco, en el relato de la periodista Nuria González Rouco, quien había cubierto las  programadas en nuestras playas, no dejaba de sorprender que todas las medidas de prevención y seguridad adoptadas, eran prácticamente extraídas de un protocolo, cuyo cronograma había sido aplicado sobre la marcha por el intendente Carlos Fernando Arroyo, objeto de una lluvia de críticas bajo la cual se parapeta la oposición política, en muchos de los casos.

Realmente eran sorprendentes las coincidencias y habla claramente de los aciertos del intendente Arroyo y su equipo, que no dejó libre el azar y tomó medidas a todas luces efectivas. Hubo demoras, marchas y contramarchas, pero fue claro y práctico, “No quiero ser yo el intendente que le lleve la noticias a los padres de que su hijo había fallecido en una fiestas de esas”, dijo el `hombre del impermeable azul´.

Las crónicas de los diarios porteños, fueron las siguientes por ejemplo:

La primera fiesta electrónica que se organizó desde la tragedia de Time Warp en la que murieron cinco jóvenes reunió a unas 52.00 personas en el Mandarine Park de Punta Carrasco. A la una de la madrugada sobre la costanera se encimaban los autos para intentar entrar al estacionamiento que ya estaba completo salvo para los privilegiados que habían comprado mesa por unos $20.000.

Había ansiedad acumulada porque pasaron nueve meses sin fiestas electrónicas en la ciudad de Buenos Aires. La noche del viernes 17 de febrero fue además la primera rave que se organizó desde que entró en vigencia la nueva ley que regula este tipo de espectáculos.

Todos los que fueron a pesar de la lluvia que se largó a medianoche y no se detuvo hasta las 3 am, querían ver y escuchar a Dash Berlin, un DJ holandés que tenía previsto tocar ocho días después de Time Warp pero nunca lo pudo hacer. Por eso, muchos guardaban la entrada de $800 desde hace varios meses.

“Está mucho más controlado todo, yo pasaba como menor antes y ahora no hubiese podido”, señaló Romina mientras bailaba y aseguró que Dash está en el “top 10” de los mejores Djs. Se refirió además, al control tecnológico de acceso al lugar, una de las introducciones de la nueva ley. Primero le pidieron el documento y después la hicieron posar frente a una cámara con el documento en mano. El último paso para ingresar al amplio predio bajo la lluvia fue revisar las mochilas o carteras -desde lejos y sin tocar- y, en el caso de los hombres, palparlos -apenas, solo los costados.

La presencia de fuerzas de seguridad se hizo notar dentro y fuera del predio: Prefectura, policía de la ciudad y seguridad privada. Además, médicos, enfermeros y agentes de la Cruz Roja estaban asignados a los diferentes sectores del predio. Por ley, los organizadores de la fiesta debían informar a todo asistente a través de pantallas sobre seguridad y consumo de drogas. Así lo hicieron y unas columnas de led lo anunciaban al ingresar mientras que otra pantalla dentro del predio recordaba cosas como: “Si hay humo avanzar gateando”, “Si tomas alcohol alimentate”, “Hidratémonos”.

La hidratación fue otro de los puntos claves en la nueva ley que ahora exige puestos de hidratación gratuitos toda la noche. En el fondo, detrás de las barras estaba el puesto al que poca gente llegaba. Aunque un cartel indicaba su acceso, los que consumían agua lo hacían más que nada en la barra donde una botellita costaba $50. La barra no ofrecía agua de la canilla y los baños eran químicos por lo que la única opción de agua gratuita era el puesto de hidratación.

Con pilotos de casa o improvisados con bolsas, la gente intentaba evitar mojarse; los que estaban a salvo de la lluvia eran los que habían pagado por el VIP, el único sector techado. El resto, en el campo. Aunque Dash estaba anunciado a la una, apareció en el escenario a las dos con una camiseta de Argentina. Matías vino de zona sur en auto a verlo con la novia; el sábado repitió la salida porque era otro Dj, “uno menos comercial que genera un mejor ambiente”. Esta vez fue con sus amigos y en los micros que ese día sí salían de zona sur para ir a Punta Carrasco.

A las 3.30 el control tecnológico de capacidad, otra de las novedades implementadas por la ley, marcaba que con 5.160 personas estaba completo el 61% de su capacidad total que son 8000 personas. Aunque pequeño, este monitor útil para inspectores y asistentes se encontraba en el ingreso al predio.

Dos foodtrucks en un rincón de Mandarine Park ofrecían comida pero, al igual que el puesto de hidratación, eran de los menos concurridos. Lejos de completar la capacidad del lugar, organizadores y asistentes aseguraron que sería el sábado el día con mayor convocatoria.

Patricia Cillis (44) y Maria Rosa (47) explicaron: “Nos encanta la música electrónica y vamos juntas a las fiestas hace seis años”, explica Patricia con una lata de cerveza en la mano. Como saben que toman alcohol se pidieron un taxi desde sus casas en Flores. En la fiesta notaron ciertos cambios y afirmaron que “en materia de seguridad mejoraron muchísimo”.

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