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¿Quién es el hombre que cada día le pone fecha a Mar del Plata desde hace 25 años?

Hasta ahora era un misterio. Pero Hugo Perea (54) decidió darse a conocer en una nota con Clarín. El hombre actualiza cada día el calendario floral de Plaza San Martín, una de las postales clásicas de La Feliz. “La gente piensa que se aprieta un botón… y listo”, afirma.

 

Es probable que el Calendario de Mar del Plata sea uno de los íconos indiscutidos de la ciudad, pero también el de menos marketing y glamour. No tiene la fama del monumento a los lobos marinos de la Rambla, el porte del Torreón del Monje ni la envergadura del Faro, pero cada día cientos de turistas que recorren la peatonal San Martín, frente a la Catedral, eligen el Calendario para una selfie, un recuerdo y hasta para casarse.

 Desde 1940, Mar del Plata tiene un calendario floral que indica el día, el mes y el año de cada jornada. Está hecho con distintos moldes a los que hay que rellenar con granza (piedritas, vulgarmente) y polvo de ladrillo y luego regar para consolidarlos. De la ardua tarea se encarga, desde hace 25 años, cada madrugada, Hugo Perea, el capataz de la plaza San Martín, donde está ubicada esta postal de la ciudad.
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“En Navidad, Año Nuevo o en el día del trabajador, llueve, nieve o truene”, detalla Hugo Perea, quien hace más de 25 años arma el calendario la Plaza San Martin. Foto Maxi Failla

Llueve, nieve o truene acá estoy firme como cada día del año. Yo no tengo franco, laburo en Navidad, Año Nuevo, el día del trabajador, porque el almanaque hay que cambiarlo”, le dice con orgullo Perea a Clarín.

En tiempos en que la tecnología lo abarca todo, él es un artesano y vaya si pone el cuerpo cada madrugada. “La mayoría de la gente que circula por la peatonal, que es muchísima, cree que todo esto se hace mecánicamente, apretando un botón, no que hay alguien que viene a las cinco, seis de la mañana, prepara el terreno, trae los moldes de metal y que se arrodilla durante dos horas y actualiza el almanaque“.

Trabajador de la Municipalidad marplatense, Perea recibe a este medio a las 7 de la mañana del domingo. Diariamente lo hace más temprano, de hecho se va de su casa a las 5 cada dia, pero tuvo consideración y piedad por ser fin de semana. Como nunca antes, hay público que se sorprende al ver quién está haciendo ese trabajo.

Es que si bien es santiagueño, Perea es un querido vecino que hace cuarenta años que vive en Mar del Plata, al que no se le conocía su metier. “Nunca dije que lo hacía yo, me gusta mantenerme anónimo y a veces vengo acá a la noche y escucho que la gente pregunta sobre quién y cómo se hará este emblema. Yo chusmeo, pongo la oreja, pero no abro la boca”.

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Subsuelo. Cada madrugada Perea baja al sótano de la plaza, donde se conservan los moldes y las estructuras que modifica cada día. “Toda la movida me lleva dos horas, pero a veces por el cambio de mes o por tiempo, tardo un poco más”. Foto Maxi Failla

 

De aspecto fuerte, maños callosas, aunque con rodillas gastadas, Perea pide que Clarín lo acompañe al subsuelo de la plaza, un lugar medio lúgubre donde se guardan las estructuras metálicas que utiliza cada día. Acaba de retirar la barra que dice “sábado”, de unos 20 kilos, y el molde del número “4”, para cambiarlos y llevar los que corresponde para el día de hoy: “domingo” y “5”. Además, carga unos baldes con polvo de ladrillo, una regadera y otras herramientas.

Metros más allá lo esperan decenas de camaritas y teléfonos que quieren captar “el proceso de cambio,” una imagen bienvenida por la hora del día, que no estaba en los planes de los curiosos. “No estoy acostumbrado a trabajar con público, espero que me salga bien”, sostiene con una sonrisa este trabajador que no sabe cuántos años más seguirá actualizando el almanaque. “¿Cinco más?, no sé”.

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Manos a la obra. Cada paso que hace Perea lo realiza con dedicación y delicadeza. “También estoy a cargo de las plantas y flores de la Plaza San Martín”. Foto Maxi Failla –

Es que tengo las rodillas a la miseria, una fisurada y la otra con reuma, producto del frío, la lluvia y la dureza del piso y de estar dos horas arrodillado cada día. Pero tengo aguante todavía”. El hombre, que por la tarde trabaja en un puesto de diarios, mira el cielo y ruega por la salida del sol. “Diciembre fue un mes complicado, llovió mucho y tomé mucho frío. Venía con piloto, gorra y botas de goma, pero hubo tormentas que me hacían demorar el trabajo… y pobres rodillas”.

Perea explica su tarea rutinaria: “Todos los días cambio el relleno del número y del día, les pongo el polvo de ladrillo a los moldes y renuevo la granza que rodea a la estructura, que queda sucia del día anterior. Pero el ladrillo se mantiene, lo guardamos, no se tira, es más costoso y difícil de conseguir”.

Su rostro adusto contrasta con la parsimonia del santiagueño. Dice que se ríe poco, que el trata de relajar su rostro pero no puede. “Será porque trabajo mucho, no sé… Pero soy tranquilo, me gusta estar aquí y cumplir todas las etapas, me tomo tiempo y el cuidado que merece este lugar tan importante“, describe este padre de tres hijos , que se encarga, además, de cuidar las plantas y flores de la plaza.

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Pesada carga. Perea carga la estructura de la palabra “domingo”, junto al número “5”. “Un poco me siento artista, y este lugar también un poco mío lo siento”. Foto Maxi Failla

Detalladamente y ofreciendo su costado artístico, Perea utiliza un fratacho para alisar el polvo y las piedritas. “Soy puntilloso y me siento el responsable de la fachada de este ícono”. Habla y ahonda en detalles mientras trabaja duro, sin distraerse. Se pone de pie, se acuclilla, observa de un lado y de otro, tiene que ser exacto a la hora de centrar números y palabras.

Perea cuenta que los días de más trabajo son cuando hay que cambiar el año y el mes, tarea que se extiende otra hora. “El martes pasado, el 31, terminé de brindar con la familia y me vine para acá. Mi mujer me dijo: ‘¿Hoy también tenés que ir?’. Para mí es religioso esto, no lo pienso, vengo porque es un sentimiento….”, desliza mientras se escuchan los ecos de la misa que traspasan la Catedral.

“La semana pasada fue muy movida, porque tuve que cambiar el día, el mes, el número y otros dos números del año, de 2019 a 2020”, expresa sin atisbo de queja. “Por suerte ‘enero’ es una palabra corta… ¿Sabés lo que tardo con ‘septiembre’? Ahí me ahorro unos minutos y pongo ‘setiembre’, sin la p“, lanza serio, este hombre de manos grandes y callosas. “Las palabras Mar del Plata se limpian y se cambian el relleno mensualmente”.

Aquerenciado en esta ciudad, el santiagueño reconoce que pierde su habitual serenidad cuando aparecen la maldad y el vandalismo. “No sucede seguido, por suerte, pero ha pasado que destruyeron o pisotearon mi trabajo, pero el perjudicado termina siendo el turista, que no puede hacer la foto que viene a buscar”, hace saber el capataz,. “De hecho yo cambiaba el almanaque después de medianoche, pero el ambiente a esa hora no es el mejor y cuando amanecía encontrabas cualquier garabato“, revela Perea, que se gana unos extras con esta labor.

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Misión cumplida. Cerca de las 9 de la mañana Perea concluyó su tarea. El almanaque ya está actualizado. Foto Maxi Failla

Misión cumplida. Cerca de las 9 de la mañana Perea concluyó su tarea. El almanaque ya está actualizado. Foto Maxi Failla

Amante de la naturaleza, delicado con el cuidado de las plantas, Perea se encarga del orden y la limpieza de la Plaza San Martín y de las flores que rodean al calendario. “Fijate -indica orgulloso- los seis árboles que coronan el emblema, son ginkgo biloba, un tipo de árbol fuerte, que resistió la bomba atómica. Las flores que están al pie son copetes amarillos y las plantas, portulacas traídas del vivero municipal”, desasna. “Y los leones a los costados le dan una presencia importante, son como los guardianes”.

¿Se siente reconocido por tamaña y consecuente labor? “Yo hago mi trabajo sin esperar la palmadita. Por el horario, paso bastante inadvertido, pero el otro día tuve una de esas sorpresas que te reconfortan el alma: vino el flamante intendente, Guillermo Montenegro. Quería saber quién hacía el calendario al que él era asiduo concurrente cuando era chico; me felicitó y me estrechó la mano. Eso vale mucho, nunca antes ningún otro intendente lo había hecho”.

El tiempo es algo que cotiza en bolsa para Hugo Perea, que estará un ratito con su familia y luego se irá corriendo a su otro trabajo, vendedor de diarios y revistas. “¿Voy a salir en Clarín, en serio? Lo voy a tener gratis por lo menos”, atina una leve sonrisa este hombre humilde, que en voz bajita dice que “un poquito artista” se siente.

Fuente: Diario Clarín

2 Comentarios

  1. Ese es mi primo, oriundo de Santiago del Estero. Muy buen hombre. Un orgullo.

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