Política

Preven una anarquía salarial en el mercado del trabajo

Carlos Rodríguez, ex ministro de Trabajo de Santa Fe y especialista en temas de salud laboral analizó el impacto de la pandemia en el empleo y las relaciones entre sindicatos y afiliados

“Si los sindicatos no se dan cuenta que sus afiliados están en la casa y que tienen que llegar a sus casas, van a tener problemas serios, porque se acaba la representatividad y habrá una anarquía salarial. Es indispensable que las organizaciones se preparen y no veo que lo estén haciendo, salvo algunos”. Así planteó Carlos Rodríguez, el ex ministro de Trabajo de la provincia durante la gestión de Hermes Binner y experto en temas de salud laboral, para quien este es uno de los desafíos que se vienen frente a las nuevas formas de trabajo —entre ellas el que se realiza en forma remota—que se intensificaron con la pandemia.

—¿Cómo ha impactado la pandemia y la consecuente crisis sanitaria en el mundo del trabajo, que ya venía golpeado?

—No cabe duda que hay influencias directas tanto para los que trabajan como para los que no. Dentro de los primeros lo que más se ve es el miedo a perder el trabajo. Los operadores y agentes de trabajo comienzan a perder vínculos con sus pares (a partir del teletrabajo). Todo se agrava, fundamentalmente lo que es el mundo laboral, aunque se ve una leve mejoría. En este sentido, estuvo muy bien la ayuda del gobierno pero eso no podía ser eterno.

—¿Este es un fenómeno que se está dando a nivel mundial? ¿De alguna forma está agravando tensiones que ya se venían viendo desde antes en el mundo del trabajo?

—Sin duda alguna. Todo el mundo está en este momento preocupado sin saber bien hacia dónde salir y pagando los costos de una enfermedad que no siempre termina bien. Incluso en este momento se están viendo ciertos síntomas que no se tienen en la planificación. Sabemos tan poco que todos tenemos la ilusión de que alguna de las vacunas nos saquen de esto, porque el territorio laboral con el que nos vamos a encontrar acabada la pandemia no es sólo la falta de trabajo, sino un sector importante de trabajadores enfermos a los que va a haber que escoger qué tareas darles. El tema es grave, complejo y si queremos agregarle el panorama económico, con la depresión, tanto aquí como en todo el mundo, estamos hechos.

—¿Qué opina sobre la legislación sobre teletrabajo que se ensayó en Argentina?

—Yo la veo bien, creo que va a haber dificultad con la posibilidad de cambio entre el teletrabajo y el trabajo en la empresa. Pero por ejemplo, el derecho a la conexión es un derecho absolutamente básico, pero si el trabajador no tiene un horario establecido, deja de ser un trabajador para ser un esclavo. Por lo tanto, la consolidación de ese derecho me parece buenísimo. La la norma en sí me gusta, pero arregla unas cosas y desarregla otras, por ejemplo, el equipamiento, los problemas ergonómicos que se dan por desacuerdos entre el equipo que tiene el empleado, sus características antropométricas y la silla que usa. El problema de si hay lugar en la casa para el teletrabajo. Muchísimas veces el lugar donde se come es el lugar donde el trabajador está operando. Esto no es bueno porque se confunden los roles. Incluso recomendamos que los instrumentos de trabajo se tapen cuando no se trabaja. Que no se confunda la labor con el descanso, que se tomen los descansos, que no se trabaje en pijamas. Yo aconsejo que el trabajador siga sintiéndose como tal, porque lo es, y no pierda el norte de su propio crecimiento, porque uno de los problemas de muchos teletrabajadores es que comienzan a tener distanciamiento de los cuadros gerenciales, no tienen comunicación fluida, temen no sólo a perder su trabajo sino a no evolucionar. De forma tal que hay mucho para hacer además de la ley y una de las cosas centrales es regular el teletrabajo precarizado a través de contratos efímeros o sin contrato, hay que definir toda una política para acabar con esto.

—¿Estas modalidades de trabajo formal e informal tienden a quedarse más alla de la pandemia o hay posibilidades de volver atrás una vez que la situación se normalice?

—Creo que lo que se va a dar es el juego libre entre los sindicatos y los empresarios. Lo que sucede es que además, todos vamos a teletrabajar o todos estamos trabajando en forma precaria. Las propias organizaciones sindicales van a sufrir. Vamos a verlo con toda claridad, por lo cual ya deberían estar preparándose para saber cómo trabajar con los trabajadores que no están afiliados y pagando la obra social, y que son millones. Los gremios hoy tienen tareas para hacer, que son estar cerca de los afiliados y no lejos, tienen que buscar formas más modernas de comunicación.

—Una modalidad que creció con la pandemia y era una tendencia que se venía desarrollando, es la de plataformas, deliverys, que implica una suerte de precarización pero crece vertiginosamente. ¿Cómo se ataca ese problema?

—Ese es un problema que la propia OIT ha tomado, pero lo que dicen los pronósticos es que esto se va a expandir más, lo cual es malo para los trabajadores. La “uberización” es un hecho y es uno de los regalitos que nos deja el proceso de la globalización, justamente de la cadena de suministros. Ahí es bastante difícil salir, por lo que habrá que ver cómo puede pelear la Argentina, que en este momento no está en sus mejores condiciones para atacar esto. A mí no me caben dudas que los trabajadores de esta forma embozada de servicios domiciliarios de comidas, son unos pobres chicos que deberían tener protección. En algunos casos se ha conseguido que al menos tengan un seguro contra accidentes, pero lo natural sería que tengan una relación normal de trabajo. Sin embargo, en el mundo se dice que esos contratos por término indefinido que había antes se van a extinguir y que ningún trabajo va a durar demasiado, es decir, el cambio de trabajo va a ser habitual, lo cual arrastra una serie de problemas, entre otros, no terminar de defenderse en un trabajo cuando se salta al otro. Pero se dice que el mundo del mañana viene por este lado.

—¿La inserción de los jóvenes va a ser distinta en su primer trabajo, más allá de lo que hoy vemos que es una gran precarización?

—Habrá que ver. No soy demasiado optimista en lo que por ahora y durante un tiempo seguirán pagando todavía en iniciarse. En el corto plazo me cuesta pensar cómo salimos de la pandemia y cuándo. Estoy convencidísimo de que esta es la primera de una serie de pandemias que vamos a tener y, para lo cual, lo más importante para el mundo que viene va a ser preparar la atención de la salud, que va a tener una prioridad que nunca tuvo. La salud de los trabajadores con la salud medioambiental, con la salud pública en general, es un tema que hay que analizar y verlo con proyección hacia el futuro, incluso para determinar las especialidades que son necesarias. Va a haber carreras que hoy no existen y va haber muchas que desaparecerán.

—¿Es en este ámbito de la salud, de la protección social, de los servicios comunitarios, donde puede estar uno de los mercados laborales del futuro?

—Sí, ese es uno, otro es la energía, transporte, administración. Creo que la producción, la industria, van a estar muy achicadas por las nuevas tecnologías. El mercado de trabajo va a ser absolutamente otro.

—¿La automatización va a destruir en forma neta los puestos laborales o es probable que el impacto que tenga en la economía pueda abrir nuevos puestos de trabajo?

_Creo que se van a crear otros. Cuando apareció la computadora, hubo gente que prácticamente pensab en el apocalipsis y no fue así. Espero que tampoco lo sea ahora. De hecho, se crean nuevos conocimientos. Lo que hay que saber es que la educación a partir de ahora tiene que ser permanente. En dos años va a cambiar absolutamente todo. Entonces, el estar preparado para la educación continua es un elemento diferencial en el mercado del trabajo del futuro, al igual que la creatividad. Son elementos que hay que alimentar.

—¿Hacia dónde tienen que estar orientadas las políticas públicas en función de cuidar el empleo decente y de calidad?

—Creo que la filosofía del trabajo decente hay que conservarla y hay que desarrollar más empleos verdes, vinculados a un mundo más sano.

—En este nuevo escenario y hablando de la extrema movilidad del teletrabajo, ¿Cómo se inserta la puja salarial?

—El problema es que si los sindicatos no se dan cuenta que sus afiliados están en la casa y que tienen que llegar a sus casas, vamos a tener problemas serios, porque se acaba la representatividad y habrá una anarquía salarial. Es indispensable que los sindicatos se preparen. Y no veo que lo estén haciendo, salvo algunos como los bancarios o algún otro que tienen una estructura distinta.

—¿Cómo evalúa la respuesta de las ART frente a esta crisis?

—Escapando al bulto. No hay dudas que es una enfermedad profesional en determinadas poblaciones. El día que se decidió hacer un seguro privado, supimos que la ganacia es un elemento central y no la prevención.

—En Santa Fe, después de mucho tiempo y de resistencia en algunos ámbitos, se adhirió a la ley nacional. ¿Cómo lo ve?

—Creo que es una cosa bastante natural en el sentido que en ningún país del mundo se puede operar judicialmente antes de acabar el plano administrativo. Pasar primero por la instancia administrativa no me parece una locura. Yo siempre pienso en el sistema, más allá de las ganancias.

—Hay índices de desempleo que hace mucho tiempo no se veían, especialmente golpeando al sector más informal. ¿Existe la posibilidad de pensar que haya sido un piso en la Argentina?

—Yo espero que sí. Que para fin de 2021 vamos a estar en mejores condiciones.

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