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Monte Peloni: la Fiscalía pidió perpetua para tres imputados y 25 años para otro

Los imputadosLas penas máximas fueron pedidas para Verdura, Grosse y Ferreyra, y la restante para Leites. Los represores están acusados de homicidios, secuestros y torturas. El fiscal Walter Romero pidió cárcel común para Verdura y que todos sean destituidos de los cargos militares.

El fiscal Walter Romero, junto al fiscal ad hoc Marcos Silvagni, solicitaron la pena de prisión perpetua para Aníbal Ignacio Verdura, Omar Ferreyra y Walter Grosse, y 25 años para Horacio Leites, por los crímenes de lesa humanidad cometidos en Monte Peloni, centros clandestino de detención que funcionó en el marco del circuito represivo Tandil-Azul-Olavarría. Además, solicitaron revocar la prisión domiciliaria de Verdura –amo y señor de la represión en Olavarría- y se lo aloje en una cárcel común; y también la destitución de los imputados de la fuerza militar. El 15 de diciembre tendrá lugar el alegato de las defensas.

Verdura deberá responder por los homicidios de Jorge Oscar Fernández, Alfredo Maccarini, Rubén Argentino Villeres, Graciela Follini, Amelia Gutiérrez y Juan Carlos Ledesma; además de 21 casos de privación ilegítima de la libertad y tormentos. Ferreyra y Grosse son acusados de dos homicidios (Fernández y Maccarini), 21 casos secuestro y 14 de tormentos. A Leites, por su parte, no se le adjudican asesinatos, pero sí 20 casos de privaciones ilegítimas de la libertad y 15 de torturas en centros clandestinos de detención.

El Tribunal Oral Federal de Mar del Pata, integrado por los jueces Roberto Falcone, Mario Portela y Néstor Parra, escuchará el próximo lunes 15 de diciembre los alegatos de las defensas. Aún no hay fecha para dar a conocer la condena, aunque se estima que será antes de fin de año.

El equipo de la Fiscalía se compone también por María José Buglione, Agustín Minaberrigaray y Julián De Stefano.

LOS IMPUTADOS, UNO POR UNO

“Dueño de la vida de los detenidos”

Ignacio Aníbal Verdura tuvo a su cargo el Regimiento de Caballería Blindada 2 “Lanceros Gral Paz” de la ciudad de Olavarría, y por ello se encontraba a cargo del Área 124, con jurisdicción sobre los centros clandestinos de detención a los que fueron llevadas las víctimas de este proceso. El fiscal lo denominó como “dueño y señor de la vida de los detenidos”.

Durante la instrucción de la causa –dado que en el juicio se negó a declarar- negó todas las acusaciones. Y se defendió diciendo que son declaraciones de “integrantes de la célula terrorista descubierta en Olavarría y que fueron juzgados y condenados por el Consejo de Guerra”.

Ante ello, Romero señaló que intenta aparecer como “una víctima de un plan urdido como  venganza”. Y sumó: “A pesar del tiempo transcurrido, en su descargo no efectúa ninguna autocritica acerca del rol que tuvo como amo y señor de la ciudad de Olavarría. Ante la ejecución sumaria, caso de Jorge Fernández y Alfredo Maccarini, ninguna autocrítica. Ante la colaboración en la desaparición de personas, casos de Folini-Villeres y Gutiérrez-Ledesma. Ninguna autocrítica. Ante el secuestro y la tortura de dirigentes estudiantiles o de obreros, como son el resto de los casos. Ninguna autocrítica. Ante lo que se encuentra acreditado como la ejecución infame de detenciones arbitrarias. Ninguna autocrítica. Ante su intervención perversa con los familiares de quienes estaban secuestrados. Ninguna autocrítica. Ante la sociedad argentina por haber utilizado las armas que le dio el Estado en contra de sus ciudadanos. Ninguna autocrítica.  Ante la abrumadora prueba que lo sindica como el jefe de área en la cual se desarrollaron crímenes de lesa humanidad. Ninguna autocrítica. Difícil no indignarse ante tamaña negación de lo evidente”.

Lo que sí omite señalar es que “la condena emanada del Consejo de Guerra fue descalificada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en un fallo que evidenció a las claras que la base de esos juicios fue una patraña, un invento, una ficción que como tal debía ser nulificada”. Y añadió: “Las personas condenadas en ese juicio lo fueron en base a pruebas obtenidas mediante torturas y amenazas, en los centros que él tenía a cargo y que dirigía a conciencia”. “El general en su laberinto de la memoria olvida”, aseveró Romero.

Enseguida, el fiscal aclaró: “Lo que aquí se le imputa no es una responsabilidad objetiva por haber estado en una determinada función en una zona o jurisdicción donde pasaban esas cosas, sino el dominio real del aparato subordinado que las produjo”.

En el nombre de Dios

Walter Jorge Grosse fue Capitán del Ejército y oficial de Inteligencia de la Plana Mayor (S2) del Regimiento de Caballería de Tanques 2 “Lanceros General Paz” de Olavarría. Un testimonio contó que se enteró que Grosse decía que cuando golpeaba, Dios le agradecía.

Numerosos testimonios dan cuenta de su participación y responsabilidad en los delitos juzgados. Osvaldo Fernández, por ejemplo, afirmó haber escuchado la voz de Grosse durante su interrogatorio, tanto en la Brigada de Las Flores como en Monte Peloni. La reconoció en un programa de televisión.

Araceli Gutiérrez, por su parte, declaró que en la cárcel de Devoto fue visitada por el imputado. “No sabía que era Grosse en ese momento, me dijo que me quedara tranquila, que me quedara bien, que me iban a dar  la libertad, que no me involucrara en protestas y eso”, dijo la testigo y sobreviviente. También fue a verla al hospital cuando estaba internada con “libertad vigilada”.

Grosse también acompañaba a Verdura en el cuartel cuando familiares de desaparecidos acudían desesperadamente a buscar información sobre ellos.

Rubén Sampini, quien hizo el servicio militar en el Regimiento donde Grosse era oficial, declaró que escuchó su voz y recordó que del imputado decían que “era una persona de mucho cuidado” y que “andaba con el tema de la guerrilla”. Incluso, lo vio entrar y salir de la guardia central donde estaban los prisioneros.

Un dato que dio a conocer Romero es que Grosse, como oficial de Inteligencia – y por ello integraba la plana mayor del Regimiento- debía efectuar los interrogatorios de los prisioneros.

“Conforme la posición que tenía dentro del plan represivo, Grosse participó en la decisión referente a las privaciones ilegales de la libertad, los tormentos, las desapariciones como de las muertes de las víctimas, lo cual le es imputable objetiva y subjetivamente aunque no haya matado, torturado, privado de la libertad, con sus propias manos”, concluyó la Fiscalía.

Interrogador e interventor de la dictadura

Horacio Rubén Leites como teniente 1° al momento de los hechos y en su carácter de Jefe del Escuadrón “A” del Regimiento de Caballería de Tanques 2 “Lanceros General Paz” de Olavarría también “tuvo participación destacada en los hechos” que se juzgan

Sampini declaró que pudo reconocer a Leites cuando le pusieron un caño en la boca, y dio cuenta de la voz chillona del imputado. Como soldado del Regimiento, lo conocía.

Hugo Francisco Ivaldo, quien fue oficial de mantenimiento en el Regimiento de Olavarría, al ser preguntado por la defensa si Leites tenía conocimiento de lo que pasaba en Monte  Peloni, respondió: “Si lo sabía todo el cuartel cómo no lo iba a saber un oficial de alto rango como él. Que lo sabía lo sabía”.

A ello, el Ministerio Público Fiscal sumó que Leites asumió el 24 de marzo de 1976 como interventor de Laprida, “lo cual nos da una pauta del grado de compromiso que tenía con los planes urdidos con antelación por el Ejército para realizar el Golpe de Estado”.

Para la Fiscalía, Leites estaba en el grupo de los interrogadores del centro clandestino de detención y por lo tanto se encuentra acreditada su responsabilidad penal, como coautor de los delitos endilgados.

“Yo lo vi”

Omar Antonio Ferreyra, apodado “el Pájaro”, al momento de los hechos tenía el rango de Sargento. Según el alegato de Romero y Silvagni, las declaraciones de los testigos en juicio “lo incriminan seriamente”.

En primer término, Osvaldo Fernández declaró que le pareció haber escuchado la voz de Ferreyra a quien no conocía, en Monte Peloni. La pudo reconocer cuando lo escuchó al ser designado en Control Urbano en la Municipalidad de Olavarría. “La voz de Ferreyra le pareció haberla escuchado con la guardia que venía con el auto, con el generador y que venía a torturar, a endurecer el trato, no todos los días, me pareció escucharlo en esos días”, señala el alegato.

Otra testigo dijo que lo vieron en los operativos de las detenciones ilegales, y también lo distinguió la hermana de Fernández cuando le entregaron el cuerpo en el cementerio.

Por su parte, Lidia Araceli Gutiérrez testificó que “los torturadores venían en un Fiat 1500 en el cual venía el pájaro Ferreyra”. Además, mencionó que ella estaba cuando él pateaba la lona, lo veía por abajo, y había alguien con quien hablaba que le dice: “Ferreyra vos cada día estás mas loco”. “Yo lo vi”, aseguró Araceli. Su particular nariz, que le vale el apodo, no le dejó lugar a dudas.

La Fiscalía sostuvo que existen “abundantes testimonios que lo sindican como uno de los responsables del centro clandestino de detención de Monte Peloni, como también su intervención en los secuestros de las víctimas”.

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