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San Lorenzo fue un “ciclón” en el final y derrotó a Peñarol que no levanta

En un ratito bestial del último cuarto (parcial de 27-5 en 6m30), San Lorenzo aceleró y resolvió un partido que venía complejo ante Peñarol: fue 86-61 en casa para seguir de festejo tras el título en el Súper 4.

“Me tomo cinco minutos, me tomo un té”, dice la frase popular y usada como publicidad. Un tiempito, tranquilidad y a otra cosa. Para San Lorenzo es otro tema. Si se toma cinco minutos a toda marcha, te destroza. Fueron un poco más de seis minutos esta vez, pero el número no cambia el concepto. Ese tiempo lo alcanzó al campeón para resolver todos los problemas de los 30 previos y pegarle una trompada al mentón a un batallador Peñarol. Esa lucha marplatense quedó corta ante el Ciclón, que terminó ganando por 86-61 para seguir de copas después de quedarse con el Súper 4 en Corrientes.

La primera parte de la película tuvo un trámite parejo, chato, con más errores que aciertos y con lagunas profundas de los dos. El local, porque no pudo imponer su ritmo, no tuvo la mejor versión de Aguirre y se apuró y equivocó bastante (16 pérdidas).

La visita, porque sus limitaciones, sobre todo ofensivas, fueron notorias, sumadas a una mala noche a distancia (4-22). Lo mejor, hasta ahí, habían sido la simpleza de Deck y Sandes, más la intensidad de Calfani de un lado; y la lucha y potencia de Acuña del otro.

El Cuervo entró al último parcial arriba por siete (53-46) luego de que Peña limara a uno. Y hasta ahí llegó el tema. Porque Safar (justo un ex Milrayitas) clavó tres bombazos seguidos, Calfani aportó uno propio para completar su partidazo (19 puntos, 5 rebotes, 4 asistencias y 5 robos), Deck siguió en la suya con cuatro unidades y un tremendo volcadón a una mano (cerró con 16 tantos y 4 tableros en sólo 17m), y Meyinsse despertó de la siesta cerca del aro.

En 6m30, Boedo clavó un parcial de ¡27-5! y llevó el marcador a 80-51. En un ratito, lo parejo se transformó en paliza. Así de frustrante para Peñarol y su lucha. Así de dulce para San Lorenzo, que sigue arriba y no afloja.

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