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Prisión preventiva para el hombre que enjauló a su familia

s_100111_3144_quedigitalEdgardo Oviedo tiene 66 años y puede ser que pase los próximos quince tras las rejas. Le tocará dormir en una unidad penitenciaria y no en su casa de Los Naranjos al 4000, en Mar del Plata. Aunque allí también haya una celda. Porque Oviedo, que realizó la construcción con sus propias manos, mantenía encerrados a su esposa, de 61 años, y a su hijo autista, de 32. Por ese motivo, permanece bajo prisión preventiva desde ayer, en la Unidad Penitenciaria 44, de Batán, acusado de reducción a la servidumbre. Pero no es el único imputado: su pareja, Alejandra Suárez Bacone, también está acusada por ser partícipe primaria en el hecho.

Según explicó el fiscal Alejandro Pelegrinelli, el pedido de prisión preventiva fue elevado a principios de semana al Juzgado de Garantías a cargo de Saúl Errandonea, después de que se analizaran los testimonios de los hijos del imputado. Mientras tanto, su mujer y su hijo están internados en el Hospital Interzonal General de Agudos Oscar Alende: ella, en la unidad de Psiquiatría; y él, iniciando un tratamiento de quimioterapia.

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“Se trata de un grupo familiar absolutamente vulnerable, desde todo punto de vista”, definió el fiscal para graficar el contexto en el que se dio el caso, descubierto luego de que los hijos más grandes de Oviedo realizaran una denuncia por amenazas. Los próximos peritajes serán psicológicos y psiquiátricos, tanto para Oviedo como para Suárez Bacone que, de comprobarse su participación, podría recibir la misma pena que su pareja.

Elsa Osorio está agotada de caminar los pasillos de tribunales y visitar el hospital. Dice que está cansada, pero mucho más tranquila que antes. Cuenta que su hermano y su mamá, “ahora están bien, limpitos, cuidados”. Una frase que repite, durante la charla que mantuvo con Infojus. “Ahora están mejor”. Ella y sus dos hermanos fueron los que tomaron el toro por las astas y decidieron denunciar a su padre. “Ya no sabía qué hacer. Lo había denunciado en 2011 ante la Policía y un tribunal de familia, pero vino una asistente social, habló con él y todo quedó en la nada”, cuenta.

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Elsa y su papá no tenían trato hacía rato. Incluso ella había pedido una orden de restricción para que él no pudiera acercársele. “Siempre fue muy violento conmigo, llegó a decirme ‘Como yo te hice, yo te desarmo’, recordó. Pero esta vez el deseo de que su mamá y su hermano ya no sufrieran se impuso por sobre el miedo.

Una pelea entre dos mujeres que decían ser parejas de Oviedo fue la punta que desenredó una historia tan cruda como inexplicable. En esa pelea, terció uno de los hijos del hombre que ahora está imputado. Oviedo fue a buscarlo con una maza para amenazarlo. “Yo me puse en el medio para que no pasara nada”, contó Elsa. Después de esto, dijeron basta: fueron a la Comisaría de la Mujer a hacer la denuncia por amenazas, que sirvió de puntapié inicial a una investigación que terminó con el hallazgo macabro.

Los pliegues de esta historia parecen sacados de la ficción. Elsa los cuenta como una forma de sacárselos de adentro, de exorcizarse ante tanto maltrato sistemático. “Ellos estaban separados hace mucho pero seguían viviendo juntos”, contó. La casa de Los Naranjos al 4000, del barrio Las Dalias, detrás del Parque Camet –barrio sin asfalto, en la zona norte de Mar del Plata–, tenía dos construcciones: una adelante y otra atrás. En el fondo, Oviedo había armado esa especie de jaula donde mantenía todo el día encerrado a su hijo. “A mi mamá la soltaba de día porque ella se ponía agresiva”, contó Elsa y su relato se entrecorta. Recién después de tomar aire, continúa: “Les daba de comer comida para perros”.

Desde que Oviedo fue detenido, Elsa camina pasillos y golpea puertas para que su mamá y su hermano puedan estar bien. “Ahora están internados, ella en la unidad de Psiquiatría del Hospital y él haciendo un tratamiento por un cáncer que le operaron”, dice y agrega: “están limpitos, cuidados, por suerte”.

La investigación avanza. Ayer, la Fiscalía citó a declarar a Suárez Bacone como partícipe primaria del delito de reducción a la servidumbre. Se negó a dar su versión de los hechos. “Desde que estaba con ella, las cosas empeoraron”, dijo Elsa. El mes próximo llegarán las pericias psicológicas y psiquiátricas para ambos. El destino será el juicio oral y la posibilidad de una condena que va entre los 4 y los 15 años de prisión.

Infojus

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